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| ED Nº 179, Junio 2010 | |
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Herencia de familia FOTOS GENTILEZA CASA BARROS Hace cien años nació la empresa familiar Casa Barros, un aniversario importantísimo que lo dice todo: no cualquiera logra estar vigente durante un siglo y mantener el lujo de la joyería de antes con los diseños de hoy. Son parte de la historia de nuestro país, por eso los celebramos.
Esta es a la vez una marca del pasado y del futuro. Del pasado, porque trae buenos recuerdos, forma parte de la historia de millones de familias chilenas, de buenos momentos: están el anillo de compromiso, los aros de cuando nació el primer hijo, el reloj del aniversario, las colleras para el cumpleaños... Y del futuro porque su nombre siempre hace ilusión, sus vitrinas hacen soñar y sus diseños no desaparecen jamás, se van heredando de generación en generación. Eso pasa cuando una firma tiene historia y la de Casa Barros comenzó hace mucho tiempo, en 1880, cuando el español Francisco Barros González decidió dejar Galicia para probar suerte en América. El era relojero, un oficio muy valorado en su época, cuando no existía la tecnología y la precisión era todo un arte. Eran bien pocos los que eran buenos, por lo mismo se consideraban artistas y tan necesarios como un doctor. El relojero componía el reloj de la plaza, el de la iglesia, los de las casas y los de bolsillo o pulsera que sólo tenían los señores más ricos. La aventura de este español partió en Latinoamérica, específicamente en Montevideo, donde trabajó en relojerías de prestigio. Luego se fue a Argentina, conoció a su mujer, Juana Luther, y en 1910 se radicaron en Chile y dieron inicio al legado de Casa Barros en nuestro país. Francisco Barros González era un visionario. Apenas llegó a Santiago sintió que faltaba una relojería y joyería fina en la ciudad. El primer local lo abrió en el pasaje Matte, se llamó F. Barros. Desde el principio trabajó en conjunto con su mujer, la tienda era un lujo en Chile y sus dueños viajaban todo el tiempo a Europa; traían piezas finas, relojes suizos, joyas francesas, porcelanas, figuras de plata, cuadros, trofeos, etc. Rápidamente se hicieron conocidos por su buen gusto y calidad entre los santiaguinos más exigentes. Francisco y Juana tuvieron dos hijos: César y Francisco Barros Luther, quien estudió Comercio en la Universidad Católica y a fines de la década del 30 quiso integrar la empresa familiar. Joven, con conocimientos importantes para incrementar las ventas y un increíble don para el dibujo y el diseño, se convirtió en la segunda sucesión de Casa Barros. En esos mismos años se abrió una nueva boutique en la calle Estado: Joyería Esmeralda. Francisco hijo amplió fronteras y le dio un giro a la joyería. Encargaba las piedras a Europa y dibujaba a mano alzada cada diseño. Al poco tiempo las dos tiendas se unieron en calle Estado bajo el nombre Casa Barros. Así comenzó una nueva etapa en la joyería más antigua de Chile. NUEVOS AIRES Francisco Alejandro Barros Luther se casó con la argentina Julia Amalia Beck y continuaron tejiendo esta historia. Tuvieron cinco hijos, Francisco, Julia, Gonzalo, Jorge y Beatriz, quienes crecieron ligados al negocio junto a sus abuelos, la señora Carlota Luther y sus padres.
En 1976, cuando Gonzalo Barros Beck, hijo de Francisco y Julia, tenía 20 años, quiso unirse a la empresa. Le abrieron las puertas, pero tuvo que demostrar sus capacidades hasta ganarse su propio espacio. Con este nuevo Barros en la joyería se inició otro capítulo. La personalidad detallista de Gonzalo lo convirtió al poco tiempo en un meticuloso y rápido seleccionador de piedras. Su ojo filtraba con precisión, se ganó el reconocimiento de su padre y decidió viajar y comprar personalmente la materia prima. Para perfeccionarse, en 1979 partió a Suiza a estudiar administración de joyerías. En 1986 Francisco Barros Luther se retiró y dejó Casa Barros en manos de una nueva generación. La firma continuó creciendo, abrió primero la tienda del Parque Arauco en 1982 y luego la del Alto Las Condes en 1997. En la actualidad Gonzalo Barros dirige la empresa y está a la cabeza de este legado. Sigue trabajando a la antigua, mantiene fielmente los procesos de producción, cada pieza que sale de la joyería es revisada por él con la misma dedicación de siempre y se preocupa de mantener la tradición de la relojería fina que tanto apasionaba a su abuelo. Una herencia familiar que a su vez se va heredando de generación en generación de chilenos. |
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