Gracia Barrios y José Balmes en su taller de Ñuñoa.jpg) .jpg) Represión, 1976, de Gracia Barrios  La HuÃda, 1986es el único cuadro que han realizado en conjunto. Obra inspirada en una serie de protestas que realizaron alumnos en el frontis de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile.
  Restos, 1980, José BalmesObra realizada en París, con la que fundaron el Museo de la Resistencia Salvador Allende en Francia. ?   1995Parte del clan Balmes Barrios fotografiado por Luis Poirot: Juan Carlos Castillo, Gracia Castillo, Conchita Balmes, Gracia Barrios, Elisa Triviño y José Balmes.   Gracia durante su estadÃa en Barcelona   José durante su primera estadÃa en Barcelona  _DSC0204 
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Unieron fuerzas bajo el Comité Internacional de Solidaridad Artística con Chile y entre 1971 y 1972 recibieron más de 700 obras entre pinturas, grabados, esculturas, dibujos, tapices y fotografías de los más notables artistas del mundo. Lo primero de la colección fue un gran óleo de Joan Miró dedicado al pueblo de Chile.
Llegó el Golpe de Estado en 1973 y el 17 de noviembre de ese mismo año, en un avión Air France, junto a importantes figuras de la plástica nacional, partió a Francia el matrimonio Balmes Barrios junto a su hija Conchita.
Vivieron en diferentes casas hasta que les ofrecieron un departamento en Montparnasse, el barrio de los artistas ubicado en pleno centro de París. Se instalaron en el tercer piso de “La Ruche”, nada menos que en el atelier que ocupó entre 1910 y 1914, Marc Chagall. Es en esa época donde se fundaron los Museos de la Resistencia Salvador Allende en el mundo. José Balmes dedicado a la pintura y a la docencia en París, junto Gracia Barrios, fueron activos participantes y voceros de la gestión tanto en Europa como en Latinoamérica.
El peso de lo que significó el exilio caló hondo en su familia y luego de una serie de negociaciones lograron volver a Chile en 1982. Con la vuelta a la democracia, en 1990, comenzaron las gestiones para traer todas las obras repartidas por el mundo.
Actualmente el MSA, de donde José Balmes es su director, cuenta con una de las colecciones de arte contemporáneo más importantes a nivel mundial. Más de 2.800 obras, que pertenecen a Chile y que representan una utopía viva, donde están presentes todos los grandes de la plástica mundial: Joan Miró, Alexander Calder, Osvaldo Guayasamín, Wilfredo Lam, Frank Stella, Eduardo Chillida, Víctor Vasarely, Siqueiros, Antoni Tapies y Roberto Matta, entre otros.
La historia de este matrimonio se refleja en cada rincón y pared de su casa y taller en Ñuñoa. Todos los lugares donde han vivido, tanto en Santiago como París, han estado marcados por el buen azar: “Son las casualidades de la vida, pero sobre todo suerte. Algo muy similar nos pasó con la casa de la playa en “Los Chaguales”, a un costado de Isla Negra. Compramos una casa maravillosa, con una vista espectacular, sin verla, por intuición desde París y a un precio irrisorio. Esto siempre nos ha pasado”.
La de Ñuñoa la compraron en 1959, “nadie apostaba por el sector ¡y ahora tu ves cómo está!”. Está intacta desde que la compraron, incluso luego del exilio en 1973, cuando el padre de Balmes y la madre de Gracia se quedaron cuidándola. Cuando Balmes llegó en 1982, su padre le comentó: “Ya que has vuelto a Chile, mi exilio también ha terminado” y Damian Balmes volvió a su pueblo natal, Montesquiu.
La casa es de cielos altos, amplia, de espacios cálidos, muebles sencillos, un comedor negro diseñado y hecho por Eduardo Barrios y, por sobre todo, paredes colmadas de arte, “cuadros de grandes amigos y maestros”. Tanto en la entrada como en el patio trasero, jardines verdes, rodeado de árboles, arbustos y flores. En el fondo, un parrón cercado de grandes eucaliptos y palmeras que llevan a su taller y a un pequeño huerto.
El taller es un lujo, gigante, de paredes blancas y lleno de luz. Pinturas de gran formato y de diversos períodos por todos lados, papeles intervenidos, serigrafías, pinceles, óleos, libros y objetos que reflejan un trabajo activo. Aunque lo comparten, cada uno tiene su mitad y sus horarios. En el verano, Gracia es ama y señora del taller, ya que a Balmes le gusta trabajar en su terraza, que está a un costado del huerto, donde puede trabajar formatos aún más grandes.
La extensa y significativa trayectoria de este matrimonio, los ha convertido en verdaderos embajadores de lo que representa ser un artista ciudadano, comprometidos con su historia y con el ser humano.
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