Mix & Match
POR MARIA JESUS CARVALLO // FOTOS ROQUE RODRIGUEZ
Baño revestido en mármol arasbescatoLa foto es de Natalia Vial y el marco de Patricia Hurtado - Perfiles.   Otra vista del comedorBiombo japonés del siglo XVIII, lámpara de Ingo Maurer y escritorio antiguo de Luis Valdés.   El jardínTambién fue diseñado por el dueño de casa siguiendo el estilo arquitectónico de la construcción.
  En la cocinaLos muebles de la cocina son nuevos y fueron fabricados en madera teñida.   Comedor Sillas de Mies Van der Roe fabricadas por Joseph Müller, Berlín y fueron un regalo del mueblista Sergio Rocca. Jarrones chinos de la tienda Contemporáneo.   Estilo francésLa puerta de la entrada se laqueó negra y se le cambiaron el golpeador y tirador por unos de bronce de la tienda Shärtt de Buenos Aires.
  Detalle de un espejo italiano  En un rincón del livingCómoda francesa con chinoiseries, lámpara Badou, florero de acrílico del diseñador Christian Tortu y espejo antiguo con marco de terciopelo de la época.
  En otro sector del livingLámpara de cristal de Murano original de Venecia años 50 y tallas de jade en rojo y verde.   Dormitorio principalCuadro de Hugo Marín y lámpara Tolomeo.   En el livingSofá de terciopelo gris diseñado por el dueño de casa. Los cojines son de seda. Sobre él, cuadro de Francisco Bustamante con marco Patricia Hurtado - Perfiles.   Un detalle del espejo veneciano del siglo XVIII   En la entradaEscultura de granito negro comprada en Francia. El piso damero es original y fue restaurado, al igual que el parquet del comedor que se tiñó negro.   Salita de juegos unida a la cocinaEl mueble del fondo fue diseñado por el arquitecto.   Muros pintados por Exequiel Fontecilla  En uno de los dormitoriosCama diseñada por Max Cummins en bronce y respaldo de rafia, y velador de la antigua Mueblería Monge. El muro intervenido por Exequiel Fontecilla.
  Dormitorio principalSofá inglés de época con chinoiseries y respaldo canne, muros engenerados con seda de Tapices Hurtado y, sobre el velador, lámpara Berniche.   En el livingSofás Luis XV tapizados con sedas de tapices Hurtado, al igual que las cortinas. La fotografía es de la iraní Iran Issa Khan. Cama china de Contemporáneo.   Estilo francésLa puerta de la entrada se laqueó negra y se le cambiaron el golpeador y tirador por unos de bronce de la tienda Shärtt de Buenos Aires.
  BibliotecaMax diseñó un librero en obra, como una colección de sillas miniatura Vitra y fósiles. El sofá cama es francés y se compró en un remate.   En un rincón de la terrazaMesa con base de mármol, jarrón chino comprado en París y espejo con marco de espejos.   En la terrazaLa mesa de centro fue diseñada por el arquitecto y la cubierta es marroquí.
 
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Todo combina magistralmente en la nueva casa del arquitecto y decorador Max Cummins y de su mujer Patricia Hurtado. Una construcción de los años 50 de estilo francés, que ellos mismos reciclaron y armaron con toda su personalidad e inigualable estilo.
Esta casa es mucho más que lindos muebles bien elegidos. Aquí hay decoración, arquitectura interior y un muy buen ambiente, nada es estirado aunque es elegante y todo se usa, se toca y se aprovecha. Un fiel reflejo de lo que son sus dueños, el arquitecto y decorador Max Cummins y su mujer, Patricia Hurtado, productora de moda y quien además hace los más lindos marcos para cuadros.
Los conocemos hace tiempo y siempre les hemos estado siguiendo los pasos. Ella trabajó en nuestra revista durante varios años haciendo producciones de decoración y moda, y él ha sido parte de diversos reportajes de ED por los muchos proyectos que ha realizado en diferentes etapas de su vida.
