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Columnas de Opinión


ED Nº 186, Noviembre 2010
POR JAVIER EDWARDS, DESDE NUEVA YORK*


Diamela Eltit: escritora del desafIo
“Impuesto a la carne”

Seix Barral, Biblioteca Breve,
Santiago, agosto 2010, 187 págs.
 


Diamela Eltit tiene fama de escritora difícil, críptica, compleja. Asusta al lector medio y seduce a la crítica y la academia. No tiene estatus de best seller, pero tampoco le importa. Lo suyo es, como lo ha declarado en más de una oportunidad, escribir lo que tiene que escribir, llevar al papel impreso las historias y los temas que tiene dentro suyo: sus preocupaciones narrativas, el compromiso de usar la palabra como una herramienta de exploración, a veces dura, inquietante, incómoda, pero siempre eficiente y con capacidad de sorprender. Ha sido así desde sus primeros textos en los años 80, Lumpérica, Por la Patria, El Cuarto Mundo, El Infarto del Alma, hasta los más recientes, Mano de Obra, Puño y Letra, Jamás el Fuego Nunca –entre otros–, todos ellos un viaje exploratorio y desafiante que la ha consagrado como una de nuestras escritoras más sólidas e importantes, buscadora de los significados del poder, el lugar de lo femenino en la sociedad contemporánea, el papel de la familia y las instituciones, la red de la historia como la articulación de deseos y frustraciones, de luchas y dominaciones.
De esa misma manera, su última novela Impuesto a la Carne, vuelve a golpear fuerte con un relato de múltiples lecturas en el que el lector no puede dejar de sentirse aguijoneado por las afirmaciones, las preguntas que plantea y la forma que escoge para articular un texto que nos lleva a través de una historia llena de símbolos y metáforas. El conjunto: una potente alegoría sobre el significado del Bicentenario de la independencia, que celebramos este año,  visto desde la perspectiva de los resultados que representa el Chile de hoy y, al mismo tiempo, una interesante reflexión sobre la cosificación de lo humano.
Desde la fotografía de Lotty Rosenfeld, la conocida artista chilena, incluida en la portada de esta novela, comenzamos a sentir lo que el texto nos irá entregando: la imagen de una naturaleza alterada, un ser que lleva otro dentro de sí mismo, de un modo que es el de la maternidad pero también el modo de una formulación que puede ser la de la imaginería de lo monstruoso construida a lo largo de la historia occidental. En la novela, la hija es portadora de la madre, la madre la lleva dentro de sí, en una inversión de papeles que resulta rara en perspectiva biológica, pero que tiene pleno sentido si pensamos en que, finalmente, todos llevamos dentro la carga genética de nuestros antepasados. Asimismo, si la madre es la patria que se independiza y la hija, el pueblo que intenta rebelarse frente al poder de las instituciones, todo adquiere un significado distinto pero claramente identificable.
Una madre y una hija unidas, sufrientes y sometidas a las hordas de médicos y enfermeras que las abusan físicamente, las explotan hasta el punto de dejarlas exangües y agotadas. La sangre es la divisa de mercado; también están los llamados fans, es decir los adherentes que no cuestionan, se someten y apoyan el sistema. Lo que en principio puede parecer un texto casi de ciencia ficción, algo similar a la novela Never Let Me Go de Ishiguro pero en una versión más seca, no lo es, como tampoco la novela del japonés. Es una gran metáfora en la que el lenguaje, cada frase, la insistencia en ciertas ideas va descubriendo, con la crudeza que se descuera una pieza de caza, la condición de objeto en que vive el hombre en su precaria dimensión biológica y la forma en que esa misma condición prevalece en el ámbito social, en el que las relaciones están sometidas a poderes y dominaciones casi absolutos y sin significado claro.
Una novela atemorizante, precedida de la fama de la autora que, sin embargo, es una verdadera obra de arte narrativa y, sin duda, una experiencia de esas que movilizan el intelecto del lector a reflexionar sobre zonas de sentido que no son visibles a primera vista. Ellas aparecen cuando la pluma y la inteligencia privilegiada de un autor se abocan a la tarea principal de la verdadera escritura: narrar historias que revelan verdades profundas.



*Abogado y crítico literario, desde los años 80’ ha colaborado en los diarios La Epoca y El Mercurio (Chile), El Observador (Barcelona) y las Revistas Reseña (Chile) y Quimera (España).  Actualmente también dirige la página web Ojo Literario.


 

 

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1 Comentarios 

Publicado Miércoles 8 de Diciembre, 2010 - 19:22 hrs.
Excelente! Que gusto leer tu columna. Es travès de textos como èste que uno se va aventurando a leer cosas distintas.

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