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DECORACION


ED Nº 192, Mayo 2011
En primera persona 
 

POR MAGDALENA BOCK // FOTOS ANA MARIA LOPEZ

En primera persona

Catalina sobre una banqueta de El Sotano. Al fondo, Chesterfield del mercado de las pulgas y obra de Aninat & Swinburn titulada In Contemplation.  

En el comedor

Mesa Art Decó lacada negro de la Feria San Telmo, sillas Phantom, lámpara americana y fotografia de Aninat & Swinburn.

Comedor

En el living, mesa de centro

Originalmente un comedor de El Sótano al que Catalina cortó las patas; sillón antiguo del mercado de las pulgas y espejo Art Nouveau.

La cocina

Fue lo más difícil de llevar a cabo porque era larga y angosta y Catalina queria tener un mueble isla.

Baño principal

Es de mármol con piedra de Brasil.

En el dormitorio

Muro de espejo antiguo, veladores comprados en un remate y lámparas Tizio.  

Gran walk-in closet

Fue lacado completamente en negro.


Hay mucho de sus dueños en este lugar. No es  convencional y ellos, de típicos, no tienen nada. La artista Catalina Swinburn y el polero Jaime Garcia-Huidobro son una pareja de revista y su espectacular departamento en Buenos Aires les viene como anillo al dedo.
 

"Las fotos de mi departamento son las más lindas de todas”, dice con el entusiasmo que le pone a todo Catalina Swinburn cuando ya han terminado de fotografiarla a ella y a su espectacular departamento en Buenos Aires. Es bien argentina esa confianza en sí misma, el no tener miedo a decir que encuentra que su casa es fabulosa, ni que es la mejor de todas. Ella es chilena, hija del arquitecto Jorge Swinburn y de la decoradora Denise Kufferath, pero ya lleva 8 años viviendo en Buenos Aires, y, además del acento, también se contagió de este espíritu que le sienta de lo más bien. No cae mal, todo lo contrario, es simpática, auténtica, liviana. Su altura, su delgadez, su piel blanca, sus modales finos, eso puede caernos un poquitito mal, pero más por envidia que por otra cosa. Fue modelo durante muchos años, pero desde hace harto tiempo que está dedicada cien por ciento al arte –instalación, performance y fotografía–, junto a su socia, Tere Aninat. En eso también le ha ido bien. Viene llegando de una feria en Nueva York, está exponiendo en una galería en Lima, trabaja con otras galerías de Londres y París, y todos los años monta una exhibición en nuestro país. Este año será en la Fundación Collahuasi, en Iquique.

Junto a su marido, el polero chileno Jaime García-Huidobro, son los “cenicientos” del jet set bonaerense. Los invitan a muchas más fiestas y eventos de los que les alcanza el tiempo para ir, ella se arregla, se viste con ese estilo étnico-design que la caracteriza, pero antes de las 12 emprenden rumbo de vuelta a su casa. El polo es un deporte de mucha disciplina y constancia, y que además empieza temprano. Ella lo acompaña en todo. Fue por él que dejó Santiago, por él vive un tercio del año en Londres y por él se cuelga un collar de cuerno, como una cábala, para que le vaya bien en los partidos. “Nos tenemos a nosotros, somos bien partners, nos divertimos mucho… Juntos hemos vivido cosas diferentes y por lo mismo no somos una pareja convencional”.

La Catalina es una mujer que pisa fuerte y que, como ella misma dice, siempre consigue lo que quiere. Y así fue con este departamento francés, amplísimo, de 4 metros de altura, en uno de los barrios más chic de la ciudad. “El jefe de mi marido me había encargado que le buscara un lugar donde vivir que estuviera ‘llegar y entrar’. Me dieron este dato y apenas lo vi dije bueno, esto es para nosotros. Automáticamente pensé cómo lo iba a poner, cómo lo íbamos a vivir, me gustó su pasillo interminable, que toda la casa se pudiera apreciar en su longitud, también su altura y su distribución poco común. No teníamos la necesidad inminente de mudarnos, así que convencí a la señora que vivía ahí de que me lo vendiera dándole la posibilidad de tener casi un año para entregarlo”.

Ubicado en calle Libertad, esta construcción de los años 20 era originalmente una sola casa que luego fue transformada en cinco amplios departamentos, todos diferentes entre sí, pero de muy buena estructura y terminaciones. Por lo mismo este matrimonio no tuvo que hacer grandes cambios, sino que renovar ciertos espacios. “Soy una admiradora de la arquitectura de mi papá”, dice Catalina, “así que él nos hizo el master plan. Como con los años he aprendido que no se puede hacer nada sin asesorarse por profesionales, le pedí al arquitecto joven Federico Papandrea que se encargara de la obra. Es difícil el tema de la construcción en Argentina, son muy informales, pero con él todo resultó perfecto, quedamos amigos e incluso hemos seguido trabajando juntos en algunos proyectos. El se ocupa de la arquitectura y yo hago una asesoría artística. Lo mismo hago en decoración con mi amiga Daniela Galito”.

Entre los cambios, tiñeron negro el piso de madera, modernizaron la cocina y los baños y aprovecharon la amplitud del pasillo para hacer una sala de estar y, en el dormitorio principal, un gran walk-in closet.

Se cambiaron con un colchón y dos sillas. Nada más. El resto fue llegando de a poco, el 50 por ciento de mercados de las pulgas, la Feria de San Telmo, objetos restaurados descubiertos al azar… “Soy muy busquilla. Tengo la influencia de mi papá en rescatar siempre la nobleza de los espacios y de mi mamá el minimalismo. Soy un subproducto de ellos, siempre los vi persiguiendo la estética, pintando un muro, cambiando de lugar un mueble los fines de semana… Todo eso te entra por osmosis”.

Jaime también tiene la influencia de su mamá, la galerista Isabel Aninat, creció rodeado de arte y hasta hoy lo primero que hace en un lugar es colgar los cuadros. “Tiene muy buen gusto”, dice su mujer, “valora que todo esté lindo, ordenadito, bien hecho. El no se va a ocupar de algo, no lo va a ejecutar, pero pone la nota de seriedad, sabe dónde cortar. Yo soy demasiado entusiasta y él es como un cable a tierra”.
Toda la ambientación del lugar es el resultado de un “recorrido de vida”, de sus viajes, de las muchas personas que han ido conociendo en diferentes lugares, del arte de Catalina... “Muchas veces cuando alguien entra lo encuentra raro, un poco escénico, diferente. No es una decoración común, pero a mí me sale natural hacerlo así”.


 

 

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