Las extravagancias del estilo Ravage
POR ANA CARDINALE // FOTOS RICARDO LABOUGLE
Dos excéntricos holandeses restauraron un castillo en Normandía, transformando en contemporáneo hasta lo más clásico.
Clemens Rameckers y Arnold van Genus, son dos talentos creativos que dieron origen a la marca Ravage, que además de ser el conjunto de las iniciales de los dos apellidos, en francés significa algo así como devastar, aunque no tienen ninguna intención de sembrar el pánico en los coquetos salones parisinos. “No queremos sorprender, sino crear un nuevo clásico para el futuro pensando en todo lo bello que ya fue concebido en el pasado”.
Ravage, tres sílabas míticas para estos dos estilistas holandeses, nacidos con pocos días de diferencia, que se asemejan sin ser hermanos y que están radicados en Francia desde hace varios años. El talento de Arnold y Clemens, formados en la Academia de Arnhem en Holanda, es la mezcla de estilos marcada por una sólida cultura histórica que logra transformar en contemporáneo hasta lo más clásico.
Para este reportaje nos abrieron las puertas del espacio extraordinario en el que viven y trabajan: el château de Ecrainville en Normandía. Abandonado después de la guerra y habiendo funcionado como hospital, fue milagrosamente salvado un día del verano de 1944 y rescatado recientemente de la ruina por los dos estilistas, quienes lo restauraron a su gusto de manera extravagante definiendo la decoración con una gama cromática de blancos y negros y sobre todo de diferentes y refinados tonos grises. Colores perfectos para un castillo neoclásico cuyos ambientes se han ido llenando con gran meticulosidad y cuidado, logrando una sabrosa reinterpretación de otras épocas, dominado por el art déco, donde ciertas alegorías irónicas se codean con el pasado histórico.
De tres niveles y un subsuelo, está rodeado de aperturas, conserva sus pisos originales de madera, mármol y piedra y es testimonio de una historia que se refleja en todos sus rincones.
Una vez concluidos los trabajos de restauración, se convirtió, por sus grandes proporciones, en fuente de inspiración para Arnold, quien comenzó a pintar frescos de personajes históricos en todos los ambientes. Héroes y anti-héroes, emperadores, madonnas y divinidades de todo tipo que hoy pueblan paredes, espejos, cuadros, vajillas, muebles, toallas y sábanas. Y es así como vemos figurar en las representaciones más variadas a Adan y Eva, a Caín y Abel o a Napoleón y Josefina y, dominando la escalera principal, una gran tela con la esfinge de Juana de Arco, cuya silueta sobredimensionada trona en la entrada del castillo. Todos los muebles y accesorios expresan efectos teatrales y fantasía decorativa. En cuanto a los temas evocados, como El bien y el Mal, La enfermedad y la salud, La Cruz Roja y la Corona de Espinas, también son expresados con ironía y extravagancia. “Art is not a good idea”, suele repetir Arnold a los estudiantes de bellas artes que vienen a hacer cursos al castillo de Ecrainville. Sus dueños proponen clases y estadías con pensión completa.
Por su parte, Clemens se ocupa de idear colecciones de muebles y de ropa masculina, al mismo tiempo que prepara para cada temporada una exclusiva gama de colores para la moda masculina que distribuye en todo el mundo.
Como verdaderos artesanos, ambos trabajan en los talleres que se instalaron en el último piso del edificio. Dos espacios modestos y despojados, sin computador, pero inundados de música de Beethoven, sólo amueblados con caballetes y dibujos.
Enmarcando toda la grandeza de este château, se encuentra un maravilloso parque que le da aún más carácter al lugar.
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