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DECORACION


Martes, 14 de Diciembre de 2010 10:47
De tomo y lomo     
 

POR MARIA JESUS CARVALLO // FOTOS MAX DONOSO

En el living

Detalle

El Comedor

La capilla

Junto a la casa hay una capilla que fue construida en el siglo XVII. Actualmente se usa para celebrar los bautizos, matrimonios y entierros de la familia.


Así es esta casa de estilo colonial chileno. Construida en el siglo XVIII con enormes corredores de 45 metros de largo, muros de adobe pintados a la cal y tejas, su dueño es el actual presidente de RN, Carlos Larraín. Amante del urbanismo y de lo estético, junto a su señora y sus doce hijos han mantenido este lugar como en sus primeros días, transformándolo en un proyecto de vida donde todo gira en torno a la sencillez.


Hace mucho tiempo que teníamos ganas de hacer este reportaje, 15 años para ser exactos. No fue fácil convencer al dueño de casa y menos pillarlo con tiempo. Pero después de algunos llamados, varias conversaciones y mucha ayuda de su secretaria, conseguimos que Carlos Larrain nos diera esta entrevista.
Valió la pena la espera, porque su casa es única, no hay nada igual ni semejante en todo Chile. Construida en el siglo XVIII con adobe, madera y tejas, su estilo colonial, enormes corredores de 45 metros de largo, una capilla y el precioso parque en el que está inserta hacen que uno se transporte a otra época y que cueste creer que todavía exista algo así, en una ciudad donde todo es nuevo.
Ubicada en Las Condes, en lo que antiguamente era la Hacienda Lo Fontecilla, este lugar tiene tantas historias como años de vida. Se dice que sus tierras datan de 1579, que pertenecieron al cacique Picuncahue y que incluso fue refugio de los benedictinos franceses cuando llegaron a Chile y antes que fundaran su convento. También que cuando los españoles dieron mercedes de tierra a personajes importantes, entregaron éstas al primer alarife de Santiago, Pedro de Gamboa, quien luego las donó a otros como Martín de Zamora, Ascencio de Zavala y Francisco de Avaria –quien fue el que construyó la casa con la ayuda de artesanos y también plantó una viña en los alrededores– hasta que en 1917 la compró Carlos Peña Otaegui, la restauró y conservó sin caer en la moda del estilo francés tan usado en esos días. “Cuando mi abuelo volvió a Santiago después de haber vivido 20 años en París, se enamoró de la sencillez de esta típica casa de campo chilena y quiso mantenerla. A pesar de que algunos le recomendaron echarla abajo y levantar algo nuevo, su amor por la historia y la tierra lo llevaron a conservarla”, cuenta su nieto Carlos Larrain.

Y desde que el actual presidente de RN, concejal y ex alcalde de Las Condes tiene uso de razón, ha sido parte de este lugar. Ahí se crió, con ojotas y regando canales, primero durante los veraneos –que partían en diciembre y terminaban en abril–, cuando iba a visitar a sus abuelos y más tarde a tiempo completo cuando sus papás decidieron vender su casa en el centro y hacerse cargo de ésta. “En la época de don Carlos Peña, éste era un campo formal, de tomo y lomo, con 200 hectáreas que se trabajaban como tal, con ganado y carretas, producción de guindas y manzanas y donde todo ocurría en los corredores. Ahí se desgranaban los choclos, se producía el vino y se guardaban las herramientas. Todo funcionaba al aire libre”.

Luego de la muerte de su papá y ya casado, Carlos Larrain decidió asumir el desafío, seguir la tradición familiar e instalarse ahí con su mujer y sus 12 niños. “Como yo tenía tantos chiquillos y necesitaba una casa grande, conversé con mis hermanos y acordamos que yo viviera ahí. Ahora soy yo el que la está cuidando y no me pretendo mover por nada”. 

Siguiendo el espíritu de su abuelo y tratando de cultivar esa esencia sencilla que tanto lo caracteriza, don Carlos –como muchos de sus cercanos le dicen– ha mantenido la casa esencialmente intacta a su construcción original. Para las adaptaciones indispensables se ha asesorado con expertos –arquitectos como Carlos Alberto Cruz y Carlos Vergara Echeverría– y ha hecho uso de todo su ingenio y talento para no intervenirla con nada que se acerque a la modernidad. Los pisos siguen siendo los mismos de 1800, desnivelados y con poca luz, los muros de adobe y pintados a la cal, sin luces led, muebles modulares o sistemas de sonido integral que puedan matar la esencia que ahí se respira. “Cuando llegamos en el año 91 refaccionamos un poco, lo mínimo. Transformamos un sector del primer piso que eran bodegas y lo redistribuimos para hacer los dormitorios de los chiqui-llos. Sólo aprovechamos mejor el espacio. Más tarde mejoramos la calefacción y arreglamos los baños para que fueran un poco más cómodos, pero lo justo, sin spa o ninguna de esas cosas raras. Sería una tontera llenarla de adornitos y brillos. Estas casas son así, muy austeras, muy desprovistas y cambiar eso sería cambiar la casa. Y eso yo no lo voy a hacer”.

