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DECORACION


ED Nº 165, Junio 2009
Todo en su lugar    
 

POR SOFIA ALDUNATE // PRODUCCION IGNACIO PEREZ-COTAPOS // FOTOS ANA MARIA LOPEZ

En la cocina

Mueble de madera antiguo y cuadros de artistas chilenos y argentinos.  

La cocina

Aunque rara vez prepara algo muy elaborado, Jaime la remodeló completamente.

La cocina

Aunque rara vez prepara algo muy elaborado, Jaime la remodeló completamente.

En el comedor

Mesa y sillas antiguas y restauradas, cómoda antigua y cuadro Pensamientos Necios del argentino Ignacio Durañona.

En su dormitorio

Cada cosa tiene su significado: entre ellas, los caballos y Napoleón.  

En su dormitorio

Cada cosa tiene su significado: entre ellas, los caballos y Napoleón.  

En el escritorio

Muebles de Enrique Concha, Patricio Astaburuaga y otros heredados de sus papás. Además de fotos, abundan los libros, los diplomas y obras de arte.  

En el escritorio

Muebles de Enrique Concha, Patricio Astaburuaga y otros heredados de sus papás. Además de fotos, abundan los libros, los diplomas y obras de arte.  

En el living

Gran plano de la ciudad de Madrid que Jaime heredó de su abuela. Par de sillas de Patricio Astaburuaga y cuadro del uruguayo Alvaro Montañés.

En el living

La mesa de centro y los sillones también son de Patricio Astaburuaga y el cuadro del fondo, lo heredó de sus papás.

Jaime Vela

Sillas de Patricio Astaburuaga

Cómoda inglesa del siglo XVIII y retrato comprado en un anticuario.

No es Melvin, el protagonista de la pelicula Mejor Imposible, ¡Pero por Dios que se parece! El departamento de Jaime Vela es todo lo ordenado, clasico y perfecto que se pueda imaginar. 

Ya no se aflige si pisa una línea en la vereda como cuando chico, porque reconoce que la vida lo ha relajado y con el tiempo se ha convertido en un hombre más dócil. Sin embargo, admite que es el ejemplar chileno más parecido al actor Jack Nicholson en su obsesivo papel de la película Mejor imposible. Ordenado, metódico y perfeccionista, Jaime Vela no es escritor de novelas románticas como Melvin en la cinta, sino ingeniero comercial de la Chile con un MBA en Harvard, y trabaja junto a Rodrigo Danús en el desarrollo de negocios energéticos para nuestro país.

Clásico, elegante e impecable, su departamento es como un quirófano: no vuela ni una mosca y todo está donde corresponde. Y se apura en aclarar que no es a raíz de este reportaje; aquí las cosas nunca se salen de lugar. Pero no por eso deja de ser interesante: los cuadros, las fotos, los libros, los muebles, las antigüedades, los géneros y las flores delatan a un hombre con variados intereses y muchos talentos. Más allá de los negocios, tiene un cuento propio muy potente que le cuesta revelar pero que finalmente igual se adivina.

De pocas pero certeras palabras, cuenta que hobbies no le faltan. En orden de importancia, primero está el dibujo. Sus trabajos son realmente buenos, durante la universidad vendió algunos para ganar unos pesos y en más de una oportunidad el lápiz y el papel han resultado una excelente terapia. Actualmente lo tiene un poco botado pero en su escritorio figuran un par de obras suyas que impresionan. Segundo, como él dice, le gusta indagar, investigar acerca de materias peliagudas como teología, política, filosofía y economía, sus temas de conversación predilectos. Y tercero, cuenta que hace un par de años, decidió convertirse –literalmente– “en un caballero” e iniciarse en la equitación. Tomó clases en la Escuela Militar, apadrinó un par de caballos y los fines de semana se junta con amigos a taquear.

Para Jaime, su casa es su guarida, aquí no corren ni las fiestas ni los grandes eventos. Le gusta su privacidad y cuida celosamente su mundo. Si invita gente, nunca son más de dos o tres (reconoce abiertamente que más personas le complica), la cocina no es su fuerte y la intensa vida social tampoco. La decoración sí, le encanta y se entretiene diseñando muebles y escogiendo colores (siempre en la gama de los grises para las paredes) y, en este tema, el mueblista Patricio Astaburuaga fue su gran aliado. Según Jaime, supo interpretar a la perfección todo lo que le mandó a hacer (y fueron varias cosas). El resto son cuadros de pintores que él patrocinó en algún minuto de la vida, antigüedades y herencias de sus padres y abuelos.

El lugar más usado de la casa es el escritorio; fue concebido como su rincón para pintar e “indagar”, y aquí están sus más preciados tesoros: sus obras, sus fotos y sus libros. “La pieza es exclusivamente para dormir”, dice. En la cabecera de su cama (un monacal modelo, de una plaza, con suerte) tiene representado a su derecha su concepto de la vida, asociado a los caballos y, a la izquierda, la muerte, con una antigua lámina de una majestuosa sepultura; sobre el velador, la Biblia, un crucifijo; y frente a él, una cómoda con un busto de un aguerrido Napoleón y un cuadro con una escena de la guerra. En resumen, en su pieza conviven la vida, la muerte y la fuerza que hay que tener para enfrentarlas.



 

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