Construida en los años 50, esta casa es un fiel reflejo de la personalidad y de los gustos de sus dueños. Como Max dice, “las casas son igual que las personas, pueden ser lindas pero si no tienen carácter, definitivamente no son atractivas. Con las construcciones pasa lo mismo, que sea bonita es sólo una parte, mucho más importante es que se note que es un lugar vivido y que esté bien lejos de ese orden quirúrgico que es sólo para las visitas”.
Ubicada en El Golf, son 330 metros cuadrados distribuidos en dos pisos. Antiguamente aquí vivían los cónsules de Estados Unidos, por lo que estaba relativamente bien mantenida, pero cuando la compró este matrimonio fueron mucho más allá de pulir el piso o restaurar algunos muros. “Esta es una construcción de estilo que tiene huesos clásicos, pero que hubo que rearmar completamente para que quedara como nosotros queríamos”.
Con su ojo crítico y su gran talento, este arquitecto se encargó de todos los detalles, y esto es literal, porque hizo desde los arreglos básicos hasta un nuevo layout para todo el segundo piso, un sistema de iluminación y de audio que hace que la música se escuche en cada rincón e incluso diseñó el jardín, muy en el estilo de la casa, con volutas, arbustos y todo verde, sin flores. En pocas palabras, la transformó en un lugar pensado para la familia, donde sus niñitas se sintieran tan cómodas como ellos, con una salita de juegos conectada a la cocina que ayuda a no perderlas de vista, un dormitorio principal que casi se podría contar como un departamento aparte, con doble puerta, terraza, un amplio baño en mármol blanco arasbescato y un gran walking clóset; una terraza y una piscina con una caída de agua al final del terreno y un sector para almuerzos al aire libre donde en el futuro pretenden implementar una palapa oriental de madera negra con un ambiente como de living.
Max dividió la casa en dos, dejó en el primer piso las áreas comunes –como living, comedor, cocina, servicios, salita para los niños y escritorio– y en el segundo, las piezas y sus baños. Así, si hay invitados, no tienen que preocuparse de que la música esté muy fuerte, porque el ruido queda concentrado abajo y arriba se puede dormir sin ningún problema.
Entre los buenos detalles están unas molduras venecianas que se usaron en vez de las originales; la puerta de entrada que se laqueó color negro; los pisos de parquet antiguo que se pulieron y tiñeron de negro (arriba, el piso es de caoba); un acertado proyecto de iluminación de spot que tiene dimmers y focos puntuales en toda la casa, incluso en la cocina; ventanas con termopanel que en vez de postigos tienen láminas de seguridad y un sistema de apertura que permite ventilar sin que éstas se abran completamente; y un tratamiento especial para los muros del primer piso, que están pintados como si tuvieran ladrillos, realizado por Exequiel Fontecilla.
Con el esqueleto listo, llegó el minuto de la decoración. Y aquí los dos supieron unir sus gustos y sus buenas ideas. Lo más importante, dicen, es que quisieron aprovechar la interacción de todos los espacios del primer piso y que, por ejemplo, el living no fuera un lugar prohibido o que el comedor se usara sólo los fines de semana. “Esta es una casa con historia, con objetos recolectados durante la vida. Creo en la mezcla, con obras contemporáneas y algunos toques de color”, explica Max. Por ejemplo, en el living instalaron un gran sofá de 3.40 de largo diseñado por él mismo y dos sofás Luis XV al frente, con la idea de que varios puedan conversar cómodos y participar del mismo tema, sin tener que pararse para poder escuchar. Para el comedor eligieron una lámpara de Ingo Maurer, un escritorio de Luis Valdés, un espectacular biombo japonés de cinco hojas, un espejo veneciano del siglo XVIII, un reloj del siglo XVIII Grandfather comprado en Londres y una escultura de Ricardo Herrera. “El arte es muy importante en una casa y su elección no es como un recurso de decoración, sino para vivirlo cotidianamente. Es recopilar por años pinturas modernas, como una de Francisco Bustamante para el acceso o un Matta para el comedor, todas con marcos de la tienda Patricia Hurtado - Perfiles. También hemos incluido fotografías muy especiales, como la que colgamos en el living, que es de la afamada fotógrafa iraní Iran Issa Khan, montada sin marco entre una plancha de acrílico de alta resolución y una de titanio por el reverso”.
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