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DECORACION


ED Nº 168, Septiembre 2009

De día y de noche el hotel Awasi

Decorado por Paula Domínguez y Alejandra Bunster, tiene el alma y todos los  detalles de una casa: cómodos cojines, un gran fogón, velas y chales de alpaca para protegerse del frío.

Las piezas

Todas vienen con un baño amplio y con salida a pequeños patios privados.

Las piezas

Todas vienen con un baño amplio y con salida a pequeños patios privados.

Barman

Vegetación del este verdadero oasis

La comida es uno de los fuertes del Awasi

Potencia productos locales, aunque preparados en un estilo internacional.

Detalle de uno de los estares al aire libre

Semillas de chañar

Todo en Awasi se hizo con los clásicos colores de San Pedro

Una de las 8 habitaciones del Awasi

Grande y cómoda para descansar después de las excursiones.

Uno de los livings al aire libre

De día y de noche el hotel Awasi

Decorado por Paula Domínguez y Alejandra Bunster, tiene el alma y todos los detalles de una casa: cómodos cojines, un gran fogón, velas y chales de alpaca para protegerse del frío.  

Hotel construido a la usanza antigua

Con materiales de la zona, como adobe, techos de esporal, muros de piedra y vigas de chañar.

Muñequitas que decoran las mesas

Detalle Awasi

Detalle Awasi

Vista de la piscina y del comedor del hotel

Hotel construido a la usanza antigua

Con materiales de la zona, como adobe, techos de esporal, muros de piedra y vigas de chañar.

Hotel construido a la usanza antigua

Con materiales de la zona, como adobe, techos de esporal, muros de piedra y vigas de chañar.

La comida es uno de los fuertes del Awasi

 Potencia productos locales, aunque preparados en un estilo internacional.

La clásica puerta de la Iglesia de San Pedro

Todo en Awasi se hizo con los clásicos colores de San Pedro

Detalle Awasi

La linda terminación en paja del muro de adobe centenario que rodea el hotel

Alrededores del hotel Awasi

Detalle hotel Awasi

La comida es uno de los fuertes del Awasi

Potencia productos locales, aunque preparados en un estilo internacional.

Vicente García Mekis

Nuestro fotógrafo en acción.

 
Oasis en el desierto
 
POR MAGDALENA BOCK PRODUCCION IGNACIO PEREZ-COTAPOS FOTOS VICENTE GARCIA MEKI

Hasta hace pocos años no había dónde quedarse en San Pedro, luego vino un boom de pequeños hoteles de lujo, pero sólo Awasi se ha podido mantener con la calidéz y exclusividad de una casa. Tiene sólo 8 piezas, cada una con su propio chofer, auto y guía, y una atención sonriente que no se permite la palabra no.

 

Todo en el Awasi se hizo con los clásicos colores de San Pedro y de los paisajes del desierto. Página derecha, una vista de la piscina y del comedor del hotel.

Cuando está planeando irse a San Pedro de Atacama y alojar en Awasi, el agrado del viaje comienza antes de partir, porque mientras está en el ajetreo de la ciudad y todavía no ha hecho ni su maleta, ellos mandan un cuestionario para esperarlo preparados con lo que más le guste.

Si prefiere una o dos almohadas de plumas o ergonómicas, si hay algo especial que quiera para el desayuno o si le parece que la ama de llaves le ayude a desempacar, son alguna de las preguntas que anuncian que aunque estén lejos y en el desierto, no hay improvisaciones ni escasez, que las cosas se hacen bien y que hay una intención real de hacerlo sentir mejor que nunca. Cuando llegue allá se dará cuenta que era justo lo que necesitaba: la desconexión es automática. Basta subirse al jeep que lo va a buscar sólo a usted (y no a todo un grupo) al aeropuerto para olvidarse de qué día y hora es. Algo hay, quizás es el mismo aire nortino, que relaja y saca totalmente de contexto.

Ni siquiera se ha cambiado de país, pero parece que está en otro planeta, uno más lunar que terrenal. Lejos uno de los mejores lugares para mirar las estrellas, de una austeridad única y una belleza y coloridos inesperados. No importa si está en una excursión o va en el auto mirando por la ventana, todo paisaje es sobrecogedor, mágico.

En el hotel lo reciben sonrientes y con una bandeja de té de rica rica y galletitas de canela en la pieza. Inmediatamente se sentirá como si estuviera en la casa de su mejor amigo, pero con la mejor atención. Y no es un decir, Awasi fue concebido con el alma de una casa. 

Tiene 4 años de vida, pero su historia se remonta a la caída de las Torres Gemelas. ¿Qué tienen qué ver estos dos lugares tan extremos y opuestos? Mucho y nada.

El arquitecto Francisco Rencoret, socio de Territoria y uno de los socios y gestores del edificio Isidora 3000, junto a su mujer, Paula Domínguez, soñaban con hacer buenos hoteles en nuestro país. “No podía ser que en Chile no hubieran hoteles con vida, que traspasaran experiencias autóctonas”, dice esta mujer, que, antes de que se decidieran por el W, recorrió junto a su marido las ciudades más importantes y alojó en los mejores lugares, siempre con un lápiz y una libreta anotando los detalles que le gustaban. “Al caer las Torres Gemelas supimos que Chile se convertiría en un destino turístico seguro.  Una señal clara que nos impulsó a empezar el proyecto hotelero.”

Paula desde chica había veraneado en el norte. Su familia fue siempre muy vanguardista; cuando nadie conocía Portillo, llevaban años esquiando; sus padres fueron de los primeros chilenos en bucear con traje de lana y también en participar en las olimpiadas de ski; por lo mismo acampar en Atacama y volar sobre el desierto era pan de cada año.

