Volver |enviar a un amigo |imprimir | | aprobar

DECORACION


ED Nº 165, Junio 2009
Amor a primera vista   
 

POR MAGDALENA BOCK // PRODUCCION IGNACIO PEREZ-COTAPOS // FOTOS ANA MARIA LOPEZ

En el comedor

Loza de porcelana inglesa, cubiertos franceses de plata Vermeil y juego de copas de cristal de Baccarat.

Un color para cada espacio

Cada color de pintura de este departamento se eligió de acuerdo a la obra que se encontraría en el espacio: rojo pompeyano en el comedor y beige para el living.

En el comedor

Gran fotografía de Gabriel Valansi, mesa terracota francesa del siglo XVIII y sobre ella, juego de comedor Biedermeier.

En el dormitorio principal

Sillón de platil y cuero de los años 40.

En el dormitorio principal

Gran trabajo de Fabián Burgos y, a su derecha, obra de Nicolás de Staël. Bajo ésta, dibujo de Ignacio Valdés.  

En primer plano,

Sobre la mesa y dentro de una caja de acrílico, obra Buenos Aires Tour de Jorge Macci.

Sobre el escritorio Luis XV de época,

Oleo de Mario Pucciarelli del año 1957. Bajo la ventana, lit de repos Luis XV campagnard.  

Otra vista del living

En el living

Sobre el sofá estilo Luis XV, trabajo realizado con pólvora de Tomás Espina y, a su izquierda, trabajos de Poliakoff, Kandinsky y Vasarely.  

En el living

Cómoda Regencia siglo XVIII y, sobre ella, fotografía y escultura de Nicola Constantino.

El anticuario Abel Guaglianone en el living

Sobre chimenea, par de apliques dorados en forma de coquillage Jansen de los años 50 y pintura de Pablo Siquier. Foto intervenida de Miguel Rothschild.  

Gran obra de Graciela Hasper,

Escultura de Beto de Volder y dos silloncitos de Mies Van der Rohe.  

En el dormitorio principal

Pastel francés de Pierre Milán.

Punta seca de Pablo Picasso, 1921.

En el comedor

Loza de porcelana inglesa, cubiertos franceses de plata Vermeil y juego de copas de cristal de Baccarat.

Pintura de Mariano Ferrante

Abajo, trabajo de Joan Miró.

Sobre la chimenea

 Dibujo de Ernesto Ballesteros, a la derecha, par de pinturas de Juan José Cambre y escultura de Andrés Paredes. Lámpara de fines del siglo XIX Jansen.

Fotografía de Anake Asseff y escultura de Hernán Marina

Comenzaron una colección de arte con cuatro grabados, Vasarely, Poliakoff, Kandinsky y Picasso, y con el tiempo fueron evolucionando al arte contemporáneo. Ahora este departamento en Buenos Aires exhibe las mejores obras de argentinos y latinoamericanos con una decoración absolutamente ecléctica y hecha a la medida. Todo lo que se ve ha sido elegido por un flechazo. 

Una parte de su familia es rusa y la otra italiana, una mezcla desde siempre apasionada, que en el caso del anticuario argentino Abel Guaglianone se manifiesta con toda su intensidad. El se mueve por los sentimientos y todo en su vida, desde lo material a lo espiritual, funciona en base al amor a primera vista. Guiado por este flechazo (del que muchos dudan o arrancan a perderse), él ha elegido a qué dedicarse, dónde vivir, con quién estar, qué comprar... Es un gran coleccionista de arte contemporáneo, y a su espectacular departamento en Buenos Aires jamás ha entrado ni un cuadro, ni fotografía, ni escultura, ni nada que no le transmita una emoción. “Nunca he comprado algo por el nombre del artista o por moda”, aclara él, y le creemos a ojos cerrados, porque habla de cada obra como si fuera el amor de su vida, sabe todo de su autor, donde ha expuesto, qué premios ha recibido, cómo ha evolucionado su carrera... “Las obras se impregnan con la esencia de quién está trabajando en ella y luego transmiten un sentimiento. No importa cómo lo interprete cada persona, pero sí que diga algo”.
Y con tan buen ojo que así, guiado por su instinto, ha escogido una serie de trabajos a promesas artísticas que después se han transformado en una excelente inversión.

