Con alma
POR MAGDALENA BOCK // PRODUCCION IGNACIO PEREZ-COTAPOS // FOTOS VICENTE GARCIA MEKIS
Esta casa en Cachagua no puede ser de nadie más que de la Leo Urruticoechea. En ella está su mano, sus gustos y su temperamento, es relajada, blanca con azul y celeste (sus colores preferidos), llena de gente, con la mesa bien puesta, almuerzos exquisitos y lindos arreglos de flores.
Hace tiempo que no nos recibían tan bien. Nos habían dicho que la Leo Urriticoechea era una muy buena dueña de casa, y tenían toda la razón. El día de las fotos de su maravillosa casa en Cachagua nos estaba esperando con un almuerzo increíble, un aperitivo con locos y un cebiche de machas, tostaditas delgaditas, la mesa puesta preciosa, un exquisito congrio con salsa de cilantro y papitas, además de buenos postres, todo lindo, todo bien puesto, pero también todo relajado. Se nota que le salió del alma, que lo hizo como lo hace siempre, entretenida, sin complicarse.
Siempre le ha gustado la casa, la decoración, hacer lindos ramos de flores, convidar y tener la casa llena. Tiene seis hijos, de 17, 15, 13, mellizas de 9, y 7, así que organizarse para un buen grupo es cosa de todos los días. Le gusta que los niños inviten amigos, celebrarles los cumpleaños, hacer comidas, etc. Aunque si no fuera porque fuimos a su casa, probamos su buena mano y vimos lo cariñosa que es para recibir, tendríamos estas páginas prácticamente en blanco.
La Leo es de esas personas que en verdad no les gusta hablar de sí mismas. A tirabuzón le fuimos haciendo la entrevista porque ella encuentra que nada es para tanto: “la casa simplona, pero rica, simpática”; “no diría que tengo tan buen gusto, sólo que me entretiene, me entusiasma encontrarme con las cosas”; “es una exageración decir que cocino bien, normal no más, lo que pasa es que me gusta comer, soy súper golosa”. Esto último es lo único que es tal cual de todo lo que nos dijo, es buena para comer, hace viajes gastronómicos, le interesa el tema, pero como es bien deportista (“hago de todo, pero todo más o menos”), se puede dar ese lujo.
Cuando la Leo tenía unos 14 años veraneó durante un tiempo con sus papás en Cachagua, y después no volvió nunca más. Cuando se casó, junto a su marido, se hicieron una casa en Las Salinas de Pullally, pero a medida que fueron creciendo sus hijos decidieron cambiarse a Cachagua, “finalmente hay que estar encima del carrete de los niños… Además ahí tienes grupo para hacer lo que quieras, para subir el cerro, para hacer paseos en bicicleta, está todo armado”.
En el Golf de Cachagua quedaban dos casas y ellos compraron una. Les gustó porque no era muy grande, pero sí muy cómoda, con cuatro piezas y sala de estar en el primer piso, además del living y un gran comedor, y el dormitorio principal, más independiente, en el segundo.
No tenían nada para decorarla, así que la Leo tuvo que partir de cero. “Quería una casa que no sólo fuera, sino que además pareciera de playa, no muy pitucona ni muy estirada, donde uno pudiera llegar y echarse”. Como sus colores preferidos son el azul y el celeste, esta era la excusa perfecta. Las paredes son blancas, pero hay muchos detalles en estos tonos, “estaba esperando la oportunidad para poder usarlos a destajo”, dice ella. Y lo hizo tan bien que la casa se ve preciosa, luminosa, alegre, femenina.
Desde hace seis años tiene un taller de cojines, donde junto a su socia, Ana María Vial, hacen los más lindos diseños en lino, seda, tejidos a lana, con bordados, estampados… No se pueden ver mejor en su casa en Cachagua, puestos con gracia por todos lados, en el comedor, en la salita, en los dormitorios.
Y los cojines no fueron los únicos diseños de ella, también mandó a hacer las camas, los veladores, camarotes, y varias ideas más inspiradas de revistas. El resto fue llegando solo, del Parque de los Reyes, de viajes, de tiendas... “No soy de salir a buscar una lámpara o un adorno, no me resulta, necesito encontrarme con las cosas, por eso me demoro harto en terminar mis casas”.
El jardín lo hizo con la ayuda de la paisajista Tere Leighton. “Le dije que quería almorzar debajo de los árboles, y como por las condiciones del terreno eso era muy difícil, hizo un proyecto que logra la misma sensación”. Muchos olivos, un deck de madera con mesas en obra, un sofá enorme en U y una gran parrilla forman parte del quincho que, en el verano, se transforma en el corazón de la casa.
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Muchas gracias.