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DECORACION


ED Nº 160, Enero / Febrero 2009
Producción en Pareja             

POR SOFIA ALDNATE // FOTOS ANA MARIA LOPEZ S.

En el living

Mesa de patagua y par de naturalezas muertas pintadas por Paula Greene.

Detalle del baño

Cuadros hechos con un calendario comprado en Venecia y enmarcados por Paula Olivares.  

Otro rincón del jardín

Donde toman té bajo un gran aromo australiano.

En la pieza de Lucía

Camarote diseñado por su mamá que cuelga de las vigas para aprovechar mejor los espacios. El resto, antiguos muebles, todos patinados por Luli.  

Una imagen de la casa desde la piscina

En el dormitorio principal

Aquí, Lucía eliminó un clóset para armarse este pequeño espacio dentro de su pieza.

En el comedor de diario

Lámpara del Homecenter arreglada por Luli con cubiertos comprados en San Telmo, Argentina.  

Francisco en el quincho preparando el aperitivo

En el comedor

Mesa de roble, sillas patinadas por Lucía y alacena comprada por Francisco en el Parque de los Reyes.

En la entrada

Banco de carpintero del Parque de los Reyes y par de floreros del Homecenter con arreglos hechos por Lucía.  

En el hall de entrada

Mesa del Parque de los Reyes y colección de sombreros y aperos de Francisco.

Rincón del jardín

Agapantos, pittosporum enanos, éricas y un rosal, todo comprado en el jardín de Angélica Vial en Santo Domingo

Lucía cortando alstroemerias silvestres

En el living

A la derecha, mesa de patagua, jarrones turquesa de Ripley y lámpara hecha por la Luli con una base de la tienda Paris y pantalla comprada en Llolleo. 

En el living

Mesa de centro con colección de libros de cocina comprados en diferentes viajes y plato naranjo de Falabella.

En el dormitorio principal

Lámparas de don Rafael Vicuña rematadas por Pancho, cama cuja hecha por un maestro y Cristo romano fabricado por Elisa Ripamonti.  

La piscina con un par de piñas de Pastel Santelices

Una imagen de la primera parte del quincho

Los sillones de fierro eran las antiguas camas de los niños, las sillas son obra de un maestro y las mantas son peruanas.  

Rincón de pieza principal

Mesa del Parque de los Reyes y pouf tapizado con un toile de jouy comprado en las telas por kilo de Llolleo.

Ropero antiguo pintado por Carmen Greene

Lucía preparando la mesa

Francisco Arthur y Lucia Ugarte son una dupla como pocas. Alegres, acogedores y talentosos, su casa en El Peumo es un proyecto familiar que los refleja hasta la médula.

Son una pareja adorable. El, simpático, lleno de historias, acogedor, gran cocinero, de esos que encuentran amigos hasta debajo de las piedras. Ella, estupenda, cariñosa, talentosa y con un gusto exquisito. Juntos, Pancho Arthur y Lucía Ugarte son dinamita, se potencian, se entretienen y se contemplan. Hacer este reportaje fue un placer. Nos tocó un día glorioso y nos atendieron como reinas. La estadía incluyó desayuno (con un insuperable café cortado con leche de chocolate batida), almuerzo (un rissotto de loco y camarones preparados por el propio dueño de casa) y té (con tapaditos de jamón y palta, jugo natural y kuchen). La comida quedó pendiente porque hubiese sido gula.

El Peumo tiene una larga historia cargada de recuerdos y tradiciones. Ubicado a unos pocos kilómetros al sur de Santo Domingo (un poco más allá de Las Brisas), este campo fue comprado en 1941 por don Ladislao Errázuriz y su señora, Blanca Pereira. Luego la propiedad pasó a manos de los hermanos Errázuriz Pereira y hoy es la tercera generación la que disfruta de los eternos veranos, los asados, las fiestas familiares y la maravillosa vista de este lugar: suaves lomajes sembrados de trigo, grandes árboles y al fondo, la playa y el mar. ¡Insuperable!

Fue justamente durante uno de esos veranos en que Pancho y la Luli decidieron construirse su propio rincón familiar en el campo. Como ellos mismos cuentan, les alcanzaba para 150 metros cuadrados, ni un centímetro más, así que ella se sentó de lápiz y papel en mano a dibujar el lugar de sus sueños. Sin la ayuda de nadie, estuvo de enero a marzo diseñando su casa y luego otro par de meses dirigiendo a un maestro de Melipilla que la levantó. Han pasado sólo 15 años, pero da la sensación de que fuera toda una vida porque es como si el jardín, la pintura, las maderas y los árboles hubiesen estado ahí desde siempre. Como sus dueños reconocen, este es uno de esos proyectos sin fin, donde siempre hay algo por hacer, porque si no es la piscina, es un quincho o una ampliación y así, suma y sigue. Es que conociendo a la Luli, es difícil que fuera de otra manera. Esta decoradora, quien trabaja hace más de un año en la oficina de Enrique Concha, es de esas que afanan las 24 horas del día y con gusto. Gozó produciendo las fotos, armando ramos de flores, esponjando los cojines y doblando el chal por tercera vez para que quedara impecable. Muy de campo y sencillo será este lugar, pero aquí no falta ni un solo detalle y todos los ha hecho ella. Por ejemplo, las pátinas de todas y cada una de las maderas son obra suya, los paños bordados del living también, igual que un mural de rústicos palos recogidos de la playa y unas lámparas de las mismas maderas.  “Yo me interno en este lugar y no salgo a ninguna parte. Mientras Pancho y los cuatro niños se van a la playa, yo aprovecho de jardinear, de regar, de cortar flores, de bordar, de inventar cosas entretenidas… ese es mi mejor descanso”, admite Lucía.

Por dentro la casa es tan acogedora como sus dueños. Pancho se ríe, porque aunque también es un aficionado a la decoración, reconoce que su señora lo supera con creces. “Yo recuerdo que en la casa de mi mamá había un sofá beige en la salita que estuvo tapizado con el mismo género desde que yo nací hasta el día que me casé. En cambio aquí, ya perdí la cuenta de la cantidad de veces que la Luli los ha cambiado”, cuenta riéndose. Cada cuadro, cada foto, cada detalle aquí tiene su historia y aunque el look varíe, la esencia se mantiene intacta.

Uno de los lugares predilectos de sus dueños, sus hijos y los infaltables amigos, sobrinos, primos, cuñados, hermanos, etc., es el quincho. Es de los últimos estrenos de la casa y quedó fantástico. Dividido en dos partes, la primera consiste en una terraza con chimenea incluida, coloridos chales peruanos, cómodos sillones y muchas velas, ideal para las noches de verano. La segunda parte es donde “el Gordo” se luce como cocinero. Una gran mesa, más una cocina que incluye parrilla y todo los adminículos imaginables con los que Pancho prepara los más exquisitos platos. Ahí mismo, la Luli tiene un gran armario lleno de los platos, cubiertos, vasos, individuales, manteles, servilletas, accesorios, floreros y fuentes más lindas para producirle los eventos a su marido. Y podemos dar fe que son de película porque, sin afán de sacar pica, nosotros fuimos testigos.


 

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