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DECORACION


ED Nº 160, Enero / Febrero 2009
Días de Campo            

POR MAGDALENA BOCK // PRODUCCION IGNACIO PEREZ-COTAPOS // FOTOS ANA MARIA LOPEZ

Desde el año 76 en la historia de los Dodero Faúndez

Su color rosado terracota contrasta con el verde intenso del jardín, lo que la hace más linda aún.  

Todos en la terraza

Aquí van entrenando a los potrillos para el polo

En uno de los dormitorios

Coiffeuse y espejo de caoba de un anticuario en San Isidro.  

Blas

Quien, entre otras cosas, es el encargado de los asados.

Detalle del baño principal

Mueble de un anticuario de San Isidro adaptado a la modernidad.

Caballos de la Estancia Las Víboras

En uno de los dormitorios

Cama de hierro y veladores de un anticuario en San Isidro.

Mary y Carmen en la cocina

En uno de los dormitorios

Coiffeuse que también formaba parte original de la casa. Todos los géneros los compró Elsa relacionados con pájaros y animales.  

En el comedor

Maravillosa vista a la arboleda. La mesa y las sillas son de la casa de remates Henman, y la alfombra la compró Carolina Dodero en Marruecos.

Los caballos listos para el paseo

En el dormitorio de Elsa

Los muebles son de un juego que trajo la madre de Jimmy de París.

En el dormitorio de Elsa

Coiffeuse francesa antigua.

Una linda vista de la fachada de la casa

Guiga con su tenida de gaucho

En el pasillo que recorre varias piezas

Butacas que se encuentran en la casa desde que la decoró la madre de Jimmy Dodero y lámparas de mercados de las pulgas de Buenos Aires.  

Fanáticas del polo

Carolina, Sandy y Guiga, hijas de Jimmy Dodero y Elsa Faúndez, son fanáticas del polo y participan en todos los torneos de mujeres de Argentina.

Vista de la sala de juegos

Sandy con un precioso poncho

En el living

Sofás retapizados, mecedora antigua con cojín bordado petit point por Sandy y Elsa y alfombra de un bazar de Martínez, en Argentina.  

Pueden estar jugando polo en la cancha de su propia casa un día martes o galopando a campo traviesa toda una tarde. Las hermanas Dodero están a cargo de la Estancia Las Víboras, un maravilloso campo ubicado a dos horas de Buenos Aires, que transformaron en una casa-hotel y que permite disfrutar por algunos días de un verdadero campo.

De víboras, nada, solo el nombre. Sandy y Guiga, hijas de Jimmy Dodero y Elsa Faúndez, la ex modelo chilena que será recordada siempre como la musa del gran Yves Saint Laurent, no pueden ser más adorables, dulces y cálidas. De su madre heredaron no sólo las piernas y una elegancia innata para caminar, sino que también la sencillez y, sobre todo, la autenticidad. Aquí no hay nada pretensioso, ni sus dueñas, ni la casa, ni la decoración, sorprendente considerando su historia y la vida que han tenido... Pero vamos por parte.

La estancia se llama Las Víboras simplemente porque por ella cruza un arroyo que, visto desde el cielo, tiene la misma forma de una serpiente. Son 10.000 hectáreas, ubicadas a 230 km de Buenos Aires, camino a Mar del Plata, en la ciudad de Dolores, que forman parte de la reserva natural de la Bahía de Samborombón. Un campo maravilloso, único, con una gama de verdes sorprendentes, pequeños bosques de tala, pastizales infinitos y un cielo majestuoso, que en la noche parece venirse encima con sus constelaciones y estrellas que lo harán sentirse mucho más cerca de la luna.

Aquí viven todo tipo de animales, manadas de ciervos, jabalíes, carpinchos, ñandús, y más de cien especies de aves. Además, los Dodero tienen una producción de cría de ganado Angus (para que se haga una idea, son alrededor de 8.000 vientres), y lindos caballos de polo.

