Cool Hunter
POR MARIA JESUS CARVALLO // FOTOS FERNANDO GOMEZ
El LivingUbicado en Providencia, este departamento fue proyectado y arreglado por su dueño, el galerista Juan Pablo Moro. En el living, Camilo Yáñez intervino una de las paredes, pintándola celeste y blanco y llenándola con algunas de sus obras. Las sillas blancas son de Philippe Starck y la mesa de cristal se la trajo de Miami. Atrás, su perro Lukas.   En otro sector del livingEscultura de María Eugenia Villaseca, chaise longue de Le Corbusier y lámpara de Luzco   El LivingEste muro del living fue intervenido por el artista Camilo Yáñez. La mesa hecha con tubos de neón es de Iván Navarro y los silloncitos de Primate   Hall de EntradaEn el hall de entrada, obras de Carlota du Pontavice y al fondo, gran cuadro de Coco González   Estas repisas las hizo Juan Pablo con durmientes.Se ve el ratón de neón que compró en el Whitney Museum, la escultura de Homero Simpson del colombiano Nadín Ospina, la fotografía de Sachiyo Nishimura y la obra de Germán Tagle. Los pisos de madera son de Metro Cuadrado.   El LivingEl cuadro es de Víctor Castillo, la lámpara de Sur Diseño y la mesita Kartell de Mondó.   La cocina fue otro de los espacios remodelados. Entre los arreglos se incluyó la antigua pieza de servicio para darle mayor amplitud al lugar y se hizo una mesa de comedor de diario en obra. Las lámparas y las sillas son de Ambiente Mueble y los platos de su perro Lukas se los trajo Juan Pablo de Londres.   En la EntradaEste galerista es famoso en todo el edificio por su trabajo y de a poco ha ido llenando los muros de todo el edificio con cuadros y esculturas. En la entrada de su casa, obra de Sergio Avello.   Juan Pablo Moro  Juan Pablo Moro  Juan Pablo Moro  Juan Pablo Moro  Juan Pablo Moro 
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El dueño de este departamento es un coleccionista innato, tiene desde figuritas de personajes famosos hasta una mesa de tubos de neon. Junto a un equipo de maestros, Juan Pablo Moro arregló y armó este espacio como una galeria, pensando en lucir lo que ha ido juntando a través del tiempo.
Cada vez que Juan Pablo Moro se va de viaje vuelve como un equeco, lleno de bolsas, paquetes y mochilas repletas de recuerdos que ha ido encontrando en el camino. Entre sus amigos es famoso por lo busquilla y lo cachurero, y saben que si lo acompañan en alguno de sus recorridos por el mundo, lo más probable es que a la vuelta tendrán que ayudarlo a acarrear sus maletas con varios kilos de más. Coleccionista empedernido, creció acumulando libros, postales, papeles y lo que pasara por sus ojos. Cuenta que de chico le tocó vivir en Alemania y Colombia con su familia y desde esa época empezó a desarrollar el buen ojo –muy incentivado por su papá– y esa capacidad de encontrar “verdaderos tesoros” en lugares donde nadie se imagina.
Intenso, tiene una energía envidiable y todo el tiempo está organizando algún proyecto o armando un panorama. Era de los que trabajaba en lo que fuera cuando estaba en el colegio, fue mozo, vendedor, gerente, formó su propio negocio a los 28 años y ahora es empresario y dueño, entre otras cosas, de la Galería Moro y del Café del Museo, que acaba de abrir en la Plaza Mulato Gil.
El arte contemporáneo es uno de sus grandes placeres. Por más que trató de terminar las carreras de Derecho y Publicidad, al final decidió dedicar su vida a los artistas y a hacerse un nombre entre los galeristas, directores de museos e instituciones culturales. Para comprarse su primer grabado juntó varios sueldos, más tarde siguió con muebles de diseñadores famosos –como unas sillas de Philippe Stark que lo han acompañado por años en cada casa donde ha vivido–, luego con creaciones de artistas emergentes y consagrados, y así suma y sigue hasta ahora, perdiendo la cuenta de todo lo que ha juntado.
Su departamento es un reflejo de esta pasión y desde que se lo compró, hace unos dos años, lo ha ido transformando en una galería donde exhibe sus objetos más preciados. Ubicado en Providencia, quedó fascinado desde el primer minuto que entró, tanto así que le dijo al dueño “¿dónde firmo?, porque ahora es mío”.
Construido en los años 70 por el arquitecto Eugenio Maffei, este lugar es lo que siempre quiso: antiguo, con piso de parquet, piezas grandes y una buena terraza. Organizado y eficiente, Juan Pablo se encargó de hacerle varias cirugías mayores, diseñó el proyecto, contrató a un par de maestros que siguieron al pie de la letra sus instrucciones y vigiló hasta el último detalle de lo que se hizo. Entre los cambios, arregló varios muros (botó algunos y unió otros) para tener lugar donde colgar sus cuadros; reemplazó las ventanas (que eran muy chicas) por unas de pared a pared para que entrara más luz; armó un sistema de iluminación que se controla en el hall de entrada para no tener interruptores que ensucien las paredes; vitrificó el piso e instaló una chimenea ecológica que no contamina y que le da un aire más acogedor al espacio. A esto le sumó la remodelación de la cocina, a la que le incorporó la pieza de servicio para hacerla más amplia, instaló muebles a la vista para lucir los platos y las copas e hizo un comedor de diario pensado para que sus amigos lo acompañen mientras él prepara las comidas.
La decoración fue otro tema. Juan Pablo es compulsivo y lo tiene claro, incluso muchas veces ha comprado cosas sin percatarse de que ya las tenía y no se acordaba. Por eso mismo cuando llegó a este lugar decidió empezar una “etapa de limpieza”, recolectó todo lo que no le gustaba tanto, lo vendió entre sus amigos y dejó sólo lo más importante. Entre sus elegidos quedaron unas sillas de Primate, una lámpara de Mondó, unos banquitos de Metro Cuadrado, una escultura de Kartell y su colección de más de 200 figuritas de Los Pitufos que guarda desde cuando vivía en Alemania con sus papás. También una mesa con tubos de neón del famoso Iván Navarro, grabados de Germán Tagle, obras de César Gabler, María Eugenia Villaseca, Víctor Castillo, Juan Tessi, Magdalena Atria y Camilo Yáñez, por nombrar algunos. “Creé un espacio para gozar el arte, mejoré lo que ya había. Antes se me abrían los clósets de tantas cosas que tenía, por eso cuando decidí tener este lugar, lo quise limpio y con lo justo, para poder sentarme en un sofá del living y disfrutar sin distracciones de lo que tengo y lo que he juntado con el tiempo”.
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