De cuento
Así es este lugar para el arquitecto Marcial Cortes - Monroy y su familia, tanto por el entorno como por su historia. Vecino de las Majadas de Pirque, este gran parque se formó a partir de una centenaria arboleda y la casa se proyectó de forma de mantener intacto el encanto que lo caracteriza.
POR MARIA JOSE NAZAR // FOTOS DIEGO FONTECILLA
Cuando Marcial Cortés-Monroy habla de su parcela en Pirque no se limita a una simple descripción del lugar y va mucho más allá. Habla del concepto con el que se concibió este lugar y de la forma en que quería vivirlo junto a su familia. A él llegaron hace 15 años, cuando junto a su ex señora, la fotógrafa Alexandra Edwards, buscaban un destino para pasar los fines de semana. En un principio la idea era tener una casa en la playa, pero de a poco el proyecto cambió y la búsqueda se concentró en Pirque.
Marcial recuerda que la primera vez que fue a esta zona –cuando recién llegaba de Chillán a los 17 años– le encantó y lo mismo le pasó años después. La mezcla de campo con montaña, de historia y tradición, además de lo lindo del lugar y su cercanía con Santiago fueron argumentos más que suficientes. Después de ver algunos terrenos en San Juan, un sector más antiguo de Pirque, descubrieron esta parcela justo al lado de las Majadas de Pirque. Es más, estos terrenos pertenecieron a las Majadas y la arboleda que cruza el terreno de Marcial era el camino que conectaba la residencia con el antiguo hipódromo.
Cuando se le pide que explique qué fue lo que más le gustó, Marcial lo hace mostrando fotos para así “entender bien de qué estamos hablando”. Es que las imágenes lo dicen todo. El lugar es sencillamente fascinante, “de cuento” como dice él. La centenaria arboleda de encinos, olmos y fresnos acaparan la atención y justo donde termina esta gran avenida, se ubica la casa proyectada por el arquitecto. El principal objetivo fue lograr que la construcción quedara adentro de la arboleda y, para conseguirlo, diseñó una casa de sólo cinco metros de ancho. Un espacio abierto en el que la vida familiar se hace en comunidad, no hay muchas divisiones y gracias a su estructura de fierro y vidrio –estilo invernadero–, la conexión entre la vida interior y exterior es permanente.
Del diseño del jardín se preocupó Alexandra. Aquí no hay planos ni trazados geométricos. Lo fundamental era respetar esta idea de gran parque. “Ese es el elemento ordenador, lo que manda y da las directrices y rutas a seguir”, explica Marcial. La idea fue formar una explanada verde con manchas de flores, principalmente blancas. Además de plantar más encinos, agregaron otros árboles que se han dado de forma extraordinaria como alcornoques, magnolios grandiflora y ginkgo biloba, junto a otros que no tuvieron tanto éxito como coihues y guayes, los que fueron parte de un intento de Marcial por tener especies nativas. Todo ha sido producto de la improvisación, de elegir cada variedad sólo por gusto y porque serían un excelente aporte.
Según Marcial, aquí todo está permitido y la única regla es que no las hay. Se han dado el espacio para disfrutar y experimentar, como la vez que decidieron tener gallinas para conseguir huevos orgánicos –lo que al parecer terminó siendo más caro y complicado que comprarlos en un mercado– o el huerto que tuvieron en un principio, tan bien cuidado que todo lo que daba, lo hacía en grande. El problema es que la producción llegó a tal punto, que el arquitecto terminaba los fines de semana repartiendo la cosecha entre todos los conocidos porque “daba pena perder todo”.
Así, la vida aquí suena perfecta, y lo es. Con todas estas características se hace difícil que la casa pase un fin de semana sin visitas, un ritmo que esta familia ha mantenido intacto a lo largo del tiempo.
|