Buena mezcla
POR MARIA JESUS CARVALLO // FOTOS VICENTE GARCIA MEKIS
“Somos ciudadanos del mundo”. Así se definen los dueños de este departamento, Velimir Mihalic y Solange Phillips. El croata y ella chilena, este lugar es el resultado de 40 años juntos, una muy buena mezcla de objetos bizantinos y barrocos, herencias familiares y libros, discos, películas, aliños culinarios extravagantes...
"La Solange me conquistó con su letra. No por lo bonita, sino por lo curiosa y lo distinta que era”. Esta es la historia de Velimir Mihalic y Solange Phillips. Casados hace 40 años, se conocieron luego que él quedara tan impresionado con la caligrafía de So-lange, que llegó hasta su casa para saber quién era la mujer con esa escritura. “Cuando lo vi en la puerta de mi departamento, supe que este señor atrevido y jugado, con acento y apellido raro –que me costó una semana para aprendérmelo–, iba a ser mi marido”. Y no se equivocó.
Los Mihalic Phillips son de esos matrimonios que ya casi no existen. Han pasado más tiempo juntos que separados y tal como cuentan, los últimos 40 años han sido sólo como 40 minutos. Totalmente distintos, pero iguales a la vez, se complementan tan bien que no necesitan de amigos, panoramas extraordinarios ni nada muy sofisticado para entretenerse. Son felices con nada, él cocinando con una ópera de Strauss de fondo, cuidando el jardín o armando un librero, y ella al lado bordando, leyendo, viendo alguna película de época o, simplemente, conversando.
Velimir es croata, llegó a Chile junto a su familia cuando tenía 10 años. Doctores por generaciones, no dudó en seguir los pasos de su papá y de su abuelo, y una vez titulado dedicó su carrera a la investigación y los laboratorios.
Solange, por su parte, es bisnieta de Blanca Vergara –dueña de la Quinta Vergara– y creció entre las exóticas plantas de ese jardín, rodeada de libros, arte y una educación muy europea. Su abuela era María Edwards McClure, una mujer muy conocida en su época, que vivió en Francia durante la Segunda Guerra Mundial y que se dedicó a salvar a niños judíos de los campos de concentración. Fue reconocida con el título de Justa entre las Naciones y se transformó en la única chilena en recibir este premio. Ese mismo instinto aguerrido, atrevido y liberal lo heredó Solange. Muy independiente desde chica, nunca le importó el qué dirán. Se fue a vivir con una amiga cuando nadie lo hacía y partió a ver a Velimir a Estados Unidos cuando todavía pololeaban, sin tener dónde quedarse y con nada más que un número de teléfono del hospital donde él trabajaba. Después de un corto paso por la carrera de Arte, cambió las clases de color de Eduardo Vilches por la Bibliotecología y trabajó en el Centro de Planificación Nacional de la UC por varias temporadas. Hasta que hace muy poco se jubiló y reemplazó su trabajo por su nieta Benita, el yoga y los mil un libros que guarda en su departamento.
En todo el tiempo que llevan juntos, este matrimonio ha vivido en distintos lugares. Partieron en Nueva York recién casados y después en Chile pasaron por diferentes casas y estilos hasta que llegaron a este departamento. El cambio fue por algo práctico, como cuentan, querían achicarse, su hija Magdalena ya no vivía con ellos y buscaron algo más manejable, 120 metros tan bien distribuidos que incluso hay un escritorio.
Velimir es conocido entre sus amigos por el tema de la decoración. Siempre le ha encantado y cuando estaba en la universidad se hizo famoso por llenar el librero de su pieza con violetas de Persia. Con la Solange se han encargado de ambientar juntos todas sus casas y aunque no tienen el mismo gusto, coinciden perfecto en los muebles que compran, dónde deben ir colgados los cuadros y el color del que hay que pintar los muros. “Muchas de las cosas que hay acá nos han acompañado desde siempre, como la mesa que está en el living que era de mi abuela y que la usaban para el planchado. A mí se me ocurrió hacerla mesa de centro y le corté las patas sin remordimientos”, cuenta Solange. Bordados hechos por ella, cuadros pintados por él, unos herbarios armados con plantas de la zona central, sillas italianas de María Teresa Cerveró, muebles de las tiendas Travesía e Himalaya, un piano Steinway, sedas mongolas pintadas a mano, coronaciones de Indonesia, además de mil libros –de via-jes (muchísimos Lonely Planet de todos los países que han conocido), poesía, filosofía, biografías y arte–, películas y discos con toda la música de cámara del mundo, es parte de lo que ahí hay. “Aquí no hay un estilo claro, quizás algo medio oriental, pero en verdad es nuestro propio estilo, el de los dos y que se ha ido creando desde que tuvimos nuestro primer departamento. Ahora es como la conclusión final de todos los años que llevamos juntos”, cuenta Velimir.
Un punto importantísimo en el día a día del dueño de casa es la cocina. “Como ella no come nada, en algún momento tuve que hacerme cargo porque quise protegerme de la extinción”. Por lo mismo, es él el que va al supermercado, dispone y prepara los menús más exquisitos. Y esta pasión hizo que hace poco tiempo decidieran remodelar la cocina para hacerla más cómoda y funcional. Sin pedirle ayuda ni asesoramiento a nadie, diseñaron, armaron y desarmaron el espacio y lo llenaron de libros, ollas, cucharones, cuadros y estantes con todo a la vista. Quedaron tan contentos con el resultado que ahora es uno de los espacios que más usan del departamento, sobre todo en el invierno, que es cuando se pueden pasar la tarde entera al lado de una olla esperando que hierva un invento nuevo de Velimir. “No usamos casi el comedor y cuando invitamos es a la cocina. Nuestros amigos ya saben. A los que les gusta, les gusta no más.”, dice Solange.
Bien multifacético, hay que decirlo, otra de las grandes entretenciones de Velimir son los jardines. Tuvo su primera colección de cactus a los 4 años y desde ese minuto no ha parado de estudiar y aprender de vegetación. Por lo mismo cuando se cambiaron a este departamento plantó flores y enredaderas preciosas en todas las jardineras e incluso siguió con un sector sobre los estacionamientos, logrando impregnarlo de verde y cambiar la vista que tenía desde su dormitorio.
“Ahora sólo me queda regar las plantas, porque este lugar no necesita nada más”, dice Velimir Mihalic. “Estoy tan contenta, que ojala pudiera quedarme aquí hasta que me saquen con las piernas para adelante”, agrega Solange riéndose.
2 Comentarios
GRACIAS
ADRIANA
UN GRAN ABRAZO
ADRIANA