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DECORACION


ED Nº 160, Enero / Febrero 2009
Lunático           

POR MARIA JESUS CARVALLO // PRODUCCION IGNACIO PEREZ-COTAPOS // FOTOS ROQUE RODRIGUEZ

Vegetación propia del lugar

 Desde los primeros años, esta familia se ha preocupado de cuidar del medio ambiente.

Punta de Choros

Campamento base

El arquitecto Sebastián Ruiz también proyectó esta casa sin piezas. Aquí sólo hay una cocina incorporada, baños, servicios y un living y un comedor cómodo.  

Palafitos

Campamento base

El arquitecto Sebastián Ruiz también proyectó esta casa sin piezas. Aquí sólo hay una cocina incorporada, baños, servicios y un living y un comedor cómodo.    

Naturaleza integrada

La casa fue proyectada sobre una gran piedra, para integrar las rocas y el paisaje a la construcción.

De noche, todos se juntan en la “casa madre”

Palafitos

Cada uno fue decorado por sus dueños, los que le han dado un sello personal.

Gran loft

Aquí todos los espacios son abiertos y la cocina está incorporada al living y al comedor.

Gran loft

Aquí todos los espacios son abiertos y la cocina está incorporada al living y al comedor.

Esta cabaña es de uno de los pater familias

Revestida en caña trenzada, la decoración va muy de acuerdo con el espacio, bien simple y con lo justo.

Otra vista más de la “casa madre”

Construida con hormigón a la vista y piedras de la zona.

Palafitos

Cada uno fue decorado por sus dueños, los que le han dado un sello personal.

Esta cabaña es de uno de los pater familias

Revestida en caña trenzada, la decoración va muy de acuerdo con el espacio, bien simple y con lo justo.

Sello personal

Vegetación propia del lugar

Luz y contrastes

A cierta hora del día, el sol produce este efecto de rayas en todas las superficies.

Decoración justa

Es un espacio simple, con elementos de la playa, como unos huesos de ballena, para que así la atención se centre en la gran vista al mar.   

Terraza ubicada en el techo

Donde se juntan todos a almorzar o comer algo en las tardes después de la playa.  

Cien por ciento naturaleza

Una de las cosas que más le gusta a los dueños de estas casas es que no hay nada más a la redonda que naturaleza y playa.   

Punta de Choros

Con rocas que se vienen encima y una vista al mar única, este lugar en Punta de Choros es como estar en la luna, sin nada más a la redonda que acantilados, cerros y una playa con arena tan blanca como la de este asteroide.

Aquí siempre hay más de treinta sentados a la mesa, y si se suman las edades de todos, se llega sin problemas casi a los mil años. Los panoramas son en grande, con asados que duran varios días, música y baile en la playa, competencias de canoas, pesca artesanal, buceo y más de algún osado que decide surfear en las olas cercanas.

El paisaje es de arena blanca, aguas transparentes y una vista espectacular; de noche es como estar en la luna, porque las rocas que hay cerca son tan imponentes que dan la sensación de que se vienen encima.

Ubicado muy cerca de Punta de Choros, en el mejor sector del Norte Chico, este proyecto familiar –porque es mucho más que la típica casa de veraneo– esconde un concepto bien original y distinto, pensado para que papás, hermanos, primos, tíos, abuelos y nietos estén felices y cada uno a su manera: “juntos, pero no revueltos”, como dicen.

La historia partió hace varios años, más de veinte para ser exactos, cuando este grupo se instalaba por todo el verano en la Isla Damas, literalmente con camas y petacas. Eran de esas vacaciones eternas, con carpa, botes, naturaleza y todo tipo de paseos, a veces tan intensos, que llegaban de vuelta a Santiago más cansados que antes de partir.

Pero llegó el día en que prohibieron por ley hacer camping y tuvieron que buscar un nuevo lugar donde clavar bandera. Fue así como encontraron un terreno frente a esa isla, un espacio sin nada más que un acantilado, algunas plantas de la zona y una espectacular vista al mar. Al principio la idea era seguir igual que siempre, con mallas de kiwi en la orilla que asemejaban pequeñas cabañitas personales, el mismo grupo en masa y la buena onda de siempre. Hasta que los más grandes y otros con niños chicos empezaron a echar de menos algunas comodidades citadinas, como la privacidad de los dormitorios, los baños y las camas con colchones de verdad.

Fue así como uno de ellos, el arquitecto Sebastián Ruiz, se encargó de llevar a cabo un proyecto en serio, sólido y definitivo, que pudiera usarse en cualquier época del año. Después de muchas conversaciones con los pater familias respectivos, varios planos y bosquejos, terminó convenciéndolos y le dieron el vamos para seguir adelante con la obra.

Claramente el proceso no fue fácil, sobre todo porque muchos querían opinar, hasta que coincidieron en que la comodidad estaba primero, pero sin perder el concepto de libertad y la esencia del camping.

Sebastián proyectó una casa de 200 metros cuadrados que hacía las veces de centro de operaciones, sin piezas y sólo con una cocina incorporada, baños, un living y un comedor con una mesa importante para esos interminables almuerzos de verano. La idea era que éste fuera el lugar de reunión, que se llegara libremente a tomar desayuno, a comer algo o a conversar después de la playa. Y a esto se le sumó un grupo de diez palafitos de madera color gris arena revestidos en caña trenzada, instalados por los alrededores y pensados sólo para dormir, con una pieza cada uno, baño y una terraza frente al mar.

El trabajo total duró cerca de tres años e incluyó muchos dolores de cabeza, sobre todo considerando que no había nada a la redonda, menos electricidad, agua potable o algo que implicara mano humana. Fueron noches y días de cuadrillas de maestros e ingenieros y de máquinas que cuidadosamente armaron la playa.

Hoy los resultados están a la vista y el lugar se ve mejor que nunca, porque cada vez hay nuevas construcciones que se suman al campamento base y que hacen todo más entretenido. Como un sector para hacer asados, una sala de juegos con mesa de ping pong, un lugar al aire libre para ver películas en las noches, un bar en la playa con el suelo lleno de conchitas blancas y donde no faltan los aperitivos todas las tardes, así como una casa de botes, donde hay una cama de emergencia por si llega alguien sin aviso.

Como dice este arquitecto, lo mejor de este espacio es el escenario en donde está emplazado, completamente alejado de la civilización, sin tecnología, señal de celulares y donde se dan los panoramas de antes, con toda la familia incluida, y en pleno contacto con la naturaleza. “Nuestro mayor objetivo, aparte de pasarlo muy bien cada vez que vamos y de aprovechar el día desde que sale el sol, es cuidar al máximo el medioambiente. Por eso nos preocupamos de desalinizar el agua, de cuidar las plantas y de cultivar más, así como de proteger a los zorros, pájaros, delfines, lobetas y los distintos animales que se ven por los alrededores”.

 

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1 Comentarios 

msoldelsur
Publicado Domingo 26 de Febrero, 2012 - 09:20 hrs.
Donde ubico al arquitecto Sebastian Ruiz??
Muy agradecida.

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