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DECORACION


ED Nº 161, Marzo 2009
2 x 1           

POR MARIA JESUS CARVALLO // FOTOS ROQUE RODRIGUEZ

La recepción y la sala de reuniones

Limpio y luminoso

Optaron por dejar algunos muros en hormigón blanco, otros en cristal y revestir el piso con ébano bolivariano.  

Sala de reuniones

Vista del taller

La mayoría de los muebles fueron diseñados por ellos mismos, las sillas son de Eames, importadas por Interdesign.

Gran muro de vidrio

Querían un sólo techo para sus dos empresas. Con una espectacular vista al parque Bicentenario, la nueva oficina de L2C y KIT CORP es simple pero bien pensada, creativa pero cero pretenciosa y con muy buenos materiales de fondo.

De día, los teléfonos no paran de sonar, la secretaria hace malabares con su computador, la gente entra y sale, y los arquitectos no se ven entre tantos planos y dibujos que llenan el taller. De noche la cosa cambia, se bajan las luces y se sube la música, todos se relajan y la sala de reuniones se convierte en el centro de encuentro. Es la hora donde se quedan sólo los arquitectos y diseñadores, el minuto en que se encargan de preparar proyectos especiales y concursos anexos a los encargos del día a día.

Blanca, simple, pero amplia y muy bien pensada, esta oficina es tan joven como sus dueños, tres talentosos emprendedores que decidieron unir sus cabezas y sus ideas y formar a falta de una, dos empresas bajo el mismo techo: L2C y KIT CORP.

Nicolás Lipthay, Steven Cohn e Italo Contenla se conocen hace tiempo. Los dos primeros son arquitectos y sus nombres están relacionados a importantes trabajos –sobre todo Nicolás, que el año pasado fue el encargado, entre otras cosas, de levantar el comentado Memorial a Jaime Guzmán Errázuriz– y el tercero es diseñador, lo que le suma nuevos ojos y otras experiencias a este equipo. 

Partieron hace cuatro años con un tímido galpón en Recoleta que hacía las veces de fábrica, taller y oficina, pero a medida que pasó el tiempo y se sumaron más pedidos de los pronosticados decidieron ampliarse y separar las aguas. A mediados del 2008 se compraron una oficina en el nuevo barrio del Bicentenario, pensada para las reuniones con los clientes y el desarrollo de las ideas, y así dejar la fábrica para lo más industrial y el armado de muebles y merchandising.

La razón por la que eligieron este edificio es sólo una: su ubicación. Están a un paso de un parque precioso, tienen el Cerro Manquehue encima y muy buenos accesos para llegar en un minuto a cualquier parte. “Estamos en tierra de nadie, pero al mismo tiempo cerca de todo. Nos ahorramos los tacos y ganamos con tener cerca las autopistas. Es como si los de la inmobiliaria nos hubiesen estado esperando, porque fuimos de los últimos en comprar y estamos felices con la decisión”, dice Nicolás.

Los arreglos eran más que necesarios. Les entregaron el recinto en bruto, 220 metros cuadrados en obra gruesa. El resultado: un espacio que es un fiel reflejo de sus trabajos, donde no hay muchos recovecos en la arquitectura, sólo lo justo, la luz precisa y muebles creados por ellos mismos, donde eso de “menos es más” se cumple a la perfección.

Como dicen, lo más importante fue privilegiar la luz natural y dejar al centro un taller de trabajo con un gran muro de cristal que permite ver lo que se está haciendo desde la entrada, rodeado de los privados de los socios y las salas de reuniones. “Quisimos que esta oficina fuera atemporal, que envejeciera bien y que no tuviera un estilo definido, para que nuestras marcas no compitieran entre si, sino que se unieran y se diera un préstamo de servicios. Por eso elegimos materiales nobles, como el piso de ébano boliviano y mármol de Carrara para los antepechos de las ventanas, algo neutro y sin muchas pretensiones, tal como es nuestro sello”.

Otro detalle son los muebles. No querían llamar la atención con cosas muy modernas y rebuscadas, por eso eligieron sillas diseñadas por Eames, lámparas Tolomeo, cortinas roller HunterDouglas y mesas, archivos y libreros laqueados creados por ellos mismos. Eso sí que la tecnología no dejó de estar presente, hay pantallas LCD conectadas en red y un completo equipo de iluminación de Opendark. “Creo que hemos cumplido con nuestro objetivo de tener una central corporativa y eso se debe al conjunto de decisiones que tomamos como empresa. Esta es una oficina sencilla, pero gracias a la correcta ecuación de los elementos que usamos –como un buen piso, la iluminación justa y los muebles apropiados– eso no pasa. Y ése es nuestro único secreto”.

 
 
 
 

 
 

 

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