La Belle Française
TEXTO Y PRODUCCION MICKY HURLEY // FOTOS ROQUE RODRIGUEZ
La escultora francesa Edith de Ginestet encontró en una casa en Bellavista el lugar perfecto para vivir y trabajar. Con grandes ventanales, aquí la luz llena de vida sus siluetas de resina.
Conocí a Edith a través de mi mamá hace catorce años, cuando llegó a Chile. En ese momento todavía no había comenzado a formarse como escultora en Santiago, pero igual emanaba esa esencia de artista. Innovadora, creativa e inteligente, uno siente que vive en un mundo aparte, uno que pertenece solamente a ella, que asegura su independencia, su libertad y desde el que percibe nuestro mundo como algo ajeno, relacionándose con él a través de su arte. Para entenderla un poco mejor hay que conocer algo de su historia.
A los 18 años Edith de Ginestet tomó una decisión que le cambiaría la vida: después de crecer en un castillo, en el entorno bucólico de los Pirineos, rodeada de caballos, dejó atrás las tradiciones de su noble familia francesa para estudiar en una de las ciudades más agitadas y vibrantes del mundo, París. Aunque su abuela estaba preocupada de que la gran ciudad la “corrompiera”, todos los demás entendieron su deseo de irse, pero le pidieron que no estudiara Arte, porque no le sería útil en el futuro. Así que cuando les avisó que finalmente estudiaría moda y costura, su mamá recibió la noticia con un suspiro de alivio: “qué bueno porque si hay una guerra podrás coser uniformes para los soldados”, le dijo, demostrando que los duros efectos de la Segunda Guerra Mundial habían dejado sus huellas en la familia.
Al terminar sus estudios en la universidad Esmod, Edith se fue por un año a Nueva York con tres amigas para seguir algunos cursos en el Traphagan School of Fashion y aprender inglés. Fue ahí donde tuvo conciencia de su posibilidad de crear sin límites. Estaba en una ciudad donde todo estaba permitido, viendo nacer a barrios como SoHo y el Village, conociendo artistas que disfrutaban del factor “shock” en sus obras y absorbiendo el mundo del arte contemporáneo neoyorquino. Con nueva inspiración y la mente más abierta, regresó a Francia y se sumergió rápidamente en el mundo vanguardista de la moda parisina, convirtiéndose en una talentosa creadora de joyas de fantasía que parecían más esculturas que accesorios.
Mientras avanzaba su carrera, su veta artística surgía cada vez más en sus trabajos. Organizaba exposiciones concurridas donde mostraba ropa pintada que la gente compraba para luego colgar como arte en sus casas.
Después de más de diez años en el mundo de la moda y un divorcio, Edith decidió hacer un viaje a Chile, visitar algunas amistades y recorrer el país. Durante ese viaje, que duró seis meses, comenzó a crear esculturas de yeso hechas con moldes del cuerpo humano. Mientras más obras hacía, más se alargaba su estadía en nuestro país. Cada vez que llegaba al límite de seis meses, se proponía quedarse seis meses más considerando que no tendría ni el tiempo ni el espacio para seguir trabajando de esa manera en París. Y así estuvo siete años. En ese momento se enfrentó con la realidad que la vida “en vogue” era demasiado superficial y no satisfacía su creciente deseo de dedicarse a su arte. Volvió a la capital francesa sólo por unas semanas para perfeccionarse y profundizar sus conocimientos en el uso de resina en el taller de Pascal Rosier.
De vuelta en Santiago, y más decidida que nunca a dedicarse a su pasión, buscó dónde instalarse y armar su taller. Se tomó su tiempo, tenía que ser un lugar amplio, de buena arquitectura, en un sector urbano. Partió su recorrido en el centro de la ciudad, pero luego conoció su actual casa en Bellavista y quedó encantada con los espacios y con el barrio. Las ventanas grandes dejan entrar mucha luz que trasluce las obras de la artista, todas hechas de siluetas pensando en su relación con la iluminación.
En su tiempo acá en Santiago ha participado en varias exposiciones, como la del Taller Experimental de Cuerpos Pintados, además de otras muestras en Argentina. Organizó la Noche de los Artistas de Bellavista (cuando todos los talleres abren hasta tarde), que debutó el año pasado y que se presentará en forma anual. El próximo proyecto es ver la posibilidad de hacer una conexión entre el barrio Belleville en París y Bellavista.
Sus obras han llamado la atención de muchos y últimamente de sus propios compatriotas en la embajada de Francia. Su sueño es regresar algún día a Francia como una artista consolidada… Sin duda que lo logrará y que su familia le encontrará gran valor a su arte.
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