Joven manos de tijera
POR MAGDALENA BOCK // FOTOS ANA MARIA LOPEZ
Tiene 25 años y once de experiencia. Ahora Christian Berlín inauguró su propia peluquería, Berlin Salon & Dealers, un segundo piso en una casa antigua, bien decorado, con mucha mezcla, arte contemporáneo y, lo más importante, donde puede confiar su pelo.
No hay caso con los argentinos. Tienen ese “no sé qué” para hacer las cosas que a los chilenos, por naturaleza, nos cuesta un poco más. Tienen un sexto sentido para decorar, saben mezclar, son más atrevidos para vestirse, para cocinar, para vivir... “No hacen las cosas con miedo”, dice Christian Berlín, dueño de la peluquería Salón Berlin & Dealers que se inauguró hace pocos días en Vitacura, y que propone un nuevo concepto para nuestro país.
El es argentino, y su peluquería y forma de trabajar, también lo son. Más que una peluquería parece una casa-estudio, como esas que se han puesto de moda en departamentos de Buenos Aires. El lugar es lindo, bien decorado, con buena música, nada de revistas roídas en la sala de espera –están suscritos a Wallpaper, I-D, Nylon, Colors y ED, además de otras como V o Esquire que traen de viajes–, buena iluminación, cómodos sofás chesterfield y sillones antiguos que compraron en mercados persas, sillas Tulipa en los secadores, lámparas de diseño, obras de arte contemporáneo de jóvenes chilenos en los muros, un laboratorio de color que funciona tras un vidrio para que los clientes vean cómo se prepara la tintura y, lejos lo más importante, buenos peluqueros, gente joven, con buen gusto, que disfruta lo que hace y que no trabaja encasillada por antiguas reglas de belleza.
Christian es peluquero desde los 14 años. A los 15 ya trabajaba en Giordano de las Galerías Pacífico, como mano derecha de Celia, la segunda más importante de esta cadena. Su abuela fue una modelo bastante conocida en Argentina y en su época le puso la peluquería a Hugo, en Recoleta. Junto a él este quinceañero se perfeccionó y aprendió lo que le faltaba por saber. No paró más.
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