Las hermanas Rosa y Nelly Gallegos  Este es uno de los dos sectores del livingTapicería comprada a Federico Mekis, mesa Matta, lámparas con jarrones de Juanita Salinas, sillón de Rafael Hurtado y alfombra de Ali Devlen.
  En el livingSofás de terciopelo con seda, chaise longue y mesa de centro de Patricia Vargas, cuadro de Francisco Bustamante y alfombra de Ignacio Larraín.   En otro ángulo dle livingSillas Louis Ghost de Philippe Starck, par de sillones de Rafael Hurtado con cojines de seda pintados de Nueva York y arrimo de Patricia Vargas.   En el livingSillones de Patricia Vargas y dos cuadros de Alfredo Echazarreta.
  En el comedorTapicería del siglo XVIII, sillas de Rosita Gayangos y mesa de Cristián Donoso. Cuchillería Christofle y copas de cristal de colores del Parque de los Reyes.   En una de las galerÃasLámparas de cristal con bronce traídas de Nueva York, sillas de La Travesía y cortinas de seda Laura Ashley.   Sala de estar y dormitorio principalAhí, sillones naranjos y pouf de leopardo de Patricia Vargas, silla de Enrique Concha y fotografías de Angela Fisher.   En la terrazaLos muebles son de Patricia Vargas y la mesa de centro se hizo con un jarrón de Luigi como base. El techo de trillage lo hizo Max Cummins hace un par de años.  
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La casa, de 600 metros cuadrados y 1.800 de terreno, quedó con la forma de dos L que se encajan, una es completamente antigua y la otra, moderna. Tiene dos galerías largas en el primer piso, y ventanales a ambos lados, por lo que recibe el sol de la mañana y de la tarde. Dejaron el living antiguo y además hicieron otro, más grande, que corresponde a una ampliación, además incorporaron una sala de estar y agrandaron la cocina. Todo es tan práctico como querían: el espacio puede quedar completamente unido, o bien dividido por grandes puertas de madera que desaparecen cuando están abiertas. “Pensamos en todo, en que la sala de estar puede quedar abierta a la cocina, mientras los grandes estamos totalmente independientes en el living o en que cuando los niños sean grandes y vengan niñitas pueden tener su propio espacio y abrir las ventanas hacia una terraza”. En todo el primer nivel hay un sofisticado sistema de iluminación y música, para escuchar lo mismo en todos lados o ir cambiando según el sector.
En el segundo piso también hay una gran galería que mira a la cordillera, la pieza de los niños, un escritorio y, sobre la ampliación del living, el dormitorio principal que es como un departamentito aparte. Tienen una sala de estar, la pieza, y un gran walk in closet que se conecta con un baño de mármol y una terraza.
La decoración la han ido armando bien de a poco, “cuando recién nos cambiamos eran verdaderas canchas de patinaje”. Varios muebles son de la Patricia Vargas, alfombras de Ignacio Larraín, un gran cuadro de Francisco Bustamante, un armario de Cristián Donoso, una mesa Matta, sillas antiguas, jarrones de la Juanita Salinas, cómodas del 1700...
Los dueños de esta casa son bien buenos para convidar. Querían una casa grande para poder llenarla de gente, hacer comidas, fiestas, almuerzos. Así lo hicieron durante todo este tiempo (ya llevan cuatro años viviendo aquí), hasta que ella se puso a trabajar en un gran proyecto país. Empieza el día a las 6:30 de la mañana (nos consta porque a esa hora mandó un mensaje de texto para organizar la entrevista) y nunca llega antes de las 8 de la noche. Por suerte tiene a la Rosa Gallegos, su nana que trabaja hace 14 años en la casa; a José, que va de lunes a viernes y se encarga del aseo, del jardín, las acarreadas en auto, etc; una nana que va tres veces a la semana a lavar y planchar, el señor del almacén de la esquina que todos los días lleva lo que falta y el pan fresquito en las mañanas y a la hora de almuerzo; el señor de los pescados, mariscos y pollos, Telemercados Europa con las compras del mes... “Esta se ha convertido en una casa delivery”.
El jardín es otro tema, hubo que hacerlo literalmente de la nada. Donde por años hubo recreos y se estacionaron autos, el paisajista Benjamín García-Huidobro y su socia, Luz María Ramírez, hicieron un proyecto que potenció aún más la casa. Como la entrada de autos queda paralela al jardín, levantaron una parte del terreno y la llenaron de árboles grandes para darle mayor independencia, plantaron tres grandes robles americanos y una gran explanada que combina distintos tipos de verdes, en vez de flores, porque el arco de fútbol está instalado los 365 días del año. Y en la parte trasera de la casa hicieron un patio duro, con una pileta y un lugar para hacer asados. “Este lugar ha ido creciendo con nosotros, los árboles y los niños están más altos, y a pesar de que no llevamos muchos años viviendo aquí, ya la sentimos de toda la vida”.
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