La casa tiene su propia historia. Parte de ella fue construida en 1820, con una arquitectura rioplatense, ventanales grandes y galerías de estilo criollo, y una fuerte influencia italiana en sus molduras, y en su color, un rosado terracota que contrasta con el verde natural del paisaje. Otra ala fue proyectada en 1947.

Cosas importantes pasaron entre sus muros. Se firmó el Primer Tratado de Paz de Dolores (1839), y vivió durante 4 años el gobernante Juan Manuel Ortiz de Rosas. Pero todos los recuerdos acumulados durante años por esta familia superan cualquier evento histórico.

Jimmy Dodero se casó en 1976 con Elsa Faúndez y juntos le dieron nueva vida a esta casa. “Llegamos al terreno en avión y era todo un desastre", recuerda Elsa, “yo le dije a Jimmy, no me traigas nunca más a este espanto, pero él arregló el lugar y remodeló la casa completa, y cuando estuvo lista, me dijo ahora sigues tú. Me demoré tres años en ambientarla. Restauré los pocos muebles que se podían salvar. Compré un montón de lámparas de lágrimas, las mandé a limpiar y a electrificar, mucho lo fui encontrando de a poco en distintos anticuarios de Buenos Aires y también aprovechaba cada viaje a París para traer láminas, adornos, lozas y hasta el género de las cortinas, ¡500 metros de un estampado de pájaros francés!", nos cuenta Elsa con su particular sentido del humor.

Durante muchos años, este matrimonio, que tuvo tres hijas, Carolina, Sandy y Guiga, pasaban seis meses viviendo en Argentina y seis en Francia. Mientras estaban en Buenos Aires, “las niñitas", como les dice su mamá hasta hoy, iban al Colegio Americano y pasaban muchos fines de semana y largas temporadas de verano en Las Víboras. Todas aprendieron a montar en un maravilloso pony que ahora tiene 34 años y sigue en pie, después nadie las bajaba del caballo, andaban a pie pelado todo el día, corrían, jugaban con los hijos de los cuidadores y trabajadores del campo que son sus amigos de siempre… Nada más diferente a la vida del resto del año en París, donde estaban bajo el cuidado de una niñera inglesa y una profesora particular que les enseñaba desde inglés y francés hasta matemáticas y ciencias naturales.

Tiempo después dejaron el París de la pampa para trasladarse definitivamente a la capital francesa y las tres hijas de Elsa, acostumbradas a la libertad del campo, fueron inscritas en un elegante colegio, donde ellas, que siempre lo habían tenido todo, pero bajo la educación ultra sencilla de su madre, se sintieron automáticamente fuera de lugar. ¨Era un colegio de la alta sociedad¨, recuerda Guiga, ¨todo con mucho protocolo, nuestras compañeras de un snobismo total. Todas las mañanas las iban a dejar en Rolls Royces o Ferraris, en cambio nosotras nos íbamos caminando para hacer un poco de ejercicio, lo encontraban espantoso, hasta nos preguntaban si en nuestro país la gente se vestía con plumas, como si fuéramos puros indios¨. Típico.

Dos años más tarde se murió Jimmy Dodero de un paro cardíaco mientras jugaba polo, y durante muchos años Carolina, Sandy y Guiga se turnaban para pedirle a su mamá que volvieran a vivir al campo. Una iba los lunes, miércoles y viernes, otra los martes y jueves y otra los domingos. El 28 de febrero del 96, por fin Elsa anunció que exactamente en un año más dejarían París. Y así fue, el mismo día del 97 regresaron a Argentina, específicamente a su finca en Mayling, donde viven en la actualidad.

Terminaron el colegio, comenzaron a aprender polo y a participar en diferentes torneos de mujeres. Un año, como siempre en julio, fueron a París (donde van felices, pero de vacaciones), y la secretaria de su padre, Guishlaine Natoli, que todavía trabaja para la familia, vio fotos de Las Víboras y les dio la idea de darle un giro más turístico.