No lleva tanto tiempo enamorado de este mundo contemporáneo, pero sí muchísimos años dedicado a las artes. A los 17, cuando era un estudiante de Bellas Artes, fue un domingo a la recién estrenada Feria San Telmo y decidió que eso era a lo que quería dedicarse. “Encontré muy divertido que trabajaran sólo los domingos... Puse un pequeño puesto y empecé a vender cosas insignificantes, luego arrendé un local en una galería y comencé a recorrer un camino sin retorno”. Primero se especializó en art nouveau y art déco, y, desde hace 15 años, en arte oriental, específicamente en cerámicas y porcelana china. Su tienda se llama 14-19 y la mayor parte de lo que vende proviene de colecciones privadas de fines del siglo XIX y principios del XX, y sus clientes, más que argentinos, son de Shangai, Hong Kong o Singapur. Todo muy internacional, pero Abel no viaja, no le gustan los trámites de los aeropuertos ni las demoras, se sube a un avión sólo para ir a Brasil de vacaciones y, a veces, hace la misma excepción para venir a Santiago... Bueno, tampoco sabe usar el computador, tiene una memoria de elefante para memorizar y estudiar sobre los muchos ítems que le interesan, y, como es noctámbulo, todas las noches investiga a la antigua, a través de libros, enciclopedias, etc. Tiene una biblioteca con más de 3.000 tomos, sabe dónde está cada uno de ellos y con una habilidad aterradora nota si ha desaparecido alguno. Por último, tampoco maneja ni cocina. Pero encontró lo que le faltaba en su amigo Joaquín Rodríguez. Uno se encarga de las reuniones en el extranjero y de la tecnología, mientras el otro visita exposiciones, remates, va al tapicero o al restaurador; uno cocina, mientras el otro lava los platos... Y así se la llevan.

Ahora los dos son expertos en arte oriental, pero, al revés de lo que se pudiera imaginar, en su casa tienen sólo piezas puntuales de la Dinastía Ming y toques de porcelana blanca de los siglos XVI, XVII y XVIII. Lo suyo es la mezcla, la decoración ecléctica, se han demorado años en reunir todo lo que tienen, han elegido con lupa absolutamente cada mueble, cada accesorio, cada cuadro, y ahora todo se “amarra”, un término que Abel le copió a un amigo chileno y que utiliza cada vez que la conversación lo amerite porque explica esa cosa inexplicable que pasa en este lugar.

El departamento se encuentra a pasos de su tienda, en un oasis en medio del centro de Buenos Aires, completamente aislado de todo el ruido gracias a un gran jardín, donde sólo se oye el canto de los pajaritos. Con la generosidad de las construcciones de antes, aquí los espacios son amplios, abiertos, de gran altura, y sus dueños, al revés de todos los cristianos, cerraron ventanas, tapiaron puertas y clausuraron un balcón para tener la mayor cantidad de muros. Igual ahora ya se quedaron sin paredes y están pensando en transformar una pieza en un pequeño depósito para poder ir rotando los cuadros.

Los 250 metros de piso de roble antiguo fueron restaurados completamente y cada color de pintura se eligió de acuerdo a la obra que se encontraría en el espacio, verde la biblioteca, rojo pompeyano el comedor, beige el living y azul grisáceo la pieza principal. Aquí es el arte el que manda, no la decoración. La cómoda Regencia del siglo XVIII, por ejemplo, se puso en el living para que le hiciera la contraparte a una fotografía de Nicola Constantino; una vez incluso cambiaron las cortinas para que resaltara una escultura de Asech. Todos los muebles son originales, muchos de los años 20, 30 y 40, combinados con otros antiguos, como las sillas Luis XV. “Para mí entrar a mi casa es como llegar a un refugio. Me siento a mirar y pienso que me he demorado años en armarlo... Todo lo que tengo me gusta”. Lo bueno es que a pesar de que absolutamente todo lo que ha reunido está firmado, no es una casa estirada ni donde hay que moverse con cuidado. Cuando hacen fiestas, corren todo, cuelgan bolas discos, instalan al DJ y se baila en todos lados. ¡Eso es saber vivir! 

 

Comenta este artículo

Código de seguridad
Refescar

Espacios / Inspiración

Busca lo que estas pensando y encuentra lo que mas te gusta.

Destacados

DATOS ED MODA MAYO 2012

Los mejores datos de moda y...

Registro ED.cl

Política de Privacidad