Reality Show
POR MAGDALENA BOCK // PRODUCCION XAVIER SANHUEZA // FOTOS TOMAS REID // ASISTENTE ROCIO AGUIRRE
En esta casa todo es de verdad: sus dueños, la actriz Javiera Díaz de Valdés y Pablo Mackenna, sus diálogos, su decoración suelta y relajada, sus colecciones, su desorden, sus tres gatos dando vueltas, su estilo de vida … Nada es para la foto.
En un día de otoño, que parece de verano, estamos entrevistando y fotografiando a Javiera Díaz de Valdés en la terraza de su casa, mientras su gata Juanita Vial, de ojos celestes, se sube de un salto a la mesa. “Estuvo perdida un mes”, nos cuenta, “hasta salió en los diarios. Cuando volvió la pelé, me dio un poco de asco porque quizás dónde estuvo metida tanto tiempo. En general es un plomo, no sé qué le pasa hoy que está de lo más cariñosa”. Su dueña en cambio es lo más relajada y descomplicada del mundo, auténtica, divertida, dice lo que piensa sin hacer alarde de su honestidad, sino porque le sale así, tan natural como es ella; habla sin dar explicaciones de los meses en que estuvo separada de su marido, de lo lindos y agradecidos que encuentra los cardenales que ha plantado en maceteros aunque a muchos les parezcan ordinarios, de que le carga la pituquería y que por lo mismo trata de hacer todo al revés, de la cantidad de cosas que ha comprado en Patronato, de que le gusta la rutina y la “familia” que se arma en las teleseries sólo porque dura poco tiempo y después cada uno sigue su rumbo, de que se googlea a cada rato y de que es tan desordenada que si no está el clóset abierto y algo tirado por ahí se angustia.
Suena su celular, “no, ven tú para acá, te están esperando”. Anoche se acostó tarde, Cat Power cantó en el Centro Cultural Amanda, de donde Pablo Mackenna es uno de los socios, por eso ahora él la llama desde su pieza. “Levántate no más”, le dice ella.
Esta pareja podría ser la de una película de Woody Allen. La Javiera es actriz y antes fue modelo, tiene esa belleza clásica que nunca pasa de moda; él es un poeta de familia pituca (como diría ella), inteligente y culto, que además conduce programas de televisión y radio; tienen una hija preciosa, Rosa de tres años, y, como los invitan a todos los eventos y fiestas de Santiago, siempre salen en las páginas de vida social de los diarios y revistas… La trama y los protagonistas cautivan, dan ganas de saber más de esta historia…
Desde octubre del año pasado viven en esta casa en Vitacura, “aunque pareciera que estamos en El Arrayán, como en un campo en medio de la ciudad”, dice Pablo recién levantado con un cigarro humeando en la mano. Les gustó más que nada por el barrio y porque tiene un gran jardín lleno de rincones y árboles antiguos. “Me pones en una casa nueva con un cuadrado de pasto impecable y yo te prometo que me suicido”, agrega ella tan convincente que le creemos.
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