Carolina, la mayor de las hermanas, quien estudió agricultura, quedó encargada de toda la parte agropecuaria del campo en Dolores, mientras que las dos menores asumieron este nuevo desafío y transformaron la antigua casa en un pequeño hotelito de ocho habitaciones. Durante ocho meses le hicieron arreglos, respetando su estilo original y tratando de que siguiera siendo “lo más casa posible¨. Luego la fotógrafa Ana María López, autora de todas las imágenes de este reportaje, las ayudó con las fotografías de la página web y el catálogo, a través de las que promocionaron el lugar en distintas partes del mundo. Lo que han hecho en Las Víboras es increíble. Estas “niñitas” tienen veintitantos años y todo un mundo bajo control.

Desde que inauguraron su proyecto, hace tres años, han venido turistas europeos, norteamericanos, argentinos, hasta de Pakistán, Turquía y Sudáfrica, a pasar verdaderos días de campo. Reciben a grupos de mínimo cuatro y hasta doce personas durante tres días o más, y además de hacer cabalgatas por sus miles de hectáreas, o paseos en canoa por la laguna, le muestran a sus visitantes toda la rutina de un día normal en una estancia de lujo como ésta: esquila de oveja, enlazar y marcar ganado, curaciones y tacto de animales, entrenamiento de potrillos para el polo, asados de cordero preparados por Blas, un auténtico gaucho argentino, que se viste con su traje elegantísimo y un cinturón de monedas de plata y oro que ha ido coleccionando durante toda su vida.

Prepárese para engordar en Las Víboras. Por lo menos el fin de semana que nosotros estuvimos la comida fue muy abundante (“apetito de alojado”, como dice un amigo). Llegamos un viernes tardísimo y nos esperaba un aperitivo exquisito, fettuccinis hechos en casa y un postre con helado de manjar, también preparado por Mary y Carmen, encargadas de la cocina.

Casi todos los productos vienen del mismo campo, la carne, la leche, los huevos, la miel y toda la fruta y verdura es de la huerta que tienen en Mayling, donde cultivan de todo. Elsa Faúndez organiza durante todo el año la preparación de las más variadas mermeladas, de frutilla con romero, de zapallo y las más tradicionales.

Sandy y Guiga están conectadas como si fueran hermanas gemelas, ¨no nos hace falta ni hablar¨, nos cuentan mientras recorremos el terreno. Ellas, además de manejar el campo, están “muy motivadas” con el polo, participan en todos los torneos de mujeres (y ganan en bastantes), tienen una banda de música y desde hace seis meses van a clases de tango todas las semanas (y no se pierden milonga). Acompañan siempre a sus clientes a la estancia y reciben a gente todo el año, verano e invierno (las piezas con chimenea no pueden ser más acogedoras), sólo cierran en julio para sus sagradas vacaciones en París con toda la familia.

Ahí se ponen al día con sus amigos y viajan mucho. Un año cambiaron de rumbo y partieron las dos hermanas a Costa Rica. Fue tanto lo que les gustó que Sandy se quedó recorriendo Latinoamérica durante dos años. “Esa fue mi época hippy”, nos dice.

Pero definitivamente todavía donde más les gusta estar es en el campo, y tienen toda la razón. Después de un día de cabalgata, asado de cordero, piscina y siesta, terminar contemplando desde el living la maravillosa arboleda puede compararse con pocas cosas tan agradables. Es un panorama de “lujo”, relajado y exclusivo, que lo ayudará a desconectarse y a pasar auténticos días de campo, como los de antes. 

Informaciones en www.lasviboras.com.ar, Guiga: +54 11 4049 7352, Sandy: +54 11 4027 6224, Buenos Aires – Argentina.
Consultas y Reservas: Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla
Tarifas: US$ 270 o US$300 diarios (dependiendo de la habitación), con todo incluido (actividades, cuatro comidas, vinos y tragos). Los menores de 10 años pagan US$ 210.



 

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