El Director
POR MAGDALENA BOCK // FOTOS VICENTE GARCIA MEKIS
En el livingSillas Luis XVI en terciopelo de B&E y sofá Luis XVI tapizado en una lona de Le Cotonnier. Cuadro de Francisco Bustamante y polaroid de Carlos Eguiguren.
  En el living-comedorMesa de mármol Tulip y sillas Tosca de Driade de Interdesign, mueble de laca turquesa de Orlando Gatica y fotografIa de Fabiola Narváez.   En el muroTríptico de Halston retratado por Christopher Makos. La mesa de centro es de vidrio pintado blanco de Mondó.   En otro ángulo del estar-escritorioCama colonial americana siglo XIX y, en el muro engenerado en franela gris, dibujos de Francisco Bustamante y fotos antiguas enmarcadas por Alvaro Sierro.   En al cocinaTodo el equipamiento, encimera, campana y lavavajillas, es de Fagor; Mesón isla de mármol, jarrones Isabelinos y dibujo de Edmundo Searle. Silla interdesign.
  Gran vista general del living-comedorButacas Luis XV, alfombra china de Ignacio Larraín y, banqueta Luis XIV hecha por Cristian Donoso y tapizada con una gamuza tipo cebra de Rafael Hurtado.   Dormitorio engenerado en terciopelo de Le CotonnierMesa de madera y mármol Luis Valdés Freire, sillones de gamuza Mondó, gran estantería de Maria Teresa Ulriksen y grabado de Alfredo Echazarreta.   En el dormitorioCama con respaldo capitone hecho a medida.
  El baño Es de mármol negro de Atika con un mueble de laca dorado diseñado especialmente por Orlando Gatica.  
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ED. La E es por Estilo de vida, la D por decoración, pero aquí falta una tercera letra, la I, de Ignacio Pérez-Cotapos, el creador, la columna vertebral y el alma de esta revista (bueno, con la ayuda de nosotros eso sí). Para este aniversario fotografiamos su departamento en El Golf.
Sencilla la cosa, no es. No es sencillo escribir de él, lo conocemos demasiado, lo queremos más todavía. Tampoco es sencilla la casa (no pues Ignacio, no es), los muebles son buenos, también los cuadros, fotografías, adornos... No hay nada busquilla y poco o nada de mall. No es sencillo el clóset, hay mucho de todo y todo es bueno, parece que la ropa fuera nueva, pero aunque algo de esto hay, la mayoría son trajes, zapatos y camisas de muchos años, traídos de no sé dónde, heredados de su papá o mandados a hacer en el sastre, donde va todos los sábados en la mañana con la misma regularidad que un católico va a misa los domingos. Bueno, tiene hartas de estas rutinas, la subida al cerro en bicicleta los fines de semana, las comidas en el Miraolas, su restorán preferido, los almuerzos en el Happening bien seguido, los martes en la casa de su mamá y el resto de los días en su casa, donde se come mejor que en ninguna otra parte –“Ay Magda lo mismo de siempre”, lo estoy oyendo, pero lo mismo de siempre no siempre está tan rico como acá–, las escapadas diarias a la Madame Pompadour...
Y sencillo no es el personaje, para qué estamos con cosas... No deja pasar una, porque se da cuenta de todo, es como una radiografía humana, es intenso para querer y para no querer, no soporta la siutiquería (aunque a veces él se encuentra un poco siútico) ni el doble estándar, es mañoso y dice lo que piensa, sin anestesia. Pero quien se quedó sólo con esta parte de la historia, sencillamente se perdió a una persona única en su tipo, de esas que llegan hasta el fondo de quienes los conocen y se quedan ahí para siempre.
Trabajar y ser amiga de Ignacio, sobre todo en este país, es como estar conectado a una máquina de oxígeno. No hay nadie más auténtico, es un libro abierto, poco o nada de prejuicioso, cero enrollado, peligrosamente generoso, tiene un gran sentido del humor (no es el chistosito que echa la talla, va al hueso) y una mirada de las cosas moderna, sincera, buena. Por eso, aunque se atreva a decir lo que nadie se atreve, las peores barbaridades, la gente lo adora, tiene un gran grupo de amigos, de todas las edades, de todos los estilos.
En su departamento con vista a las canchas del Club de Golf se produce un fenómeno más o menos parecido, quien se quedó sólo con la apariencia también se perdió un lugar cero estirado, donde todo se usa sin miedo, donde se puede echar con zapatos sobre el gran sofá en L de terciopelo, donde varias veces se come en la cocina y donde siempre se pasa bien. Es bueno para hacer comidas, empieza invitando a dos personas y termina poniendo la mesa para diez, pero igual hay champagne helado para todos y la fuente de ñoquis, hecha en la casa por la Rosa María, siempre alcanza.
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3 Comentarios
Sin embargo, me parece q tambien deberia incluir decoraciones menos elitistas, menos convencionales, menos"establishment", las q son validas tb ,y por cierto mas nutricias. Salir un poco mas del triangulo " club de golf- zapallar-pucon", por asi decirlo.Creo q a la revista le aportaria mucho incluir regularmente alguna pagina con la historia o vida de personas q hayan inlfluido en el gusto o decoracion en este pais, o q hayan sido referentes de estilo como Eugenia Huici,Enriqueta Petit,Herminia Yanez por ej.En otras palabras hacerla un poco mas profunda y verdaderamente elegante.
Podrian informarme dónde puedo conseguir la mesa tulip ovalada con cubierta de marmol como la de la foto?
Miuchas gracias;
son de gran calidad
felicitaciones !