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DECORACION


ED Nº 191, Abril 2011
The talented Mr. Klotz     
 

POR MAGDALENA BOCK // FOTOS ANA MARIA LOPEZ

Hall de entrada

En medio sale la escalera metálica con peldaños volados (para no cortar la vista) que lleva al nuevo segundo piso. El cuadro es de Andrés Vio.

El arquitecto Mathias Klotz

En el comedor

Mesa y sillas Interdesign, lámpara Birdie de Ingo Maurer, cuadro de isabel Klotz y fotografía de Mathias Klotz.

En primer plano

Se ve el comedor de diario de la cocina. Los taburetes son del alemán Konstantin Grcic.

El jardín

Fue diseñado por Mathias Klotz, bajo la idea de tener una serie de planos distintos, con el agua como protagonista.

En el living

Cuadro de Jesus Soto, sillones de Le Corbusier y sillas Wassily. Al fondo, carro bar de Aalvar Alto.

En su dormitorio

Hay un gran espacio volado entre los árboles, donde puso un chaise longue de Breuer; las fotografias en blanco y negro son de Loty Rosenfeld.

Sala de estar

Donde ven películas, sofás italianos. En el muro, textil de Calder.


Este connotado arquitecto nacional transformó una construcción de un nivel de los años 60, donde vive desde 2001, en una casa tridimensional, con una amplia oficina en un subterráneo y un segundo piso enorme con su dormitorio y una gran sala para ver películas. Atemporal y muy simple, como la arquitectura que lo caracteriza.
 

¿Cuántas entrevistas le habrán hecho a Mathias Klotz? ¿Cien? ¿Doscientas? Pienso en el aburrimiento que le debe dar contestar otra más mientras lo espero en el living de su casa en Pedro de Valdivia Norte. Ya hemos estado aquí varias veces, para hacerle La Agenda, sacarle fotos a su casa y a la espectacular oficina que construyó bajo ella… Pero ahora está distinta. Le hizo una gran cocina que se incorpora al resto moviendo un muro corredizo y un segundo piso enorme con su dormitorio y una gran sala de estar.

Mientras la perra de su hija, Jacinta, se acomoda en círculos en el único rayo de sol que le llega al hall de entrada durante la tarde, se abre la puerta y aparece Mathias sonriente, cargado de mochilas y con sus dos hijos; los tres con jeans pitillo, polera y zapatillas modernas. Cosa curiosa, los tres se ven bien.

Como él está con la rodilla mala, su hija Penélope, de 9 años, que está en su último día de vacaciones, queda encargada de mostrarnos todo el lugar. “Partamos por aquí”, nos dice con harta personalidad, “bueno, este es el comedor con la mesa y las sillas; aquí está el living, donde casi todo es blanco, y la cocina. Por este pasillo vamos a las piezas. Aquí está la mía con un baño y aquí al lado la de mi hermano… En esta salita de estar jugamos PlayStation y cosas así. Vamos al segundo piso, esto es nuevo. En esta sala mi papá pone un proyector y vemos películas, todo este pasillo es clóset, aquí está su pieza, más closets y su baño. También tiene salida a una terraza y por esa escalera se puede subir al techo, que está lleno de plantas”. Ni una corredora de propiedades lo podría haber explicado mejor. 
Después bajamos a la oficina, lo más ordenada que hay, silenciosa… Dan ganas de quedarse trabajando. Pero a las 7 en punto todos se van.

Son difíciles los arquitectos, para qué estamos con cosas, cuesta ubicarlos, cuesta que hablen en fácil, pero con Mathias la situación es completamente distinta. Siempre tiene tiempo, es accesible, relajado, nada de divo y, lo bueno, no se aburre con las entrevistas…

¿Cómo lo haces? Pasan los años, te vas ganando más premios, haciendo más proyectos, y siempre tienes la misma buena disposición…

Cuando llamo a alguien me gusta que me conteste al tiro, así que trato de hacer lo mismo… Claro que cuando algo me da lata también me desaparezco. Antes era más pesado que ahora eso sí…

Pero no tienes nada de pesado…
No, si era atroz, pero es que después me di cuenta que no es tan importante lo que uno hace…

¿Cómo ha ido cambiando tu visión frente a la arquitectura durante tu trayectoria?
Desde el año 88 que trabajo solo, partí muy joven, a los 23 años hice mi primer proyecto. La verdad es que antes me interesaban más los proyectos, ahora me interesan más las personas.
Me preocupo de que el proyecto realmente satisfaga al mandante. En la Universidad a uno le enseñaban que el cliente era un medio, no un fin. Esa es la estupidez más grande. Una casa no sirve si los que la utilizan no la disfrutan. Cuando comencé a trabajar me sentía agredido si me hacían un comentario o me pedían un cambio, sentía que era MI proyecto, no SU proyecto…

Me imagino que vivías mucho más estresado…
Pasaba el triple de malos ratos, los clientes padecían incluso algunos insultos y los proyectos quedaban mucho peor. Era reflejo de inseguridad, inexperiencia e ignorancia.

¿Cuál crees que será tu mayor legado?
No creo que vaya a dejar ningún legado, en términos planetarios uno no existe, y estoy seguro que los hijos de mis hijos ni se van a acordar qué hago yo. Mirando para atrás, con suerte sabrán que hicieron Arturo Prat o Bernardo O’Higgins. Los arquitectos chilenos de principios de siglo son de antes de ayer, llegamos tarde a la historia, ya no tuvimos un Palladio.


 

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