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DECORACION


ED Nº 209, Julio 2012
El gran escape 
 

POR MARIA JOSE NAZAR // FOTOS FERNANDO GOMEZ

En el living

El sofá gris y los dos sillones fueron mandados a hacer por la pareja a partir de diseños propios. La mesa de centro fue regalo de la hermana de Benjamín.

La fachada de la casa

Fue revestida con planchas de zinc V5.

En el hall de entrada

Mueble heredado por Andrea, lámpara de Hugo Grisanti, cuadros de Francisca Uribe y papel mural de NicSolución.

En la salita de estar

Cuadro de Francisca Uribe, sofá diseñado por ellos, mesa reciclada y los pouf fueron regalo de un amigo.

Una vista a la terraza y al jardín

Que limita con la cancha de golf.

Para la cocina

La pareja pensó en muebles que siguieran la misma línea moderna de la casa. Puertas blancas de suelo a techo con tiradores escondidos dan orden a este espacio.

La cocina

Es uno de los lugares más disfrutados por la familia.

Andrea y Benjamín en la cocina

Llevan años en la organización de eventos, Benjamín como banquetero y Andrea como diseñadora, un trabajo en el que se complementan.

En el comedor

Las sillas las rescató hace muy poco tiempo de un remate y la mesa es de la oficina de Benjamín.


Así es su casa en Chicureo para el banquetero Benjamín Johnson y su familia. Con una impresionante vista a la cordillera, una cancha de golf como vecina y una tranquilidad imposible de encontrar en Santiago, es el mejor lugar donde esta familia se puede refugiar.
 

Es lunes cerca del mediodía y Benjamín Johnson se pasea con calma por su casa. El sábado tuvo el último de los eventos de la temporada y, siguiendo con su política, el lunes no trabaja. Los fines de semana del banquetero y también de su señora y socia, Andrea Queirolo, han sido siempre intensos. Además de la organización, dedican buena parte de su tiempo a sociabilizar, un tema fundamental en este rubro. Pero están acostumbrados: hace años que están dedicados a la banquetería e incluso se conocieron trabajando de mozos para Juan Pablo Johnson.

En esa época Andrea estudiaba diseño, mientras que Benjamín ayudaba a su hermano en lo que podía. Se casaron tiempo después e inmediatamente se fueron a vivir a La Serena. Incursionaron en la gastronomía con un restorán, pero a Benjamín nunca lo dejaron de llamar desde Santiago para pedirle que se hiciera cargo de distintos eventos. Finalmente y después de cuatro años, la familia decidió volver a la capital.

Al llegar, se instalaron en Huechuraba mientras pensaban en la construcción de su casa definitiva. El lugar elegido fue un terreno que el papá del banquetero le dejó como herencia en Las Brisas de Chicureo. Aunque Benjamín no es fanático del golf, lo cierto es que el paisaje y la tranquilidad fueron argumentos más que suficientes para terminar de convencerlos.

Del diseño de la casa se encargó su suegro, Hugo Gaggero. No sólo fue una elección por cercanía, sino también para aprovechar el talento y la gran trayectoria del arquitecto, quien entre otras cosas estuvo detrás de la construcción del antiguo edificio Diego Portales y de las Torres San Borja, y de recibir en el 2009 el premio Obra Bicentenario por la Escuela Naval Arturo Prat de Valparaíso, como miembro del equipo de arquitectos a cargo de la obra. La pareja tenía más o menos claro ciertos aspectos, como la distribución que necesitaban para ellos y sus dos hijos, además de una estructura de fierro y rodeada por harto vidrio. Pero fue Gaggero quien pensó en ideas tan originales como elevar la casa, revestirla en planchas de zinc v5 y en crear una pasarela a su alrededor.

De su construcción se hizo cargo Benjamín en persona. Fue él quien armó una cuadrilla, compró hasta el último de los clavos y supervisó cada uno de los avances, apoyado por el arquitecto y el jefe de obra. En 10 meses terminó la casa, que entre otras cosas tiene una cómoda sala de estar, un living y comedor con una envidiable vista a la cordillera y una cocina con todo el espacio necesario para que el banquetero se luzca con sus dotes culinarias. Esta última, con muy buena iluminación natural gracias a que cuenta con grandes ventanales que dan a un huerto diseñado por Andrea, quien además es paisajista. Matas de ají, albahaca, romero, ruda, cebollín, cedrón, zapallos italianos, lechugas, frambuesas y frutillas fueron algunas de las hortalizas elegidas.

Del jardín obviamente se encargó Andrea. Para la entrada, eligió mandarinos, limones, agapantos, lavandas, viburnos y juniperus, todos arbustos de distintas texturas y colores para darle movimiento a los macizos. Mientras que el jardín lo pensó con harto pasto para “prolongar la cancha de golf”.

En la decoración, los dos son igualmente responsables. “Nos complementamos bien para las elecciones”, cuenta Benjamín. La idea, según explica Andrea, fue hacerla acogedora y bien colorida para compensar la arquitectura moderna de la casa. Gran parte de los muebles los han mandado a hacer ellos mismos, aprovechando los buenos datos de Andrea. Como pasó con el sofá del living, recién estrenado y que fue fabricado en base a un modelo que vieron en otra parte. Otros, en cambio, han sido heredados, reciclados e incluso rescatados de la oficina de Benjamín, como la antigua mesa de madera del comedor y las sillas chivari doradas que acaban de ser reemplazadas por otras que encontró en un remate. El banquetero reconoce que han ido avanzando de a poco y que están en pleno proceso.

Sea como sea, para esta familia la casa estuvo lista para ser disfrutada desde el primer día. Los fines de semana que no trabajan, aprovechan y hacen sus propios “eventos” con la familia o amigos. “Muchas veces tenemos entre 20 a 30 personas aquí, todo muy relajado… es una casa abierta para pasarlo bien”, dice Benjamín. Y cómo no va a ser así, si sus invitados tienen asegurada buena comida, excelente música y a los mejores anfitriones que se pueda tener.
 
 
 
 

 
 

 

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