Hasta que en 1941 don Ladislao Errázuriz y su señora Blanca Pereira decidieron empezar una nueva historia. Compraron estos terrenos para instalarse y hacer crecer la familia. Fue así que en medio de estos parques preciosos nacieron sus hijos, se casaron, de a poco se fueron construyendo sus propias casas. Hoy no hay feriado, fin de semana o día del verano que no se junten a aprovechar al máximo este proyecto.
Entre ellos está el nieto Guillermo o Willie, como todo el mundo lo conoce, quien desde muy chico tuvo claro que El Peumo sería donde “echaría sus huesos”. Incluso cuando se puso a pololear con la que hoy es su señora planearon juntos esta casa y eligieron levantarla justo donde antiguamente estaba ese pequeño refugio de los primeros fundadores en el que, como dicen algunos, además de guardar los trineos para bajar a la playa, se dormía la siesta luego de las largas caminatas a caballo.
Después de viajar por varios rincones del mundo, de conocer culturas antiquísimas y de ver algunas de las playas más lindas, este matrimonio se decidió y eligió este campo para levantar la casa de sus sueños. Inspirándose en el estilo de las construcciones francesas de Normandía, Guillermo le encargó al arquitecto Patricio Díaz y al constructor Orlando Mesa que le ayudaran con el diseño, quienes, con harto ingenio y buen gusto, siguieron al pie de la letra cada “locura” –él mismo dice– que se le fue ocurriendo en el camino. “Soy un enamorado de este campo y quería que mi casa tuviera mucho sentido. Más que pensar en lo práctico y en que todo fuera tan funcional, privilegié los ambientes acogedores y con recuerdos, sin descuidar la sencillez y olvidando las estridencias y las pretensiones. Creo que lo logré, y lo que más me gusta es que quedó como si hubiese estado ahí de siempre, hasta con ese olor a antiguo”.
Entrar a este lugar es como transportarse al siglo pasado, a otro mundo, a un espacio oscuro pero acogedor, donde todo lo que se ve fue elegido especialmente por el dueño de casa. Con el porte justo y llena de rincones con historia, aquí no hay nada country y todo es bien sencillo. Se nota el buen gusto, y desde que uno llega hasta que se va, el olor a madera antigua no deja de estar nunca presente.
Coleccionista y amante de la decoración desde mucho antes de casarse, Guillermo tiene mundo y un ojo entrenado para armar espacios. Buscando entre demoliciones encontró varios de los objetos y materiales que hoy están en este lugar, y confiesa que un poema de Pablo Neruda es lo que mejor ejemplifica la forma como le fue dando vida a esta casa. “Yo construí la casa, la hice primero de aire, y luego colgué del aire la bandera... Después me dirigí a las puertas, esas que habían muerto y les dije vengan puertas, que les daré nuevamente mano que golpee…”
Ya han pasado dieciséis años desde que partieron las construcciones y en este tiempo no hay día que no hayan gozado, descansado y se hayan muerto de la risa junto a sus niños y todos sus amigos. Famoso por lo buen anfitrión, Willie siempre se encarga de que no falten los panoramas, organizando desde paseos en coche, caminatas a caballo, asados en el quincho, hasta exquisitos aperitivos en el living con la chimenea de piedra prendida y buena música de fondo.
Entre sus muchas entretenciones está leer un buen libro o instalarse a conversar por largo rato. También le gusta la cocina y tal como su hermano Pancho –que es su vecino en este fundo–, le gusta estar permanentemente buscando recetas, investigando ingredientes y pensando qué platos nuevos les va a tener a sus próximos invitados. Eso sí, reconoce que no sería nadie sin la ayuda de la Ana, su nana de toda la vida, quien le lee el pensamiento y tiene una mano increíble.
“Siempre quise una casa que evocara las imágenes y hasta los olores de mi infancia. Me gusta que sea un lugar abierto, donde mis hijos tengan la libertad de convidar a los que quieran y el panorama sea sólo pasarlo bien. Mi sueño es que el día de mañana ellos puedan construirse sus casas al lado de la mía, y así seguir con esta tradición que ya es tan propia de esta familia”.
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