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ED Nº 179, Junio 2010 |
Multicancha
POR MARIA JESUS CARVALLO // FOTOS ANA MARIA LOPEZ
Una vista del tallerAquí es donde más tiempo pasa el artista. Los cuadros de la escalera son todos suyos, el sofá de cuero es Natuzzi y las sillas del fondo Wassily.   En la entrada de la casaCómoda heredada de su mamá, esculturas de Marta Colvin, Hugo Marín y cuadro de su amigo Benjamín Lira. El color de la puerta lo eligió Gonzalo.   BodegaUna de las piezas la transformó y ahí guarda una parte de las obras que ha ido acumulando con los años.   Otra vista del taller“Para este espacio escogí muebles que se pudieran ensuciar y que fuera fácil poder limpiarlos”.   Estilo propioEn otro sector del taller, se ve la “no-decoración” que quiso imprimirle a este espacio.   Escalera de maderaA diferencia del primer piso que es de cemento afinado, la escalera se hizo con madera boliviana y se diseñaron escalones cómodos y separados.   Un ambienteLa mayoría de los muebles del living son de PV Contemporáneo y la mesa de comedor la mandó a hacer cuadrada para que no tuviera cabecera ni fuera jerarquizada, como cuenta.   Un ambienteSin puertas que dividen, en el primer piso además del taller, también está la cocina, el living y el comedor, los que se distinguen porque el techo es de menor altura.   Otro de los tantos pasatiempos de este artista es la lectura y aquà se ve una parte de su colección de libros  Su hijo Mathias -que es arquitecto- estuvo a cargo de la edificación 
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Pasó por varios lugares y también por varias vidas antes de llegar a este terreno. Mucho más que una casa, éste es el taller-casa de Gonzalo Cienfuegos, un espacio grande y cómodo donde trabaja, guarda sus cuadros y también vive.
De Gonzalo Cienfuegos hay mucho que decir, casi demasiado, se podrían llenar varias páginas con su vida, su cargada trayectoria, sus logros y también con sus historias donde él va poniéndole la nota justa de humor a cada anécdota que cuenta.
Es un hombre que ha vivido todo, o casi todo, que partió de cero en el mundo del arte, que ha tenido mil alegrías pero también varias penas, que ya a los 14 años tenía claro su futuro y se autodefinía como artista, que tuvo que irse a México para tratar de hacer carrera, luego pasar por Buenos Aires antes de llegar a Chile convencido de que la pintura era full time y para siempre.
De más está decir que tiene talento, pero lo que sí se puede aclarar es que no es sólo en las artes. También es músico –aunque no lo diga ni lo sienta tanto–, tuvo un grupo, hace sus propias creaciones y toca piano; y en su casa ha demostrado que tiene mano para el jardín –lo armó solo y sin ayuda–, para la cocina –cuando invita a comer muchas veces hace todo él– y también tiene ojo de diseñador de ambientes.
“Esta casa es mi lugar, es de Gonzalo Cienfuegos”. Así parte contando la historia de cómo empezó este proyecto. El terreno lo tenía hace tiempo, unos 20 años, esperando el minuto adecuado para hacer algo con él. Siempre había soñado tener un taller grande, con muros enormes y techos altos para trabajar cada cuadro y luego verlo terminado sin tener otros encima que molestaran a la vista. Hasta que ese día llegó. Después de mucho tiempo viviendo en una casa en Santa María de Manquehue y luego otro tanto en un departamento en Kennedy, decidió usar estas tierras en Colina para hacer realidad su idea. Fue ahí cuando le pidió a su hijo Mathias –que es arquitecto– que lo ayudara con la edificación. “La determinación de construir en este terreno fue dictatorial, no hubo segundas opciones ni miré más alternativas. Decidí que quería una cosa totalmente diferente a lo que había tenido antes, un taller más que una casa, como un loft, abierto y con espacios generosos para poder hacer mis pinturas cómodamente. Además, algo con estas características sólo se puede hacer en períodos sabáticos emocionales, como en el que estoy ahora”.
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