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| ED Nº 199, Octubre 2011 |
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Lo que se hereda no se hurta
POR ANDREA WAHR // FOTOS ANA MARIA LOPEZ Acostumbrada a vivir en casas lindas, con flores frescas, obras de arte y buenos muebles, Beatriz Cummins, la Chiqui, como todo el mundo le dice, hizo en su casa en La Dehesa lo que le sale natural: armar ambientes donde da gusto estar, con mezclas inusuales. El talento es algo innato, pero hay que cultivarlo. Beatriz Cummins, la Chiqui, como todo el mundo la conoce, ha vivido desde siempre en casas lindas, y su papá, Patricio Cummins, les inculcó a ella y sus hermanos que hay que vivir en un lugar agradable, donde dé gusto estar. “Comíamos con velas, en la casa siempre había flores frescas, obras de arte, antigüedades, buenos muebles y en el jardín teníamos todo tipo de pájaros… mis amigos se fascinaban con mi casa… a mí me parecía tan normal”, cuenta. “Todos esos detalles requieren dedicación y tiempo, pero son tantos los agrados que vale la pena”. Los Cummins tienen ese “algo” para la decoración, no le tienen susto a las mezclas y tienen mucha personalidad. No es raro que ella y su hermano Max se dediquen profesionalmente al tema. “Es lo que me sale fácil y lo que más me llena”, dice. Estuvo asociada con Mónica Cazés, después trabajaron por separado y desde marzo que volvieron a trabajar juntas. Para Beatriz, su casa es el lugar donde más disfruta estar y el que le produce más calma. Es mala para salir a comprar, le cargan los malls, otra cosa es viajar y hacer deportes. También le gusta cocinar, porque le relaja; va a clases una vez al mes con Martita Serani. Sus cuatro hijos son sus fans y mejor público: “comen de todo, y son los que prueban todas mis recetas nuevas”, cuenta. La familia se reúne sagradamente a comer a las 8 y media, en la terraza ahora que empezó el buen tiempo y en invierno en el repostero: “es el momento para estar todos juntos y ponernos al día, nos contamos qué nos pasó”. Para leer el artículo completo, suscríbase a Revista ED
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