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Fuera de la Ley
POR BERNARDITA BRAUN // FOTOS VICENTE GARCIA MEKIS
Ignacia Herrera  Vista general del livingVista general del living, donde, a excepción de los muros celeste claro, casi todo es en tonos blancos. Sobre la chimenea, cuadro de Bernal Ponce y grabado de Matta, y en la pared de enfrente, obra de Benito Rojo   Otro ángulo del livingEn otro ángulo del living, el sofá, la escultura de madera y los dos cuadros fueron hechos por Diego Aigneren   En el living, sillas antiguas patinadas  En el living, sillas antiguas patinadas  Un detalle del comedor  Vista general del Living  ChaiseChaise longue rayado traído de España, arrimo mandado a hacer por la dueña de casa y, sobre él, lámpara Feruccio Laviani y cabeza de yeso   Diego y Clarita  Clarita  María Ignacia  Diego, Ema, Clarita y María Ignacia  Clarita 
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La casa del arquitecto Diego Aigneren e Ignacia Herrera es la clásica Ley Pereira, pero con un muy buen makeover. Su amiga y socia de la tienda de ropa Poupée, Bernardita Braun, nos cuenta su historia.
La mejor manera de presentar a la dueña de esta casa es decir que es de esas personas a quienes todo parece resultarles fácil. De hecho diría que su casa la encontró a ella y no al revés. Una amiga suya le contó que había una codiciada Ley Pereira en arriendo, en un barrio idílico, tranquilo y, sin ser caer en exageraciones, a cincuenta pasos de Poupée, la tienda de la que somos dueñas desde hace dos años y medio. Hasta ahí la acompañé para testificar la joya en bruto que tenía en sus manos. Después de algunos llamados telefónicos, noches de desvelo y un ultimátum de Diego Aigneren, su marido, firmaron, y automáticamente la añosa casita Ley Pereira salió ganando placé. Ella es diseñadora industrial; él un meticuloso arquitecto que acaba de abrir su propio estudio orientado al diseño innovador y ahorro de energía. Durante los siete años que vivieron en Marbella, España, Diego desarrolló importantes proyectos, que incluían desde condominios, hasta hoteles, para una oficina multinacional.
María Ignacia descubrió, como visual de Max Mara, su pasión por la moda y lo fascinante que resultaba mezclar colores y texturas. El pinta y hace esculturas en sus ratos libres, ella es fanática de las flores. Por eso no es raro encontrar preciosos arreglos de hojas que aquí le dan vida a todos los espacios de la casa.
Con ese background, era de esperarse que esta dupla se cambiara con una idea fija en mente: intervenir su nuevo hogar. Para ambos el concepto de arriendo venía automáticamente atachado al de makeover. Por eso, apenas tuvieron las llaves de la casa en la mano, lo primero que hicieron fue pintarla. Poco a poco, y sin un presupuesto desorbitado, combinaron su gusto por el diseño y la decoración, convirtiendo cada espacio en un lugar en el que dan ganas de estar. Le han ido imprimiendo su sello informal y cálido con algunos muebles contemporáneos y objetos de diseño, otros comprados en los mercadillos marbellíes o traídos de los viajes que Ignacia hace cada temporada en busca de las colecciones para Poupée. La gracia está en que han sabido mezclar todos esos hallazgos con curiosos adornos encontrados en Avenida Italia, el Parque de los Reyes y el persa Bío Bío.
Y es justamente ese mix lo que le imprime el carácter único a esta casa. Un lugar extremadamente agradable, en el que la preocupación no es un simple sustantivo y donde cada espacio es usado y aprovechado al máximo, incluso por sus dos hijas, Clara y Ema, que, acostumbradas al gusto de sus padres, transitan por ella sin ninguna restricción.
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