Valpo deco
POR MAGDALENA BOCK // PRODUCCION CRISTIAN PIZARRO // FOTOS FERNANDO GOMEZ
Por fuera, esta linda casa de fin de semana es una construcción típica de Cerro Alegre; pero en su interior es pura modernidad combinada con buenos muebles art decó, obras de arte contemporáneo y las mejores vistas a la bahía.
A la dueña de esta casa no le gustan las entrevistas. Sabe de cosas buenas, tiene una de las tiendas más elegantes de Santiago y vive en una casa que ha salido en revistas de arquitectura de Alemania, pero no le gusta mostrar nada. Para qué decir su marido, es igual o más reacio. Pero ahora hicieron una excepción (nos encanta cuando nos dicen que van a hacer una excepción) y nos dejaron fotografiar su casa en Valparaíso.
Hace tiempo querían tener un refugio de fin de semana, no uno de verano, porque eso ya lo tenían, sino un lugar tranquilo, pensado más para el invierno, que quedara cerca de Santiago, que fuera urbano y que no estuviera inmerso en un contexto social. Además a él desde chico le gustaba este puerto, venía con su familia e incluso estuvo un año en la Escuela Naval. Así que aunque podían escaparse a respirar aire limpio donde quisieran, ellos escogieron el encanto de Cerro Alegre.
La casa es bien coherente con su forma de ser: una fachada continua que no dice nada por fuera, bien bajo perfil, sencillita sólo hasta que se abre la puerta y aparece un gran hall de mucha altura y la más linda vista a la bahía.
El arquitecto Andrés Orezzoli y el diseñador Cristián Pizarro estuvieron a cargo de remodelar y decorar esta antigua construcción. No fue fácil, porque en los terrenos que se encuentran dentro del límite declarado patrimonio mundial, nada es simple ni expedito. Fueron seis meses de trámites de todo tipo y, como querían hacer un segundo piso, tuvieron que presentar una maqueta de la cuadra completa a escala, a la que se le pudiera poner y sacar la ampliación para así analizar el efecto que producía en la calle. Ni siquiera era llegar y pintar, porque a pesar de que uno tiene la sensación de que Valparaíso es colorinche, son estrictos en el uso del color, y sólo pudieron elegir de acuerdo a un acotado pantón. Finalmente optaron por un gris oscuro y un petróleo para la puerta. Muy lindo.
Con el tiempo pudieron hacer y deshacer a su antojo. Demolieron gran parte de la construcción para limpiar y redistribuir los espacios, buscando que en sus 250 metros cuadrados hubiera sólo recintos amplios. En el camino rescataron tablas de pino oregón que reutilizaron en los muros de la entrada, muchas puertas, manillas, vanitorios, parquet… “La idea fue volver al estilo original de las típicas casas de Valparaíso, dar la idea de que todo ha estado siempre en el mismo lugar; por lo mismo cubrimos parte de la fachada con planchas onduladas metálicas e introdujimos varios detalles victorianos, como las molduras, zócalos, puertas y el pasamanos de bronce de la escalera. Todo fue diseñado especialmente y en ese sentido el constructor, Claudio Muzio, quien vive allá y ha hecho más de 100 casas en la zona, tuvo muchísima paciencia con nosotros”, explican Andrés y Cristián.
En el primer piso hicieron un gran hall de entrada, living, comedor y una cocina, en blanco y negro y con muebles con molduras, como las de antes. Los dueños son buenos para cocinar y recibir, así que pensaron en que fuera cómoda, amigable y luminosa. Como era muy oscura, hicieron una lucarna falsa con luz eléctrica, una solución ingeniosa y que se ve de lo más natural.
Construyeron un segundo piso para hacer un gran dormitorio principal, con una terraza y un baño amplio, con buenas griferías y una gran tina, “como un spa”. Desde aquí se pueden apreciar las más lindas vistas.
En el primer desnivel se encuentran dos piezas más y dos baños, además de una pequeña piscina, y aún más abajo, un pequeño jardín diseñado con palmetas de cemento y pasto. Son en total 4 niveles, tan bien hechos, que en vez de dar la sensación de una casa inabarcable, la hacen mucho más práctica y funcional. “Si viene sólo el matrimonio tienen la posibilidad de ocupar los espacios públicos y el dormitorio principal; si se junta toda la familia, cada uno tiene la independencia para hacer lo que quiera”.
En la decoración la dueña de casa dio el punto de partida con varios muebles art decó que había ido comprando y guardando, además de algunas herencias, y muy buenas obras de arte contemporáneo. El resto fue trabajo de Cristián y Andrés, quienes mandaron a hacer muebles, compraron y restauraron siguiendo el gusto de sus clientes y tratando de incorporar los colores de Valparaíso en el interior. Pero la verdad es que la bahía, que se cuela por todas las ventanas y que desde lejos es una maravillosa postal, aquí no tiene competencia.
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