Savoir-faire
POR ANDREA WAHR Y MAGDALENA BOCK // FOTOS FERNANDO GOMEZ
Le teníamos puesto el ojo a este departamento en El Golf hace tiempo, mucho antes de que estuviera listo. Nos bastaba con saber que sus dueños eran Soledad Errázuriz y Luis del Villar, quienes dejaron su gran casa en Lo Curro para vivir en las alturas con un estilo más moderno.
Conocemos a la Soledad hace años, trabajó como productora de ED en sus comienzos y siempre siguió ligada a la revista, fotografiamos su espectacular casa en Lo Curro, la misma que nos prestó tantas veces para hacer producciones con una paciencia infinita, también publicamos su lindo campo en Puerto Varas, y durante nuestros 16 años de historia la hemos llamado para cuánto reportaje hemos hecho, de cocina, agenda, clóset, mujeres elegantes… Las tiene todas. Sigue siendo tan bonita como en sus años de modelo, cuando fue Miss Chile, con esa mezcla de sofisticación y sencillez que la hace aún más atractiva. Porque en la misma mano en que usa su enorme solitario puede tener un anillo de plástico de Patronato, es igual de feliz almorzando en su casa con la porcelana más fina y atendida por Domingo, su mozo de toda la vida, que comiendo sopaipillas con pebre en una picá con suelo de tierra; en un coctel elegantísimo o en la feria conversando con su casera en abrigo de piel y jeans rotos. Es gozadora, buena para comer (después de las vacaciones llegaba a las reuniones de pauta pidiendo perdón por todo lo que había engordado a punta de pan amasado), y toda esa soltura se refleja en su casa, en su forma de vivir.
Ahí nada es estirado tampoco. Su marido, Lucho del Villar, es encantador, prepara los mejores pisco sours y tragos, son ultra acogedores, buenos para invitar a almorzar, siempre exquisito, con sus hijos integrados, es una casa en la que se puede hablar de todo…
Después de vivir años en la punta de un cerro en Lo Curro, en una casa espectacular diseñada por el arquitecto Carlos Cruz, este matrimonio se cambió al último piso de un edificio en el barrio El Golf. Lo compraron en verde, para hacerle todos los cambios que necesitaban. Buscaban vistas, porque ya estaban acostumbrados a mirar la ciudad desde arriba, así que eligieron el piso 26, unieron los tres últimos pisos del edificio, aumentaron la altura de los cielos, modificaron pisos, muros, puertas e hicieron una terraza-spa espectacular con piscina temperada para todo el año, un jardín tropical, confortables sofás de mimbre y una impresionante panorámica a Santiago.
La Soledad está feliz con su nuevo estilo de vida, con esa ventaja de los departamentos de llegar y salir, dormir con las ventanas abiertas en verano. “Este barrio es muy tranquilo, está lleno de plazas y ya ni me subo al auto, hago todo caminando, voy a pilates, a la librería, a la farmacia, al doctor, a tomar café con amigas. Me hacen falta más tiendas eso sí…”. Claro que los fines de semana casi nunca está en Santiago, se va a Farellones donde se construyeron un refugio, o a Zapallar, donde compraron una casa hace poco tiempo.
Pero cambiarse de una casa a un departamento no fue tan fácil. Lucho tiene un gusto muy refinado, durante su vida fue coleccionando fabulosos muebles, cuadros y objetos antiguos valiosísimos; Soledad heredó ese lado más puro y limpio de su bisabuela, Eugenia Huici, quien estuvo casada con el pintor José Tomás Errázuriz, vivía en Europa, fue precursora del minimalismo, mecenas de importantes artistas de principios del siglo XX, entre ellos Pablo Pica-sso. “Yo no le llego ni a los talones”, dice ella.
Antes de dejar su antigua casa, este matrimonio tuvo que seleccionar lo que más les gustaba, después organizaron un gran remate con el resto de sus colecciones. En él se vendieron cosas únicas, como unos espejos coloniales de plata y estaño con coronaciones que pertenecieron a la Quintrala. “A este departamento nos vinimos con los muebles y objetos que nos vienen acompañando hace mucho tiempo”. Tenían ganas de darle un aire más moderno, pero mantener esa cosa acogedora, vivida y donde todo se usa que siempre los ha caracterizado. “Llegan mis hijas, que ya están casadas, a tomar desayuno o a almorzar, se quedan a dormir las dos nietas. Ellas se suben a los sofás del living, no hay lugares prohibidos… La verdad eso es lo que más nos importa: que las cosas se disfruten”.