Entre Matta y México
POR SOFIA ALDUNATE // FOTOS ANA MARIA LOPEZ
Encaramada arriba de un cerro, llena de sol y color, la casa de Carolina Tocornal y Gonzalo Subercaseaux es algo así como un homenaje al decorador Mario Matta con un toque mexicano.
Recién casados, la Carola y el Go conocieron México y literalmente rayaron con sus colores y contrastes, la arquitectura de Luis Barragán llena de luz, calidez, sol y muros “guatones”, como dice ella, y con la sensual obra de Rufino Tamayo. En ese entonces, 30 años atrás, vivían en Pirque y tenían la intención de venirse a Santiago, pero a un lugar que tuviera algo de campo, de cerro y de naturaleza: vital para la vida de ambos. Así comenzó una larga búsqueda con notas de “síndrome” para encontrar el lugar indicado donde asentarse (la Carola es sicóloga y reconoce que ambos tienen casi una patología naturalista). Tenía que ser en un cerro, dentro de Santiago, pero lo suficientemente lejos para poder sentirse todavía en el campo. Gonzalo es corredor de propiedades en toda la zona de Zapallar, uno de los primeros en aventurarse en este negocio décadas atrás, así que de terrenos, casas y valores sabe.
Finalmente dieron con este sitio de tres mil metros, encumbrado en La Dehesa, donde además de una vista panorámica a la ciudad, podían ver las vacas pastando en la loma del frente.
Después de rechazar dos proyectos, se quedaron con el del arquitecto Raimundo Lira, quien supo interpretarlos a la perfección: querían una mezcla entre rústico, moderno y cálido. “Nosotros teníamos la película muy clara, una casa arriba de la loma, llena de sol, espacios amplios y altos, pero sobre todo acogedores”.
Se vinieron de Pirque con un haya a cuestas y muchos muebles de Mario Matta. Han pasado casi 20 años y la casa sigue prácticamente igual, pero muy vigente y con un look lleno de carácter. Por fuera naranja y con algunos muros azulinos; en la entrada, paredes amarillas y piso de piedra de la cantera; en el living y comedor, un azul “blue jeans”, idea de su amigo Víctor Vial, y techos de concreto. “Ahora que lo pienso, tiene su gracia el haber mantenido estos colores todos estos años, quiere decir que estuvieron bien escogidos”, dice la dueña de casa.
La decoración es otro tema. Aquí marido y mujer sintonizan a la perfección, les gustan las mismas cosas y la Carola asegura que es casi como una terapia para ella. Tienen muy buenas cosas, la mayoría herencia de la mamá de Gonzalo, Eliana Pérez-Cotapos, quien tenía cosas realmente lindas. Gonzalo era hijo único así que recibió todos los muebles, cuadros, adornos y alfombras de su madre. Aquí Mario Matta, amigo de la familia, es el protagonista indiscutido porque casi todo es obra suya: los sofás originales, cómodas, sillas de comedor y lámparas son de este chileno, uno de los mejores decoradores que ha tenido nuestro país. El resto, “rayones” mexicanos de esta pareja como los ventiladores del living, regalos de matrimonio, muebles de Juan García de la Huerta, un par de cuadros de Diego José Fontecilla y un lindo retrato de Huidobro. En resumen: lo mejor de lo nuestro.