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ED Nº 199, Octubre 2011 |
Química orgánica
POR SOFIA ALDUNATE // FOTOS MAX DONOSO
El campo que Cecilia Fabres y Emilio Fernández tienen en Casablanca no sólo es precioso, también es la mejor manera que esta pareja de doctores encontró para devolverle la mano a la naturaleza por sus favores concedidos.
Cuando en 1987 Cecilia Fabres y Emilio Fernández se compraron 140 hectáreas en el Valle Lo Orozco en Casablanca, nunca imaginaron que 20 años después tendrían montada una empresa de cultivo de manzanas orgánicas. En un principio la idea era tener un lugar donde poder arrancarse los fines de semana, un desahogo para la intensa actividad de esta pareja de reconocidos ginecólogos que de lunes a viernes no sale de la Clínica Las Condes. El clima, el paisaje, los cerros, la cercanía del mar y también de Santiago y un par de amigos terminaron por tentarlos.
Dos años después de haber comprado el campo se construyeron la casa y comenzaron a armar parte del jardín con la ayuda de la paisajista Silvia Münchmeyer. Algo sencillo, donde lo más importante era el respeto al entorno y mantener todas las especies nativas. Con los años se fueron agregando metros construidos y fueron colonizando el jardín, se sumaron una cancha de tenis, una piscina y una casa para cada uno de los tres hijos de este matrimonio.
A medida que esto iba creciendo, más aumentaba la inquietud de esta pareja por devolverle la mano a la naturaleza, por proteger el paisaje y por aportar con algo. Partieron descartando los pesticidas y fertilizantes, reciclando toda la basura y armando su propio compost con desechos orgánicos y de poda. Con la ayuda de libros y un par de cursos armaron su propia huerta y luego terminaron plantando árboles frutales. “Este lugar era sólo para esparcimiento, pero no sé por qué un día se nos ocurrió complicarnos la vida y comenzamos con el tema de las manzanas”, cuenta entre bromas Cecilia. Hoy esta “complicación” los tiene exportando manzanas orgánicas a Estados Unidos y con más de 40 hectáreas plantadas, gran parte de las cuales tuvieron que arrendarlas a los campos vecinos.
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