Panorámico
POR MARIA JESUS CARVALLO // FOTOS ANA MARIA LOPEZ S.
Aquí la vista es espectacular y en un día despejado se ven hasta las canchas de esquí que hay en la cordillera. Ubicado en los últimos pisos de un antiguo edificio de Av. Kennedy, este setentero departamento es la genial creación de su dueño, el diseñador Osvaldo Luco.
No le importa decir que la primera vez que entró a su departamento le cargó tanto que no se demoró más de cinco minutos en volver al lobby. Lo encontró oscuro, mal tenido y con unas cortinas horrorosas que no dejaban ver la increíble vista y la luz que le llega todo el día. Reconoce que quizás fue el agotamiento de haber visitado mil lugares antes, todos sin mucha gracia y con cero posibilidad de arreglo.
En ese tiempo venía llegando de Europa –donde pasó varios años entre Londres y Barcelona estudiando y trabajando– y andaba en busca de un espacio para comprarse e instalarse de frentón. Quería algo que fuera suyo, para armarlo y desarmarlo a su gusto y todas las veces que fuera necesario, sin el pánico de que a los dueños no le parecieran los cambios.
Osvaldo Luco tiene el ojo agudo. Es diseñador de la Universidad Católica, hizo un master en diseño estratégico en el Central Saint Martins College of Art & Design de Londres y por currículum no se queda. Con sólo 23 años y antes de terminar su carrera, se fue 4 meses a Nueva York a trabajar con el decorador chileno Juan Pablo Molyneux, donde conoció de cerca el mundo de la arquitectura interior. Ya egresado, entró a Arbol Color y aprendió a dar vida a creativas puestas en escena; después se fue a Falabella y tuvo la oportunidad de viajar por el mundo comprando diferentes objetos para la tienda y obtener un gran manejo en retail; más tarde colaboró con el francés Christian Liaigre durante sus años en el viejo continente, y ahora es el director de la revista + Decoración de La Tercera.
Como cuenta, no fue hasta que una amiga lo llamó para que conociera otro departamento en el mismo edificio, que se dio cuenta de lo que podía llegar a hacer en este lugar. No lo pensó dos veces y lo compró gracias a un regalo de su papá.
Ubicado en uno de los últimos pisos de una antigua construcción de la avenida Kennedy, muy cerca de la rotonda Pérez Zujovic, la tarea de reconstrucción fue titánica, porque implicó mucho más que pulir y teñir los pisos o cambiar las puertas. Según el propio Osvaldo, no quedó muro ni clóset que no se echara abajo para ampliar los ambientes y sacarles el mayor partido posible a los 180 metros cuadrados. Entre los arreglos se eliminaron las terrazas para incorporarlas al living y al comedor, se actualizaron los baños con nuevos vanitorios, artefactos y revestimientos, se cambiaron los ventanales, se puso al día la electricidad, la iluminación y se llenó de salidas de parlantes para poder escuchar música en todas partes. Sin lugar a dudas la cocina es uno de los lugares mejor logrados. Con mucho ingenio, buenas ideas y no tanto presupuesto, el dueño de casa armó algo sencillo, lindo y donde la mayoría de los materiales, muebles y lámparas son de Homecenter. “Construí todo en obra, con estructuras de metal y fierro negro. Hice un gran mesón que hace las veces de comedor de diario y hasta de bar y además creé muebles a la vista, donde se lucen los platos, copas y las mil cosas que ido recolectando con el tiempo”.
Hoy, a dos años del primer día de faenas –que duró varios meses más de lo pensado– el proyecto está impecable y listo. “Quería pocos espacios pero cómodos, por eso dejé un gran dormitorio y una salita multiuso, además del living, comedor y la cocina, no necesito más”, dice.
Obviamente la decoración fue otro gran tema. Su carrera y su trayectoria lo han ayudado a agarrarle el gusto a los objetos, a los muebles y a la combinación de texturas. “Buscaba algo que fuera mío, que se notara mi mano y que se reflejaran ambientes vividos. Nunca podría pedirle a un decorador que se encargara de esta tarea, porque siento que es algo que sólo puede hacer el dueño de casa, es él quien debe elegir las fotos, los recuerdos y los distintos elementos que se van juntando y que le dan ese sello único al lugar donde uno vive”.
Los cuadros y las obras de arte en general son muy importantes para él. Hace un tiempo su hermana formó una empresa que se dedica a ello y le presta algunas de las creaciones que le van llegando para que las exhiba en el departamento, transformándolo en una pequeña galería. Piezas de Samy Benmayor, Matilde Pérez, Lotty Rosenfeld, Carlos Altamirano y Juan Domingo Dávila, son algunas de las que actualmente están en este lugar.
Y aunque ante los ojos de cualquiera no hay razón para contratar a ningún maestro más porque todo se ve impecable, este diseñador dice que para él siempre habrá algo pendiente, porque “los gustos y las necesidades van cambiando, uno va viviendo los espacios y se va dando cuenta de nuevos detalles que son necesarios, por lo que dudo que llegue un minuto en que no le arregle nada más”. Entre los proyectos a corto plazo, está una biblioteca que quiere hacer en el pasillo hacia su pieza, donde pretende poner los millones de libros, catálogos y revistas que tiene por todos lados.
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