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| ED Nº 194, Junio 2011 | |
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Cinco estrellas
POR MARIA JESUS CARVALLO // FOTOS ANA MARIA LOPEZ Así es este departamento en Buenos Aires. Ubicado en el mejor sector de la Recoleta, está lleno de buenos detalles que se sienten, pero que no se notan, luces que se prenden y se apagan casi por magia, baños pensadísimos y una decoración que mezcla objetos antiguos y modernos con arte contemporáneo. Comparable a cualquiera de los hoteles que su dueño, el arquitecto Tony Chi, construye a lo largo del mundo. "Vive como si fueras a morir mañana. Aprende como si fueras a vivir para siempre”. Al igual que Ghandi, el arquitecto Tony Chi sabe cómo vivir la vida. Viaja por el mundo sin parar, es dueño de una de las oficinas de interiorismo neoyorquinas más importantes del minuto, ha diseñado hoteles, restoranes y clubes desde Shangai a Rusia y se mueve entre un espectacular loft en Nueva York, una cabaña en Bali y un penthouse en Buenos Aires. Perfeccionista, meticuloso e intenso –tanto que por sus ojos debe pasar hasta el último detalle de cada construcción que hace, y no le importa atravesar el planeta con tal de revisarlo personalmente–, sabe perfectamente lo que quiere, lo que le gusta y cuándo algo está bien hecho. Y su departamento en la capital argentina es el mejor ejemplo. Ubicado en la calle Alvear, en la Recoleta, está en el último piso de un clásico edificio de los años 50. Tal como cuenta, lo compró hace unos tres años gracias a su amigo el arquitecto y decorador Sergio Echeverría. “Uno de mis sueños pendientes era tener un pied-à-terre en Sudamérica, porque aunque me encanta mi casa en Bali, el viaje dura 32 horas y no puedo ir todo lo que me gustaría. Elegí Buenos Aires porque es como el París de América Latina, una ciudad cosmopolita con buenas tiendas, restoranes y galerías de arte. Me enamoré de ella a primera vista. Y como mi gran amigo Sergio tiene muchos datos y conoce la ciudad como la palma de su mano, le pedí que me ayudara a buscar lo que necesitaba”. Luego de recorrer durante un año diferentes barrios, tapizar las calles y revisar todo tipo de construcciones –incluso miró casas en Palermo–, Sergio Echeverría encontró un departamento en el mismo edificio donde él arrienda uno. Y cuando Tony supo, lo compró sin ni siquiera mirarlo, porque tal como explica, le bastó haber estado en el de este decorador para saber que se trataba de algo bueno. |