Como Antes
POR IGNACIO PEREZ-COTAPOS // FOTOS ANA MARIA LOPEZ S.
Podría ser una fotografía tomada hace 70 añosToda la fachada de la construcción está cubierta con un aromático jazmín   Casa ubicada Mayling, a 45 minutos de Buenos AiresSe preocupa de conservar en perfectas condiciones la construcción de los años 40 que perteneció a los papás de su marido, Jimmy Dodero.   En la biblioteca hay una colección de libros antiquísimos  La dedicación de Elsa también abarca el enorme parqueAunque tiene contratado a un jardinero a tiempo completo, es ella quien se encarga de limpiarlo y mantenerlo.   En el livingLa espectacular boisserie la mandó a hacer la suegra de Elsa el año 47. Sobre la chimenea, paisaje del pintor George William Herring y reloj antiguo.
  En el comedorMesa y sillas de caoba francesas y, empotrado en el muro, pintura de Frans Verner Von Tamm.   Jimmy Dodero y Elsa Faúndez en los 70  La ex modelo con sus hijas Carolina y Sandy  A Elsa le gusta que hayan fotos por todos lados  La dedicación de Elsa también abarca el enorme parque  Sus rosas no las toca nadie  Retrato de HuidobroA Jimmy Dodero junto a su madre María Teresa Bosch Alvear, el año 46.   A Elsa le gusta que hayan fotos por todos lados  En otro ángulo del livingArrimo de caoba y lámpara con base de bambú.   En la terrazaDetalle del comedor y de los muebles de los años 40 ó 50 que Elsa mandó a copiar exactos.
  En la gran piscina de mosaicosTodas las toallas son Hermès, regalo de la mujer de Martine Guerrand-Hermès, uno de los dueños de la firma, quien visita a Elsa todos los años.   En la gran piscina de mosaicosTodas las toallas son Hermès, regalo de la mujer de Martine Guerrand-Hermès, uno de los dueños de la firma, quien visita a Elsa todos los años.   En la terrazaDetalle del comedor y de los muebles de los años 40 ó 50 que Elsa mandó a copiar exactos.
  Terraza 
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La casa de la ex modelo chilena, Elsa Faúndez, en Argentina es un buen ejemplo de conservación y estilo. Todo está intacto desde hace 60 ó 70 años, tiene cancha de polo y un maravilloso jardín cuidado personalmente por su dueña.
Es la mejor dueña de casa que yo haya conocido”, dijo María Olivia Guzmán de su íntima amiga, Elsa Faúndez. Y así lo pudimos comprobar cuando fuimos a hacer este reportaje a su casa en Mayling, a 45 minutos de Buenos Aires. No hace ningún aspaviento de perfección, ni de andar detrás de las empleadas dando órdenes, ni diciendo lo bien que hace las cosas o cómo le queda a ella tal guiso, como muchas veces sucede. Elsa lo hace todo con naturalidad y sin que uno se de cuenta, lo que lo hace mucho más agradable. Es independiente, relajada, noctámbula y muy divertida, la anfitriona perfecta.
Tiene mano verde, es buena para el jardín y para hacer los más lindos arreglos de flores como los que hacen en París, donde ha vivido gran parte de su vida; también para la cocina y para dirigir, un verdadero sargento.
Se nota que ha tenido una vida de lujo, que ha estado en los lugares más refinados del mundo, que se ha codeado con la mejor gente, de todo eso se aprende, no hay un detalle en su casa que esté al azar, desde el vaso y el termo con agua helada que dejan todas las noches en el velador, hasta las sábanas deliciosas, olorosas rozas del jardín y un sin numero de detalles que hacen la vida tanto más agradable.
En la hacienda de Mayling, a 5 km de Pilar, se respira un aire de campo y de refinamiento como el de antes. Todo está intacto como hace 50 años, y en perfectas condiciones, como los muebles de terraza, un diseño de los años 40 ó 50, que Elsa mandó a copiar para que sean iguales a los originales. Me gustó el tapiz y los toldos en blanco y amarillo listado.
La casa es de los años 40 y perteneció a los papás de Jimmy Dodero –marido de Elsa, quien se murió de un paro cardíaco mientras jugaba polo–, cuando todavía no existía la Panamericana que hoy cruza cerca, ni el exclusivo country club que años más tarde se hizo en su terreno, que llegó a tener 300 hectáreas.
La casa de Elsa limita con el country, pero no forma parte de él. Originalmente era una construcción de adobe más bien pequeña, pero su suegra la fue ampliando e improvisando a medida que vivía en ella. El maravilloso parque, en cambio, fue proyectado por la paisajista Misses Lewis. Siempre hubo rosales, pero cuando Jimmy murió, su mujer plantó muchísimos más de color blanco para llevarle al cementerio. Luego fue sumando más y más, hasta llegar a tener unos 500. “Nadie toca mis rosas”, dice ella, “yo me encargo de limpiarlas todas las tardes”.
Casi no sale, como nos cuenta, no hay nada que le guste más que estar en su casa y siempre tiene mucho qué hacer. Las más exquisitas mermeladas, preocuparse del vivero (donde tiene plantado absolutamente de todo), recientemente está cultivando un pequeño jardín de helechos y rododendros, es buena para bordar y también para hacer grandes almuerzos y comidas, y, por supuesto, uno de los mejores asados argentinos que haya probado.
No hay nada más lindo que estar sentado en la galería –por donde trepa una perfumada enredadera de jazmín– mirando el parque y la piscina de mosaicos, recorrer las pesebreras o ver a sus hijas jugando polo en su cancha privada un día cualquiera. En verdad no dan ganas de salir, aunque esté a menos de una hora de una de las ciudades más entretenidas de Latinoamérica.
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