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ED Nº 208, Junio 2012 |
A ojos cerrados
POR MARIA JOSE NAZAR // FOTOS VICENTE GARCIA
Un departamento con una vista única y para el que su dueño confió ciegamente en la oficina de Enrique Concha & Co. para su remodelación y decoración. Con muy pocos requisitos, el equipo no sólo identificó su estilo sino además creó un espacio con la mezcla perfecta para estar y trabajar.
Con la cordillera en el horizonte y las canchas del Club de Polo a los pies, era difícil resistirse a este departamento. Eso sí, era urgente remodelarlo y adaptarlo a las necesidades de su nuevo dueño. La misión la tomó un equipo de la oficina de Enrique Concha & Co., encabezado por el arquitecto Juan Francisco Echenique. Para suerte del grupo, éste fue uno de esos proyectos que dan gusto: dejaron en sus manos la toma de las grandes decisiones. Tenían más de 300 m2 para renovar y para adaptar al estilo de vida de un hombre solo, por lo que hicieron y deshicieron en su interior. Los principales requisitos eran que debía ser moderno, innovador y elegante.
Con estos puntos en mente empezó el trabajo, que tomó cerca de tres meses. Poco quedó de la antigua construcción, sólo se salvó la cocina y los baños. De los cuatro dormitorios originales, dejaron dos y además cambiaron la distribución: donde antiguamente estaba el comedor, se dejó la sala de estar y escritorio. Según las necesidades del dueño de casa, este lugar era uno de los más importantes de la remodelación, ya que no sólo debía ser agradable para recibir a la familia y amigos, sino además debía ser apto para dedicarle una buena cantidad de horas al trabajo. Así crearon este gran espacio, con un escritorio especialmente diseñado para el lugar junto a una gran estantería de madera enchapada en encina y la parte inferior fue lacada en un café claro. Junto a este espacio conectaron una cava, que antes era el repostero de la cocina. Buscaron una mesa de juego en la que además se puede almorzar y una gran escultura en madera de Marcela Romagnoli, que está ubicada al centro de un jardín interior, diseñado por Cristóbal Elgueta.
El dormitorio principal se pensó con una buena cantidad de metros cuadrados y con vista al Club de Polo. A éste se le agregó un jacuzzi, que quedó totalmente aislado gracias a las celosías que se instalaron… Toda la privacidad necesaria para disfrutar exclusivamente de la vista.
Para el living se diseñó una planta con dos estares, aprovechando al máximo los buenos espacios de este departamento. Uno mezcla un sofá beige con una antigua alacena china del siglo IX, una lámpara de pie de acero, y una mesa de marquetería de cerezo y encino, mientras que el otro sector más cercano a la terraza tiene como eje central un sofá de cuero naranjo, una alfombra persa y un sitial inglés del siglo XVII con bordados de la época. En este sector se ubicaron además dos repisas de bronce en las que dispuso su incipiente colección de huacos.
El comedor quedó reducido a su mínima expresión, lo justo y necesario para su habitante. Se eligió una mesa de Imbuia –madera traída de Brasil–, una lámpara de acero y una obra de Pilar Ovalle. La gracia de este sector es que se le quiso dar cierta independencia, pero sin separarlo por completo, por lo que se levantó un muro de separación, tipo biombo, con planchas de madera lacada de color café claro.
El beige fue el color elegido para revestir los muros con un papel que imita la piel de los caballos y para el piso se usó un porcelanato italiano con vetas de madera de encina. Los mismos materiales se usaron para todas las áreas comunes con la idea de dar una sensación de unidad, similar a la de un gran loft.
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