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DECORACION


ED Nº 189, Enero / Febrero 2011
Abierto al mar     
 

POR MARIA JESUS CARVALLO // FOTOS ANA MARIA LOPEZ S.

Construído en los años 60 y de estilo Art Decó

El departamento de Juan Salinas está ubicado en el mejor sector de Higuerillas.

En el living

Cuadro de Enrique Zañartu, escultura de Osvaldo peña y cuadro de Oswaldo Viteru. Silloncito blanco de Luis Fernando Moro y manta de vicuña peruana.  

En el comedor

Gouache de Alexander Calder, mesa extensible italiana y sillas de sur diseño. Sobre la mesa, vidriero polaco Borowski.

El dueño de casa

Frente a un biombo de espejos Art Decó.

En otra vista del living

Sofá de Sur Diseño, mesa de estilo renacentista hecha por el dueño de casa y sillón italiano.

La cocina

Fue remodelada por Juan Diego Salinas. El cuadro del muro es regalo de una amiga alemana quiteña.


Este departamento está literalmente sobre el agua y a dos metros de las olas, casi como un barco en alta mar. Ubicado en Concón, su dueño es el martillero y coleccionista Juan Salinas, quien lo refaccionó, armó y desarmó varias veces hasta transformarlo en el pied à terre perfecto para escaparse cada vez que necesita aire puro.      
 

No se pudo aguantar. Dice que es su placer culpable y por más que sus amigos crean que ya no puede sorprenderlos, Juan Salinas vuelve a remodelar y restaurar una nueva casa, dejando a todo el mundo sin palabras.

Hace dos años lo entrevistamos por su espectacular loft en el barrio El Golf, ubicado sobre el piso 20 y con una vista panorámica a Santiago. Antes lo habíamos hecho por su casa en Los Dominicos. Más clásica y señorial, tiene un museo con las colecciones precolombinas que ha juntado la vida entera y que promete ser tan completo como el del Museo Precolombino de Santiago, que está en los antiguos tribunales.

Esta vez fotografiamos su nuevo departamento en Concón, en el sector de Higuerillas, donde se instala todos los fines de semana. El mismo cuenta riéndose que es su sucursal nº3, que cuando se aburre de estar en Los Dominicos o en El Golf, parte en el auto casi con lo puesto y no se detiene hasta que llega a la puerta.

Juan no es nuevo en estos barrios, los conoce como la palma de su mano, se sabe todos los datos, picadas, restorancitos para el aperitivo, dónde comprar pescados y hasta la tienda de anticuarios donde encontrar algo “interesante”, como dice. Conconino de toda la vida, pasó de chico muchos veranos en estas playas. Sus papás tenían una preciosa casa de estilo inglés construida por Alberto Rizopatrón, donde se instalaba el familión completo de diciembre a marzo. “Eran otros tiempos, los veraneos eran diferentes, sin tecnología, el gran panorama era hacer paseos. Ibamos a Ritoque a sacar machas de la arena con los pies, a bogar y pescar en el río Aconcagua cuando todavía la refinería no existía. Eramos dueños de la playa, la compartíamos con dos familias y nadie más, armábamos y desarmábamos carpas todos los días”.
 

Y por lo mismo ahora decidió volver. Después de algunos años en Zapallar, le dieron ganas de “rememorar su juventud” y se puso de cabeza a buscar un lugar donde echar raíces. Así encontró este departamento, en el único edificio que está en Higuerillas y lo conquistó por ser antiguo, firme, con una vista al mar única y porque, como cuenta, “es como estar en una caleta europea”.


Ubicado a dos metros del agua, está emplazado sobre las rocas, por lo que al abrir las ventanas da la sensación de estar en un barco en pleno alta mar. Lo transformó entero, para empezar unió dos departamentos, ampliando el espacio a unos 170 metros cuadrados. “La tarea no fue fácil, primero tuve que lograr que me vendieran la construcción del lado y luego seguir con las reparaciones. Esta vez fui yo mismo el jefe de obra, no tuve arquitecto ni constructor, sólo un maestro estupendo, Julio Ramírez, que siguió mis instrucciones al pie de la letra. En general, no hago planos ni dibujos, lo voy viendo todo en el minuto y en este caso cuando no me gustaba algo, botábamos y lo hacíamos de nuevo”.

