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Una novela sobre el novelar
“Voces del Desierto”
Nélida Piñón, Alfaguara, Bs. Aires, 2006, 312 págs.
La literatura que vale la pena no es aquella que representa la última novedad, el libro más reciente, sino la que logra sobrevivir el paso del tiempo. Y este es el caso de Nélida Piñón, quien tiene un lugar consolidado en las letras brasileñas y mundiales con una obra que se inicia con la publicación de su primer texto Guía (1961) y que incluye, entre otras, las novelas Tebas de mi corazón (1974) y La República de los sueños (1999). Premiada, traducida a diversos idiomas, activa integrante de las academias de literatura y filosofía de Brasil, es de esos escritores que escriben con mar de fondo. Escritores que uno quisiera, de tanto en tanto, ver encumbrados en una lista de grandes ventas, por el solo hecho del gusto que representa saber que se están leyendo, también, textos que junto con entretener proponen la construcción de relatos donde la palabra se vuelve reflexión profunda acerca de su objeto y la reflexión se transforma en poesía de un espacio, en metáfora o mensaje sobre algo que no resulta evidente a la primera mirada.
Voces del Desierto, publicada en portugués el 2004 y en castellano el 2006, es la más reciente novela de Nélida Piñón: un texto que confirma las mejores dotes de su escritura y que los buenos libros no se escriben sino cuando tienen que escribirse. Al mismo tiempo pausada y enérgica, siempre profunda, la prosa de esta hija de gallegos se apodera de la historia de Scherezade, la princesa contadora de cuentos, la de Las Mil y una Noches, y hace de su particular condición de prisionera del Califa (el Sultán Schahriar), el pretexto para desarrollar una interesante reflexión acerca de las relaciones entre imaginación y poder, creatividad y razón, el ámbito de lo femenino y lo masculino, la vida y la muerte.
Las Mil y una Noches ha alimentado la tradición narrativa occidental desde las primeras traducciones al francés (Galland, S. XVIII) e inglés (Burton, S.XIX) y rastros de ella se pueden encontrar en las obras de Stevenson, Borges, Allende y la propia Nélida Piñón en Voces del Desierto. En esta novela no es lo mágico o mítico lo que predomina sino la exploración de las vicisitudes de la princesa árabe y las del escritor en el acto de contar/escribir: “De nuevo náufraga [Scherezade]. Casi perdida, se aferra a las metáforas que le pisan los talones. Son porfiadas y bellas. Esta vena poética, con boca de dragón, exige como pago multiplicarse entre los hombres”. Scherezade es Nélida Piñón y ambas esbozan una poética en la que lo literario es un don de naturaleza femenina y, como tal, creador, capaz de sostener la vida en su matriz lingüística, de contener lo amoroso ahí justo donde pretende imponerse la pulsión masculina por el poder, identificada con el gobierno, la espada y la razón. Interesante elaboración la que se desprende de los literarios encuentros entre la princesa prisionera y el Califa, en la que la tensión entre vida y muerte, imaginación y poder no ceja y, a pesar de la oposición, se nutren y seducen inevitablemente. Podría pensarse que Piñón esboza una poética feminista, pero ello resultaría burdo y le damos el beneficio de la duda. En su favor, me inclino por pensar que lo que sostiene no es que lo literario es una cuestión de mujeres sino un ejercicio creativo –de hombres y mujeres– en el que lo femenino sirve de metáfora para destacar la función de la literatura como espacio en el que se revierten y revolucionan los órdenes establecidos dando lugar a lo nuevo, lo imaginable antes de que ello exista.
Voces del Desierto es un libro serio y profundo que sabe tomarse su tiempo para explorar la historia que cuenta y su contenido, un texto que no se limita a reproducir la magia de esas mil y una noches sino que sabe reformularla en un manifiesto inquietante, seductor, que devuelve a la literatura, a la imaginación la fuerza del cambio porque: “Scherezade [la literatura] aspira a vencer al Califa [el poder], quebrantar su voluntad y volver a salvo a la casa de su padre”.
*Abogado y crítico literario, desde los años 80’ ha colaborado en los diarios La Epoca y El Mercurio (Chile), El Observador (Barcelona) y las Revistas Reseña (Chile) y Quimera (España). Actualmente también dirige la página web Ojo Literario.
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