Pasión por Africa
POR SOFIA ALDUNATE // FOTOS CLAUIDA KÜHN
En otro rincón de la cocinaDibujo, collares y accesorios de India, Vietnam y del grupo Pokot. Aquí los muros son de ladrillos, los muebles de madera y las cubiertas de granito.   La cocina fue completamente remodeladaTecho revestido con bambú, lámpara y sillas son herencia de familia y la mesa de patagua fue traída del campo. Sobre ella, dos figuras de plata de Cambodia.   Otra vista de la cocina Donde se aprecian los dibujos de Dao en Vietnam;   En la cocinaLa caja pintada sobre la mesa es de Tatiana Alamos y, en el muro, colección de copas ceremoniales Incas.   En la pieza principalRespaldo de bronce y pinturas tibetanas. En los veladores del campo, serie de budas de bronce, piedra y madera comprados en Birmania, Cambodia y el Tibet.   Un sector del escritorioCon un Buda de alabastro traído de Birmania.   En el hall de entradaCuadro de Gracia Barrios y silla con trapos traídos de Guatemala, Vietnam y Laos.   En el livingCuadro de José Balmes, mesa de centro con libros antiguos orientales, mesita de Afganistán y herramientas de feng shui.   Otra vista del livingLa figura con los brazos abiertos, que según su dueño da la bienvenida, es de Butoka de la cultura Mbole en Zaire, el resto son todas de origen africano.   Gran librero Este librero del living está lleno de figuras precolombinas, como los platos de la cultura Carchi que están arriba.   Decoración cosmopolitaSellos tibetanos, marionetas vietnamitas y cajas para guardar especias de Afganistán y el Yemen.   En el livingCuadro de Tatiana Alamos y sillón mexicano con cojines de la India.   En otra vista de la cocinaEl mueble negro fue traído del campo.
  Pinturas Tankas tibetanas en al pieza principal 
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Y por Oriente, el arte, la aventura, por Buda, el Tibet y el Budismo. En el departamento del abogado Gregorio Schepeler no hay espacio para ningún tesoro más.
Timor, Nepal, Etiopía, Borneo, Ladak, Isla Lamu, Zanzíbar, Laos, Yemen, el Tíbet… todos estos países están presentes en la casa de Gregorio Schepeler. Cientos de miles de reliquias por todos lados delatan a un hombre que reconoce tiene un gen nómade que no le permite quedarse por mucho tiempo tranquilo. Su irresistible necesidad de conocer otras culturas lo llevó a enamorarse perdidamente del continente africano. Pero no el de Egipto y Marruecos, sino que el del Africa negra, donde las tribus no saben de crisis económicas ni calentamiento global.
Extrovertido y aventurero, le brillan los ojos cuando recuerda su primer viaje “temático” hace diez años. Según cuenta, un día se le cruzó en la historia el País Dogón, una tierra de magia y arena poblada por un ancestral grupo étnico recluido en la frontera entre Mali y Burkina Faso. Junto a unos amigos y después de varias semanas de camino por la estepa africana, donde lo único reconocible eran los baobabs de El Principito, llegaron a destino. Aquí se instalaron y compartieron con este pueblo que vive al borde de unos preciosos acantilados y que ha desarrollado importantes estudios astronómicos. De la mano de el País Dogón, Gregorio inició un comprometido romance con este continente, y prueba de ello es la indescriptible cantidad de recuerdos, libros, figuras, accesorios y reliquias que ha ido acumulando en su departamento.
Se reconoce como un “juntador”, no como coleccionista, porque aclara que lo de él es puro instinto y gusto, ni hablar de metodología y orden. Esto no quiere decir que su departamento sea un desastre, todo lo contrario, cada espacio está perfectamente pensado para que sus “juntaciones” se luzcan como corresponde y, a pesar de la enorme cantidad de cosas, está todo inmaculado, obra de su nana, “la santa Pati”, como le dice. Además se da cuenta inmediatamente si han movido o falta algo.
Ubicado justo frente al cerro San Luis, este abogado llegó a este lugar hace una década. Lo primero que hizo fue eliminar la pieza de servicio y agrandar la cocina. Aquí instaló un acogedor comedor de diario, revistió el techo con bambú, enchapó el refrigerador con madera, nuevamente repletó todos los rincones y la transformó en el lugar más amplio y “ambientudo” de la casa. Aunque reconoce que no es un experto, se maneja bastante bien en el tema culinario, le entretiene llenar la casa de amigos y éste es el lugar de encuentro por excelencia.
El resto, el living, su pieza y un escritorio, está invadido de colores (mucho naranja), cuadros de artistas chilenos y adornos corporales, fetiches, figuras mágicas, imágenes de vudú (aunque fue precavido y se encargó de que les quitaran todos sus poderes), Budas (muchos Budas), elementos étnicos y de rituales, libros antiquísimos hechos con corteza de palmera, oráculos, herramientas de feng shui originales (aunque está lejos de practicarlo), en fin, una eterna lista de tesoros que ha encontrado en sus recorridos por el mundo. Todo muy bien hecho, incluida su desinfección, cuarentena y posterior autorización del SAG, tanto así, que más de una vez ha expuesto en el Instituto Cultural de Las Condes.
Su próximo destino es el país más poblado de Africa: Nigeria. Ubicado al oeste del continente, la idea es recorrerlo, adentrarse y empaparse de su cultura y su gente. Reconoce que no cualquiera haría este tipo de viajes: “Vamos a la aventura total, nunca sabemos con mucha certeza con qué nos vamos a encontrar, qué vamos a comer y dónde vamos a dormir. Pero hasta ahora ha sido un éxito”. No cabe ninguna duda, basta mirar su departamento: un reducto africano en el continente americano. |
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