Nobleza obliga
POR SOFIA ALDUNATE // PRODUCCION IGNACIO PEREZ-COTAPOS // FOTOS ANA MARIA LOPEZ S.
Paseos por Colico  Vista del jardínAgapantos, helechos y un gran bosque de centenarias especies nativas envuelven este lugar.   Preciosa vistaDel frondoso jardín diseñado por Eugenia Valdés   Vista del jardínAgapantos, helechos y un gran bosque de centenarias especies nativas envuelven este lugar.
  Bosque nativoLa casa está escondida entre centenarios raulíes, canelos y arrayanes.   En la cocinaAquí preparan exquisitos y largos almuerzos.   En el comedorMesa diseñada por Eduardo Maffei y cuadro pintado especialmente por Benito Rojo.   En el jardínPreciosa vista del frondoso jardín diseñado por Eugenia Valdés   Hall de entradaCuadro que Pablo Domínguez pintó para la entrada es el símbolo de esta casa.   Uno de los dormitorios  Una de las piezas de alojados  Muro de piedraLos arquitectos Alfredo Fernández y Matías González proyectaron un gran muro diagonal de piedra que recorre la casa de un extremo a otro.   Las hortensias abundan en este jardín  Cuba de agua calienteUbicada en medio del bosque, esta cuba de agua caliente es uno de los lugares favoritos de sus dueños.   Otra vista del jardín  Otra vista del livingLa piedra y la madera son los protagonistas en esta casa y el living no es la excepción.   Otra vista del living  En el livingAquí los barcos fueron comprados a los artesanos de Chiloé y el mueble de al fondo lo trajeron desde Bali.   100% descansoCompletamente desconectados, en este sector del lago Colico con suerte funciona el celular. Aquí lo primordial es descansar al ritmo de la naturaleza.
  El agua completamente transparente de Colico  Entretenidos juegosEntretenidos juegos de luces, recuerdos de viajes, mucha vida al aire libre, largos almuerzos en el quincho y un sagrado descanso, así es la vida en esta casa.
  QuinchoLargos almuerzos en el quincho y un sagrado descanso, así es la vida en esta casa.
  Hall de entradaEn la entrada, silla con espejo del Parque de los Reyes y bastonero de madera de teca comprado en Bali.
  Dueños de casa en el muelle  En la terrazaUn gran rododendro plantado en un macetero de durmiente.   La terraza  Otra vista de la terrazaUn gran rododendro plantado en un macetero de durmiente.   Linda vista al lago 
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Tuvimos que volver a fotografiar esta casa en Colico, porque desde que la vimos, supimos que con el tiempo el jardín, la piedra y la madera iban a estar cada vez más lindos y con mas carácter. Eso fue hace diez años y no nos equivocamos.
Volvimos a esta casa después de 10 años. Está más linda, con más carácter y con un jardín aún más frondoso que antes. Ubicada en el lago Colico y escoltada por varias hectáreas de intachable bosque nativo, ha mantenido incorruptible su natural encanto.
Los helechos, hortensias, azaleas, rododendros y agapantos se apropiaron del lugar y arrasaron con todo lo que no era autóctono. La piedra y la madera de la casa, proyectada por los arquitectos Alfredo Fernández y Matías González, con los años fue adquiriendo personalidad y ha envejecido con una envidiable nobleza.
Con una preciosa vista al lago, pero completamente resguardada y escondida entre centenarios raulíes, canelos y arrayanes, aquí la privacidad está completamente resguardada, porque para ellos el verdadero descanso está en la paz que da la vida en familia. Su dueña, una destacada diseñadora, asegura que toda la magia del lugar está dada por el bosque vecino, sus colores, sonidos y aromas. “Con los años nos dimos cuenta que los arquitectos y la paisajista, Eugenia Valdés, fueron muy talentosos al programar esta casa, porque la idea siempre fue integrarla armónicamente al entorno y ser parte de él. Hoy, casi 15 años después, el objetivo está más que logrado”, asegura.
Atravesada de extremo a extremo por un gran muro diagonal de piedra, en su interior sigue las mismas reglas que rigen afuera: una decoración auténtica y sin pretensiones. En castellano, aquí todo es muy sencillo pero bueno, las texturas son naturales y los materiales nobles. “La verdad es que la base es tan espectacular, los juegos de luces, las alturas y las vistas son tan bonitas, que todo lo que pongo se ve bien o medianamente bien”, explica su dueña. Pero hay que reconocerle su talento, porque claramente las cosas están bien escogidas. La casa ha cambiado poco en estos años, siguen ahí los objetos traídos de Bali, los muebles diseñados por Eduardo Maffei, los enormes ramos de flores, los barcos comprados a los artesanos de Chiloé y los dos únicos cuadros, ambos pintados especialmente para cada lugar, uno de Benito Rojo en el comedor y el otro de Pablo Domínguez, que puesto en la entrada es como el símbolo de la casa. “Tener este cuadro aquí me produce una infinita felicidad, porque yo adoraba a Pablo, era mi cuñado, y es un recuerdo permanente y muy lindo de él”.
El mes de febrero es sagrado para esta familia. Aquí se instalan y aíslan, porque sin televisión ni internet y una mediocre señal de teléfono es obligatorio hacer un drástico switch y dedicar el mes completo a descansar, leer, comer, jugar cartas, tenis, golf y, sobre todo, a estar en contacto con la naturaleza, prioridad número uno para todos sus integrantes. |
1 Comentarios
Vivo en España hace 12 años, hecho de menos esa naturaleza tan pura y además en medio de esa naturaleza poder diseñar este jardín maravilloso con lo autóctono. Felicitaciones por este articulo, aquí vemos mucho diseño bello en algunos jardines, sobre todo en Francia donde suelo ir bastante y es lo que mas disfruto, pero semejante a esto nada ¡¡¡