Cada vez que tengo que escribir la editorial y es domingo (debiera haberla entregado el jueves) me doy más vueltas que de costumbre, no hay nada muy contundente que decir, todo me parece repetido... Lo del atraso no es fortuito, “cerrar” como se llama a la semana en que se termina el número para mandarlo a la imprenta, es siempre intenso y, también, fascinante. En un número de verano hay que pensar en cosas positivas, vacaciones, lago, playa, viaje, comida, gente y relax. Sin embargo, en estos días no podemos abstraernos de la política, que me carga, pero más me carga el hecho que un candidato llame a polarizar aún más las cosas, y a desarrollar una campaña confrontacional para ganar votos. No pues, por ahí no va la cosa, qué valores estamos mostrando, qué inculcamos, qué forma de trabajar y de gobernar es esa.
La guinda de la torta de esta edición se la lleva Perú, más bien Cusco y Machu Picchu, y los hoteles Inkaterra.
Son hartos años los que dejé pasar para ir a estos destinos, la cosa indígena, para qué voy a venir con cuentos, me atrae bien poco, pero los incas, como dice Isabel Allende en su libro Inés del alma mía, eran lo más civilizados en arquitectura y estilo de vida, además de buenos orfebres, trabajadores, serviciales, ricos. Contaba que una inca se casó con un español y que ésta era envidiada, porque se bañaba todos los días, tenía el pelo brillante, sabía de buena comida, era mucho más culta. Comparaba a los incas con los mapuches, flojos, sucios, agresivos, nunca inventaron nada, comían puras mugres... La belleza de estos dos lugares deja de manifiesto la gran cultura inca, basta ver el oro en las catedrales de Cusco, como las de Toledo o Segovia en España, y Machu Picchu es lo más enigmático que he conocido.
Los hoteles de la cadena Inkaterra son perfectos, sobrios, elegantes, todo bien pensado, con buena decoración y se come bien. En la carátula de un CD de música que regalan (cada pieza tiene buenos parlantes para el iPod), dice que le ofrecen al viajero una experiencia auténtica y agradable, y lo logran.
De Perú a los lagos del sur, Cólico y Vichuquén. En este último fotografiamos una casa sin la típica decoración de lago, con otro colorido, la madera pintada blanca albayalde, increíbles combinaciones sobre todo en los cojines. Ahí se respira buen gusto, buen vivir, harta nana llevando aperitivos, lindo jardín, linda vista, las fotos y el texto de Vicente García Mekis dan fe de que ahí se pasa muy bien.
Punta del Este es siempre un buen destino y las casas de veraneo siempre aportan modernidad, algo distinto, como es el caso de esta casa completamente blanca.
Cómo no recordar a Juan Carlos Edwards, quien murió de cáncer este año, de las personas divertidas que he conocido, porque además era serio, no se andaba haciendo el chistoso por la vida. Vale la pena que lean de él en el Flashback.
También recordamos a Piti Santa Cruz, la primera mujer que hizo clases de yoga en Chile, era encantadora y su historia bien entretenida.
Que pasen unas buenas vacaciones, y para los que no salen, disfruten Santiago en enero y febrero, que son los mejores meses. |

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