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DECORACION


ED Nº 165, Junio 2009
Genio y Figura     
 

POR SOFIA ALDUNATE // FOTOS ANA MARIA LOPEZ

Rómulo LIzana

Otra vista del espectacular comedor

En el comedor

Los muros están engenerados con brocato. La mesa es de caoba antigua, las sillas son todas distintas y el espejo es francés antiguo.

Retrato de Rómulo

Pintado por Sebastián Domínguez

En el dormitorio principal

Banqueta de Matta, par de lámparas chinas y muros engenerados con falla color oro. Las cortinas son de brocato.  

En otro sector del living

Sillones franceses tapizados con brocato español, cómoda Regencia francesa y, sobre ella, isabelinos de porcelana, reloj francés y pájaros del siglo XVIII.

En el living

Mesa de centro de cristal con estructura cromada diseñada por su hermana María Jesús. Sofá francés tapizado con brocato y los cojines de petit point. 

En un rincón del living

Sobre la mesa jarrones isabelinos de porcelana, par de loros italianos, fuentes de plata francesas y, en el muro, retrato italiano época Imperio.

En un rincón de su dormitorio

Mueble inglés con motivos chinos.

Escultura italiana de mármol

Escritorio francés

En la sala de juegos

Sillones franceses y pintura del interior de la Mezquita de Córdoba. Par de muebles italianos y, sobre ellos, cuadros de flores de la Escuela Española.

La terraza

Con bancos coloniales y cojines indios y mesa con cubierta de mármol diseñada por su hermana María Jesús.

Con un singular sistema, el departamento de Rómulo Lizana es lo más original, elegante, palaciego y rojo que se haya visto. El socio de la boutique Click vive de acuerdo a la elegancia y el glamour que buscan sus clientas.

En este edificio de Providencia es común ver a Manuel circular por las escaleras del sexto al séptimo piso con una bandeja perfectamente dispuesta y comida recién salida del horno. Lo que pasa es que su patrón, Rómulo Lizana, vive en dos departamentos independientes: en el del piso seis están los recibos, el comedor, el living, la sala de juegos y la cocina; y en el de arriba, su pieza, un escritorio, la sala de vestir y una cocina reservada exclusivamente para el desayuno. Un genial enredo que este hombre –uno de los socios de la clásica y elegante boutique Click– ideó para no tener que cambiarse a un lugar más grande. “Es como vivir de invitado en mi propia casa, cuando convido gente a comer, me voy junto con ellos, yo subo a “mi suite” al siete y ellos bajan al uno y al día siguiente está todo impecable”.

Buen amigo, querendón y sociable, esta casa está permanentemente llena de gente. Sumado a él, la Teresa y la Chaly (sus nanas de hace 15 y 28 años respectivamente), sus dos mozos, Manuel y Gerard, y Juanito, el poodle que heredó de su mamá, siempre hay algún invitado a almorzar o alguien llega de improviso: sus sobrinos, un hermano o alguno de sus 14 sobrinos nietos aparecen preguntando por el “Tata”. Siempre son bienvenidos, siempre la mesa está puesta para recibirlos y siempre Rómulo agradece la visita.

Para no complicarse, tiene todo un sistema organizado que funciona como reloj. En el comedor invariablemente hay seis puestos listos para la hora de almuerzo, cada uno de ellos con varias copas de cristal, base y cuchillería de plata, servilletas bordadas y almidonadas y una linda loza. Si llegan sólo cuatro, Manuel o Gerard sacan rápidamente dos puestos y si aparecen 12 se demoran dos segundos en poner seis más. La Teresa es la encargada del piso de arriba, de las camisas y de los arreglos de flores que todas las semanas le compra a Marlene en el Mercado de Providencia (los domingos Rómulo va y paga todas las cuentas pendientes). Como ella misma dice, Dios la premió con este don y por todos lados hay preciosos floreros. La Chaly cocina maravilloso y tiene un talento innato para la presentación: “Un charquicán siempre gana puntos cuando ella lo sirve, tiene un gran sentido estético”, reconoce el dueño de casa. En resumen: es como un verdadero palacio, en versión petit, con una atención de primera. Y él lo sabe y le encanta, de hecho asegura que es su gran lujo.

Aquí todo está exactamente igual que hace 20 años. El mismo brocato de las paredes, el tapiz de las sillas, las cortinas de siempre, las columnas laqueadas de toda la vida. Todo rojo, su color favorito, con toque dorados. Lleno de cómodas, secretaires, antigüedades, esculturas, figuras de pájaros, cuadros (sólo de flores o personajes), alfombras, porcelanas, recuerdos de viajes y regalos. Este lugar ha sabido resistir con milagrosa nobleza el paso de los años, los juegos de los niños (que se fascinan con los cojines), los innumerables eventos y las fiestas familiares (que siempre se hacen acá). Nadie se explica cómo el gato de porcelana del living todavía sobrevive, porque ha sido víctima de patadas y un sin fin de cojinazos. Contrariamente a lo que se pudiera imaginar, este lugar no es nada de estirado: todo es alegría, relajo y risas y su dueño es el gran responsable.

Este mismo espíritu reina en Click, donde hace más de 30 años visten a las mujeres más elegantes de nuestro país. Aquí las cosas son pensadas y confeccionadas para que duren toda la vida. Según Rómulo, la mujer chilena es muy elegante, nunca se viste de más, ocupa cosas que la acompañan durante años, son sobrias y discretas. “Es típico que cuando uno alaba alguna prenda que lleva puesta una señora ella responde la encontré en una liquidación y estaba botada. En cambio, frente al mismo comentario la argentina responde: Ay sí, se lo saqué a la modelo de la pasarela”.

En la tienda además de diseñadores, con Osvaldo Mendiburu –su socio y gran amigo– hacen las veces de consejeros, corredores de propiedades y celestinos de perros. “Soy un privilegiado, tengo una familia maravillosa y mi trabajo es un lujo. En Click funciona el mismo equipo hace muchos años, somos muy unidos y mis clientas son todas adorables. ¿Qué más le puedo pedir a la vida?”.

Fiel a su barrio de siempre, en Providencia Rómulo es conocido por todos. Los estacionadores de auto siempre le guardan un huequito a sus invitados; el banco, la notaría, la farmacia, el quiosco… todo le queda a un par de cuadras y una de las sucursales de la tienda a unos pasos. Además, su familia vive por los alrededores, de hecho, varios están instalados en su mismo edificio. Es por esto que este hombre no se complica si se le olvida el celular en el sexto y tiene que bajar en bata en la mitad de la noche a recuperarlo. Bueno, tampoco es cualquier bata, sino un elegantísimo ejemplar de seda que siempre está colgado en su pieza de vestir junto a las zapatillas de levantarse. Genio y figura hasta la sepultura.

 

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