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DECORACION


ED Nº 175, Marzo 2010
Enchapado a la antigua
 

POR MARIA JESUS CARVALLO // PRODUCCION IGNACIO PEREZ-COTAPOS // FOTOS VICENTE GARCIA MEKIS

El living

Está lleno de objetos antiguos, así como materiales y detalles encontrados en demoliciones, como las puertas que fueron hechas por el dueño de casa. El muro es de piedra de la zona de Alhué, el licorero francés y las sillas del fondo son iguales a unas que hay en la casa de Pablo Neruda.

Esta casa fue hecha hace sólo 16 años

Aunque parece como si hubiese estado enclavada ahí hace más de 100. Tiene "olor a antiguo" –como dicen sus dueños– y desde la arquitectura hasta la decoración siguen esa idea.   

Sobre el sillón

Cuadros del pintor español Martin, el reloj es suizo comprado en un campo y la mesa de centro fue hecha con restos de algunos mobiliarios de la mamá de Guillermo que se destruyeron en el terremoto del 85.

Sobre la chimenea

Casitas de música inglesas y cuadro pintado por su mamá y en el que se lee un poema de Neruda.  

No se botó ninguno de los árboles del sector

En el comedor

El cuadro, pintado por un norteamericano, fue regalo de un amigo.

El bar

Fue hecho con un mesón antiguo de la Botica Huérfanos.

Cocina

Es uno de los lugares más lindos de esta casa. Los muros y los pisos son de Baldosas Córdova y muchos de los objetos fueron comprados en demoliciones y farmacias antiguas.

El lavatorio es parte del baño principal

La cómoda es parte del baño principal

Silla

Es parte de un juego de muebles que eran de la mamá de Guillermo.  

En medio de pinos, eucaliptos, palmeras y una preciosa vista al mar, Guillermo Arthur construyó el proyecto de su vida: una casa de campo antigua inspirada en las de Normandía, muy cerca de la de sus papás y sus hermanos y con todo lo necesario para olvidarse del estrés.

El dueño de esta casa es como sacado de una novela épica. Un personaje enchapado a la antigua, que muere por la buena mesa, las conversaciones entretenidas, las historias con cuentos antiguos, la lectura bajo los árboles y los paseos eternos en un coche que restauró y que tiene siempre listo con los caballos ensillados.

Guillermo Arthur tiene harta personalidad, le gusta hablar y reírse fuerte, es sociable y le encanta estar lleno de gente, pero cuando le dijimos que queríamos hacerle un reportaje a su campo en Santo Domingo se complicó un poco. Por su trabajo –un importante cargo en el mundo de las AFP– está acostumbrado a los periodistas, a las cámaras y grabadoras, pero cuando el tema es su vida privada y su casa, prefiere mantenerse a raya.

Finalmente primó su esencia y terminó contándonos la historia de este lugar de principio a fin, desde que sus antepasados compraron este fundo hasta cuando junto a su señora decidieron armar la casa que siempre soñaron.

Ubicado a pocos kilómetros de Las Brisas, entre cerros sembrados de trigo, árboles enormes y una preciosa playa con estero y laguna, el fundo El Peumo tiene tantos años como anécdotas de siglos pasados. Cuentos como que los primeros dueños paseaban en coches recorriendo las praderas o que bajaban a la playa en trineos tirados por bueyes y se daban “baños de mar” tan vestidos que casi no se sacaban ni los zapatos.




 

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