Todos estos factores se fueron uniendo sin mucha premeditación para que la compra de un terreno con mucha vegetación, rodeado por un muro de adobe centenario, a dos cuadras del pueblo de San Pedro, y la construcción de una casa familiar pasara a ser un hotel de lujo.

El padre de Paula, Gonzalo Domínguez, un arquitecto con inclinación a la paleontología y arqueología, que hace décadas encontró el esqueleto de una ballena prehistórica, y su cuñada, Susana Aranguiz, fueron los encargados del diseño original, luego se involucraron Francisco Rencoret y Rodrigo Domínguez. Un trabajo largo y difícil, que duró años y que estuvo lleno de limitantes por parte de la comunidad local.

La arquitectura de Awasi (huasi significa casa en idioma kunza), fue inspirada en la de la aldea de Tulor, el asentamiento habitacional más antiguo de la zona (800 a.c), un conjunto de ocho casas de adobe, cada una con una pieza amplia, un gran baño y clóset y terrazas privadas, construidas alrededor de un patio central, donde se encuentra un gran fogón rodeado de pequeños livings al aire libre, también la cocina y el comedor.

Durante su construcción no se cortó ningún árbol, todo se levantó entre los chañares y algarrobos existentes. Trabajaron artesanos utilizado materiales locales (como adobe, techos de esporal, muros de piedra y vigas de chañar) y reviviendo técnicas ancestrales que muchos de ellos tuvieron que aprender, a la usanza antigua.

De la decoración estuvo encargada Paula Domínguez y su amiga, Alejandra Bunster, aunque a ellas no les gusta ocupar esta palabra. “En este proyecto tratamos de integrar la habilitación al paisajismo, a la cocina, a los detalles en general.

Tuvimos mucho respeto por la arquitectura local y de Awasi en particular, ya que ésta es un aporte a la comunidad. Le dimos importancia a los elementos de la naturaleza que están presentes en nuestro desierto: sus colores y texturas, la vegetación, las estrellas, los amaneceres y atardeceres, el fuego...  El oasis como lugar de descanso y reposo en el desierto. Con el tiempo nos dimos cuenta que todo forma parte de una cultura no sólo atacameña sino altiplánica.

No estábamos inventando nada nuevo”, aclara Paula y agrega: “Lo fuimos armando como si fuera nuestra casa, con la libertad de usar elementos sencillos que el ojo cotidiano ni siquiera aprecia, como una bonita fuente de cactus. Lo hicimos todo con un sentido hogareño, con mucho cariño, como una casa que te acoge, te cuida y te regalonea, por eso los chales de alpaca en los sofás, el fogón en el patio, la sabanita para bajarse de la cama y no tocar el piso, la bandejita de té al atardecer, el frasco de sales del Salar de Atacama en la tina, la piedra pome del Volcán Lascar... El lujo no tiene que ver con lo que brilla, sino que con la simpleza de lo autóctono”.

Durante tres años Paula y Alejandra partían unas dos veces al mes a San Pedro y pasaban el día caminando, siempre con una carta de colores para imitar los tonos de la naturaleza, observando como cambiaban las texturas del paisaje y reuniéndose con artesanos. Les enseñaron a las mucamas a hacer las camas, a servir y poner la mesa. Y la marcha blanca la hicieron invitando a amigos que opinaban hasta si un foco estaba mal puesto.

Como buenas dueñas de casa dejaron todo funcionando, pero su trabajo invisible a los ojos se percibe hasta hoy por una atención de lujo. El equipo profesional encabezado por Matías de Cristóbal y Carolina Raineri plasmó este estándar en una verdadera escuela de servicio. Siempre caras amables y una permanente actitud servicial; aquí las palabras no hay, no se puede o habría que ver no existen.

Hay mucho más personal que huéspedes, para que se haga una idea, cada pieza tiene su propio chofer, auto y guía, por lo que a diferencia de otros hoteles de San Pedro, las excursiones son individuales, cada uno a su ritmo y con sus propias exigencias. Si quiere que le armen una mesa con mantel, servilletas y velas en la mitad de una quebrada, así se hará. Además han sido muy inteligentes para organizar los paseos: al revés de todos los demás. Por ejemplo, cuando nos íbamos yendo del Valle de la Luna llegaron tres buses llenos de turistas.

Se alegrará de saber que todo está incluido, aunque la cocina supera infinitamente el nivel de los clásicos all inclusive . En Santiago Anita Mingo, ex dueña de la tienda La Pasta, se preocupa de organizar que nada falte, y en San Pedro, el joven chef Juan Pablo Mardones hace maravillas con productos locales que prepara en un estilo internacional. Cada día tienen un menú para el almuerzo y la comida, además de varias alternativas para que no se vea obligado a comer lo que no tiene ganas. El pan, la pastelería y las pastas (¡lo mejor!) las preparan aquí mismo.

En un principio el hotel Awasi tuvo sólo publicidad internacional -ha sido fotografiado en más de 250 revistas extranjeras-, porque sus dueños querían que en Chile se diera a conocer por a word of mouth, como explica Paula Domínguez, pero en estas páginas verán que a nosotros no hay nada que nos guste más que dar buenos datos.  

Informaciones: www.awasi.cl, email: Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla
Reservas: teléfonos 56-2 233 9641/57/71/18.
Tocopilla 4, San Pedro de Atacama, II región, teléfono 56-55 851 460.


 
 

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