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ED Nº 180, Julio 2010 |
English touch
POR MARIA JESUS CARVALLO // FOTOS ANA MARIA LOPEZ
Conocido por ser el empresario gourmet detrás de Coquinaria, Kevin Poulter nos demuestra en su casa que el dicho "cuando los ingleses hacen algo, lo hacen bien" se cumple perfecto.
Nadie diría que este hombre era tan mañoso de chico, podía pasar horas frente a un plato servido y su papá no se movía de su lado hasta que terminara la última cucharada. Hoy ha pasado el tiempo y aunque sigue igual de flaco y exigente, descubrió en la cocina su gran pasión, transformándose en un chef experto que se ha hecho conocido en Chile por sus restoranes y también por ser una de las cabezas creativas detrás de Coquinaria.
El inglés Kevin Poulter no se saca la chaqueta, las colleras o la corbata ni siquiera el domingo (es raro verlo tan sport en esta foto), es un maestro del spanglish, de lo que está más que orgulloso porque cuando llegó a Santiago no hablaba ni una pizca de castellano, y no se pierde su five o'clock tea esté donde esté, por muy importante que sea la reunión o trámite que tenga programado.
Lo de empresario le viene de siempre. Cuando estaba en el colegio vendía huevitos de chocolate y cada vez que podía se disfrazaba de cocinero para lucirse entre sus amigos con preparaciones hechas por él que repartía en los recreos. Más tarde y con título en la mano, fue gerente de algunos de los hoteles más lujosos de Inglaterra, tuvo la suerte de asesorar a la reina Isabel y a toda su familia en sus banquetes y fiestas, y estuvo a cargo del catering de Wimbledon, donde se las ingeniaba para armar toneladas de tostadas de salmón, mil litros de Pimm's –un trago local en el que se mezcla martini, gin, pepino y limón– y muchas otras exquisiteces para las más de 200 mil personas que llegaban diariamente a ver este campeonato.
Radicado en Chile hace casi una década, la primera vez que vino a nuestro país fue en 1996 para ver a una amiga que se había casado hace poco. Fue tanto lo que le gustó Santiago y lo sorprendido que quedó con la ciudad –pensaba que casi vivíamos en una selva–, que impuso este viaje como una tradición y durante varios años seguidos se repitió el plato y recorrió nuestras tierras de norte a sur. Hasta que llegó un minuto en que se vio sobrepasado con su trabajo en los hoteles, se cansó de solucionar problemas ajenos, de no tener algo propio, y tomó la decisión de viajar a Chile sin fecha de regreso.
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