Al final dejó en pie sólo el esqueleto, porque sintió que la amplitud y la perspectiva eran fundamentales. Echó abajo varios muros, cerró piezas, cambió la cocina de ubicación, abrió ventanales y les puso termopanel para aislar el frío y el ruido de la calle. Todo en pos de la comodidad, la luz y la vista. Al ser una construcción de los años 60, también fue necesario cambiar el sistema eléctrico y las cañerías, remodelar los baños, reemplazar los artefactos, el piso –por uno de madera negro– y las griferías para no tener problemas a corto plazo. “Esto de refaccionar me gusta mucho más que trabajar sobre una construcción nueva. Es más entretenido, siento que es como una escultura que se va armando y el estilo que queda al final es el mío, el de Juan Salinas”.

Después de 8 meses de trabajo intenso e infinitos viajes por la ruta 68, el proyecto quedó listo: 4 dormitorios muy bien distribuidos, 3 baños, living, comedor, una linda terraza con baldosas blanco y negro, y una puerta de entrada blindada para dormir de corrido y sin miedo.

Según Juan, la cocina es uno de los lugares mejor logrados. Su hijo Juan Diego la rediseñó completamente y la hizo muy funcional. Pensó hasta en el último detalle, instaló muebles de color tabaco que se cierran de mirarlos, cubiertas de granito, repisas y estantes que se esconden, además de una cocina italiana de última generación y todo tipo de utensilios culinarios para hacer la tarea más fácil. “No tengo idea de cocinar, pero me entretiene mucho hacerlo aquí. Dan ganas. Y cuando invito gente trato de sorprenderlos con algo interesante, como un arroz con calamares que es mi especialidad y bananas flambé. Una delicia”.

El tema de la decoración no fue tema. Coleccionista, martillero por años y amante del arte, los objetos y los buenos muebles, Juan armó cada espacio casi sin respirar. “La decoración de ahora es la copia de la copia y todas las casas son iguales. Yo, en cambio, trato de darle mi sello a cada lugar en el que vivo. Y me sale solo, natural, coloco las cosas y ahí se quedan. No hago nada tan estructurado”. Cuadros de Francisco Corcuera, Enrique Zañartu, Oswaldo Viteri, Roberto Matta, Salvador Dalí, Enrique Castro-Cid, Alexander Calder, Juan Bernal Ponce, Georges Braque e incluso uno hecho por él mismo, son parte de las obras de arte que tiene. A esto se le suman una cama y una cómoda italiana, una mesa de Isamu Noguchi, un sofá de Mario Matta, un sillón de Luis Fernando Moro, un sitial africano de madera hecho en una sola pieza, además de una linda escultura de Osvaldo Peña, una figura de piedra ancestral, una cabeza de cerámica de Oswaldo Guayasamín y muchos espejos por todas partes que ayudan a ver el mar hasta en el último rincón. “Este balneario es el más cerca que hay de Santiago y me gusta porque acá no hago vida social, es más relajado y tranquilo. Cuando quiero vengo con gente, con mis hijos o invito a comer a algunos amigos. Y si estoy solo también es un agrado, puedo poner la música a todo volumen sin preguntarle a nadie, pintar, leer y hasta hacer ejercicios en mi máquina porque la brisa de mar me inspira”.

 

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3 Comentarios 

carlos aravena
Publicado Martes 8 de Marzo, 2011 - 09:40 hrs.
muy buenos los articulos, de decoracion
Saludos,
dvintage
Publicado Miércoles 2 de Marzo, 2011 - 16:13 hrs.
mariana hoces
Publicado Jueves 6 de Enero, 2011 - 09:00 hrs.
Como todo lo que hace Juan debe ser Top .. su depto no podia ser menos ... exquisito gusto......lejos el mejor decorador!! encantador, felicitaciones

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