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DECORACION


ED Nº 185, Octubre 2010
Clásica en colores     
 

POR SOFIA ALDUNATE // FOTOS VICENTE GARCIA MEKIS

Esta casa fue construida hace 50 años

Jaime Burgos fue el arquitecto encargado de remodelarla respetando su esencia elegante y francesa.  

Escritorio

Ahí, mueble en obra hecho por Carola Bruna y alfombra de Ignacio LarraIn. El sillón calipso fue idea de la dueña de casa.  

En el living

La alfombra es de Edgardo von Schroeders, la silla está tapizada con petit point y la mesa de centro es de Enrique Concha. La lámpara azul en el techo fue comprada en Roma y, al fondo, una vista del escritorio.

En el comedor de diario

Sillas inglesas antiguas de Mandarino y mueble amarillo del Parque de los Reyes. Aquí la dueña guarda sus colecciones de platos, ollas, fuentes, jarrones y accesorios de cocina.  

En el comedor

Sillas y mesa de Contemporáneo Patricia Vargas y espejo veneciano.

Otro rincón del living

Aquí par de sillones tapizados con género de La Compañía de Comercio, mesa china antigua y lámpara de Contemporáneo Patricia Vargas. El piso es de Baldosas Córdova.

En el living

Los sofás son de Fernando Moro y están tapizados con un género de Le Cotonnier, los cojines fueron traídos desde Venecia y el gran biombo chino es una herencia de la dueña de casa. A los costados, lámparas de Francisco Monge.

La cocina

Fue completamente diseñada por la dueña de casa.

En la terraza

Mesa y sillas compradas en un remate de Francisco Monge, los platos son turcos y el piso de Baldosas Córdova.

Jardín

Proyectado por las hermanas Passalacqua, aquí abundan las azaleas, camelias, cipereses, bojs y agapantos. Además hay mucho adoquín y senderos de Baldosas Córdova.


Con un refrescado aire antiguo, esta casa es tan linda por dentro como por fuera. Perfecta y llena de vida, con un jardín precioso y a pasos de una concurrida plaza, fue el lugar que esta familia escogió para ver crecer a sus tres hijas.


Esta casa es realmente preciosa. De esas que hacen que uno pare el auto para mirarla con calma. Debo confesar que yo lo hice un par de veces. Tuve la suerte de conocerla por dentro y superó mis expectativas. Detrás de su elegante fachada francesa, sus simétricas ventanas con persianas negras y un entusiasta ficus repens que la ha ido cubriendo, todo es perfecto: el jardín, las terrazas, el living, las alfombras, lámparas, cuadros, adornos, la dueña de casa, las niñitas con sus cortes de pelo parisinos, si hasta Félix, el perro, combina.

Esta es una casa con “olor a queque”, como dice su dueña, bien familiar y acogedora, en la que se nota que han puesto mente y corazón. Sus dueños la descubrieron porque querían algo en Vitacura, cerca de sus oficinas y con la añorada plaza a un par de cuadras. Y aunque ésta no estaba a la venta, era del tipo que andaban buscando. Un día recibieron un llamado a las nueve de la mañana avisándoles que su dueña estaban con intenciones de venderla. Tres horas después habían aceptado su oferta y eran los flamantes propietarios. Se demoraron un año en decidir qué arreglos hacerle y cómo implementarlos para no alterar la antigua elegancia que los conquistó. “La idea era que se siguiera viendo de 50, pero bien mantenida y funcional”.

Finalmente, el arquitecto Jaime Burgos fue quien logró este propósito. Hombre experimentado y de muy buen gusto, logró ampliarla (hizo toda un ala nueva) de tal manera que realmente ni se nota. A través de murallas falsas y uno que otro truco, mantuvo su simetría original. Por dentro lo mismo. Aquí la mente creativa fue la dueña y Jaime el cable a tierra. La pieza principal se transformó en living, el living en comedor, el comedor en escritorio y así. La idea era ampliar los espacios, refrescarlos y abrirlos. Tarea más que cumplida.


La casa por dentro no puede ser más cómoda y bien pensada. “No queríamos nada muy estirado ni sofisticado, al contrario, la idea era lograr algo parecido al lugar donde los dos crecimos”. Es verdad, aquí no hay nada estirado pero todo es bueno y lo mejor de todo, sin pretensiones. Todos los espacios fueron un acierto, el único cambio que han hecho en estos 6 años fue el living, que agrandaron poco después que se cambiaron porque, según ellos, les quedó chico. “Apenas nos cambiamos vino a comer un amigo nuestro que es sumamente alto y me di cuenta que no cabía”, recuerda. Así que decidieron incorporar la terraza, que con su piso de Baldosas Córdova negras con blancos y sus grandes ventanales, además de amplitud, le sumó cien puntos.  

Ahí nos instalamos para la entrevista, mientras las niñitas jugaban en los columpios y la mamá interrumpía su trabajo para atendernos. Ella es una sagaz y estilosa abogada, “brillante”, según sus conocidos, y muy simpática. Y no sólo tiene talento para las leyes y los negocios, la decoración también es otro de sus fuertes. Entre ella y su marido pusieron la casa entera y el protocolo funciona de la siguiente manera, ella propone, él analiza y luego aprueba o veta la idea. Así con casi todo (porque hay que reconocer que él también ha tenido sus asertivas ocurrencias), los modernos sofás naranja del escritorio, la mesa y repisa amarilla del comedor de diario, el sofá calipso y en fin. La única excepción fue una mesa de terraza que según el dueño de casa parece “mesa de funeraria de Wyoming”.

Son bien fanáticos del tema y si están de viaje y les gusta algo no lo piensan dos veces y lo acarrean en la mano hasta Santiago. Así lo hicieron con un juego de platos que trajeron desde Turquía, un par de jarrones rematados en Brasil y una lámpara de Roma. El resto, lo han comprado en diferentes tiendas acá y han heredado otro poco.

El jardín estuvo a cargo de las hermanas Passalacqua y es realmente lindo. Está rodeado por un caminito de baldosas (las mismas de las terrazas) y lleno de bojs, camelias, agapantos, cipreses, laurentinas y magnolios puestos de manera muy simétrica como es propio de estas paisajistas. El día que nos juntamos las plantas estaban en todo su esplendor y es ahora cuando esta familia goza más la casa. Durante la primavera organizan más almuerzos y comidas al aire libre, la casa se llena de amigos y niños que son honrados con la mano de monja de su dueña.

Porque como si fuera poco, esta mujer cocina fantástico. Obvio, así tenía que ser no más.

 

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