Colico Santiago
POR SOFIA ALDUNATE // FOTOS ANA MARIA LOPEZ
Las casas de Constanza Pellegrini, su marido y sus dos hijas en Chicureo y Colico son tan espontáneas, libres y alejadas de las formalidades como ellos. Algo asÍ como un camping bien pensado, cómodo, práctico y con mucho oxígeno.
Sencilla y bien espontánea, así es y así vive Contanza Pellegrini. Ella, su marido y sus dos niñitas, Carmen de 9 y Sofía de 7, han armado un sistema que no sólo les acomoda, sino que les da la libertad y el aire que necesitan. Partieron con este método de “camping deluxe”, como le dicen, en Santiago, el que hace un par de años atrás replicaron a menor escala y más outdoor todavía en Colico.
Partamos por Santiago o más bien por el gran terreno de 4 mil metros en un alejado rincón de Chicureo. Constanza vive aquí desde que se casó (hace once años) y poco a poco lo ha ido colonizando y poblando, bien a pulso, con sus propias manos, todo muy rústico, pero lleno de encanto. El día de la entrevista había una neblina baja, de esa que cala los huesos. Nos sentamos a conversar en el quincho con un café en la mano para tratar de entrar en calor. Ella espléndida, pelo largo y negro, piernas también largas, flaca, simple, como su casa. No logró quedarse un minuto tranquila, durante la entrevista caminó, se paró, se sentó, arregló los cojines de la terraza y no mostró jamás los signos de la hipotermia que estaban arrasando conmigo. Bien outdoor la mujer… Nos contó que primero se tomaron la antigua casa de inquilino, una sencilla construcción de campo que fue arreglando entre estudios, pruebas y viajes a la Universidad Gabriela Mistral (se tituló de ingeniera comercial) por el único camino que había a Santiago, a bordo de su escarabajo del año 74. “Sonaba el cacharro, pero fue fiel hasta el último día”.
Con su primera hija cerraron el quincho donde estábamos conversando y lo convirtieron en el living y comedor de la casa, el que funciona de manera completamente independiente. Además le sumaron un “quiosquito”, donde está la cocina y donde su marido prepara unos cócteles exquisitos. “La idea la trajimos de nuestra luna de miel en Brasil, porque la hospedería donde estábamos tenía algo más o menos parecido y nos encantó”. Después ampliaron la casa, le hicieron un dormitorio para ellos, el que se sumó a la salita, la pieza de las niñitas y la mini cocina, todo calefaccionado con dos salamandras que en invierno funcionan sin descanso (“el frío acá es tremendo y el calor en verano insoportable”). Con la llegada de la Sofía, la segunda hija, construyeron una pieza de alojados con su baño al lado del quincho, una casita de muñecas atómica (tiene su propia parrilla), la zona de los columpios, el huerto y el jardín, donde abundan los cactus, las especies resistentes al calor y con piedras y paciencia Constanza ha ido formando senderos y rinconcitos.
Deportistas y nómades, en esta casa no están nunca tranquilos. Cuando hay nieve, suben sagradamente todos los fines de semana y las vacaciones de invierno a esquiar y en el verano, se instalan desde diciembre hasta marzo en Colico. Aquí “se tomaron” parte del gran terreno que tenían unos familiares y construyeron una mini cabañita, con una pieza dividida en dos y un baño para ellos y las niñitas. A un par de metros levantaron un genial quincho, todo muy en la onda de esta familia: cómodo, pero sin lujos (aunque desde este año tienen televisión con Direct TV incluido, lo que los tiene fascinados). Los amigos se alojan en carpa y nunca les faltan visitas. Es que el lugar es precioso, a orillas del lago y al lado del río, todo en medio de árboles centenarios, una luz como pocas y la naturaleza en todo su esplendor.