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ED Nº 161, Marzo 2009 |
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1943 / 2009
Giselle Theberge

Esta foto de James y Giselle Theberge, tomada en 1965, se encuentra enmarcada hasta hoy en el living de su amiga, Julita Astaburuaga. |
El pasado 15 de enero Giselle Theberge murió en Washington como consecuencia de shock séptico. Esta mujer llegó a Chile a principios de los 80 como señora del embajador norteamericano James D. Theberge. Pero acá brilló con luces propias. Los cuatro años que estuvo instalada en nuestro país fueron suficientes para fundar la Corporación de Amigos del Teatro Municipal y formar una larga lista de incondicionales amigas. Inteligente, creativa, asertiva y culta, esta argentina de nacimiento no esquivó ningún desafío y es unánime que la vida le puso varios.
Una de sus más íntimas amigas, Cristina Tortorelli de Errázuriz, tiene muchísimos recuerdos con ella: cuando tocaba la puerta de su fabulosa casa en Foxhall Road Washington con su moisés y su guagua a cuestas para pasar el día juntas; cuando Giselle estuvo a punto de mandarle el helicóptero de la embajada para rescatarla de las inclemencias del Mapocho; las tardes enteras que pasaba tratando de subirle el ánimo cuando James murió; los últimos años en Zapallar… “Era una mujer extraordinaria, generosa, trabajadora y triunfadora”, resume.
Madre de tres hijos hombres, Giselle enviudó en 1988. A pesar de la pena supo reponerse y rehacer su vida. Encontró trabajo como corredora de propiedades de lujo, se mantuvo muy ligada a la cultura y, tiempo después, se volvió a casar con John Jeppson III, un buenmozo norteamericano que le presentó su amiga, la chilena Ana María Illanes. “Esa anécdota de nuestras vidas me ayudó, de alguna manera, a devolverle la mano a Giselle, quien apostó por mí cuando se fue de Chile y me dejó a cargo de la Corporación de Amigos del Teatro Muncipal”, reconoce. Y agrega: “Era una mujer generosa en su amistad, amorosa de alma y valiente ante la adversidad”.
Según Julita Astaburuaga, Chile le hizo muy bien a esta mujer y viceversa. Y no deja de tener razón. Sólo basta sumar los cientos de jóvenes que han sido becados en los 26 años de existencia de la Corporación de Amigos del Teatro Municipal, entre ellos, Verónica Villarroel, Cristina Gallardo Domas y María Isabel Vera. Un merecido homenaje a una extranjera más chilena que muchos y que hizo patria en pocos años pero para siempre.
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