Amante del urbanismo, durante sus años como alcalde hizo hasta lo imposible por mejorar el plan regulador de Las Condes y evitar que se “siguieran haciendo polvo” barrios como El Golf y se botaran muchísimas de las construcciones antiguas que ahí había. Y esta casa podría decirse que es un reflejo de esa pasión por la estética y su pequeño proyecto urbanístico, aunque él se apura en aclarar que es muchísimo más que eso. “Es un proyecto de vida. Es un mundo un poco aparte el que aquí vivimos. Implica proyectar una manera de vivir, demostrar que se puede hacer con sencillez y con alguna preocupación por la estética, la que no está relacionada con el largo del auto”.

Por lo mismo, muchos de sus esfuerzos los enfoca en tratar de mantener el espacio impecable, lo que no es fácil porque sus casi 250 años pesan y cada cierto tiempo aparecen grietas en los muros, goteras o se cae el estuco. “La tarea de mantención es un trabajo intenso. Mi mujer pasa todo el día funcionando en torno a este tema y le pone mucho esfuerzo. Ella ha hecho un aporte tremendo por conservarla bien. Y con el terremoto recién pasado hubo que sumar nuevas fuerzas, porque quedó bastante machucada y hasta hoy siguen maestros refaccionándola. Para algunos sería mucho más fácil cambiarse, pero nosotros estamos muy contentos aquí, todos gozan, los niños igual y le sacan algún partido. A mi me van a sacar patitas p’adelante, antes no.”

Estas ganas son las mismas que le imprime a todo lo que hace, porque hay que decirlo, este abogado multiplica las horas del día por mil. El jardín es otro de sus grandes temas. Le encanta y a pesar de su poco tiempo, destina varias horas a la semana a podar y cultivar él mismo las muchísimas plantas, flores y árboles que ahí hay. Esta afición la heredó de su abuelo, quien fue el que diseñó este parque inspirándose en los Jardines de la Granja en España. Como cuenta, desde chico fue hiperactivo y como una manera de liberar su energía, sus papás lo mandaban de ojotas y de pala a que trabajara en el jardín. Ahí le tomó el gusto a la naturaleza y a través del tiempo ha ido apren-diendo más sobre este tema. Arquitecto frustrado, varias veces ha dicho que le hubiera encantado estudiar esa carrera pero que al final se inclinó por las leyes. Por lo mismo, en este terreno ha podido desarrollar esa afición. Por ahora está abocado a plantar nuevas especies de árboles y combinar los tantos olmos que hay con ginkgo bilobas, pinos y tilos. A esto hay que sumarle su preocupación especial por las rosas, que no les despega el ojo y que, como confiesa, le encantan porque son "espinúas como las mujeres".

Ultra deportista, incluso en otros tiempos enseñó a boxear a los miembros de las Brigadas Rolando Matus y aunque él diga que sus huesos ya no lo acompañan, sigue siendo un ávido patinador y hockista. Por lo mismo, en el jardín hizo una cancha para estos deportes y cada vez que puede aprovecha de practicarlos con sus hijos y sus 12 nietos. “Me gusta la casa entera, sin distingo, porque es todo un ambiente, lleno de resonancias de mi niñez y que tiene que ver con mi idea de un país más caballeroso, donde entran las buenas maneras y el buen gusto sencillo. Aparte cabemos todos, con el batallón de niños. Cuando yo ya no esté, me gustaría que alguno de ellos se quede con la casa. Eso sí, el que tenga coraje para abordar este buque”.
 
 

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1 Comentarios 

juan moscoso
Publicado Miércoles 24 de Agosto, 2011 - 16:36 hrs.
Esa casa es una fantasía hecha realidad con sus hermosos jardines , su capilla , la rica arquitectura de la casa , sus arboles frutales , yo viví toda mi niñez en esa casa junto a mi abuelo que era el jardinero encargado de sus grandes jardines

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