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Luis Mitrovic
Arquitecto y fotógrafo: un inquieto del siglo xx
POR CATALINA DARRAIDOU
En Santiago, en 1941Retratado por el fotógrafo Jorge Opazo.
  Un grupo de amigos de juventud: Matuco Astoreca, Exequiel Balmaceda, Arturo Lamarca, Tito Ceballos, Oso Tagle y Mario Matta, frente al Lido.   Parte del equipo olÃmpico chilenoMitrovic, junto al equipo, viajó por dos meses invitado por el gobierno de Estados Unidos en 1942 para las “Olimpíadas de Esquí de las Américas”.   El año 42 se casó con Angela Gana“Una mujer muy elegante y atractiva, tenía una manera directa de decir las cosas…”, escribió Mitrovic en su autobiografía.   Junto a Angela Vivieron en Estados Unidos por 15 años.   FotografÃa es de los años 50El matrimonio de Luis Mitrovic con Angela Gana fue feliz: “Después de casarnos, no discutimos nunca más”, asegura en su autobiografía.   Foto surrealista Tomada por Mitrovic a amigos en Zapallar.   Fábrica de Carozzi en NosPor casi tres décadas llevó a cabo importantes proyectos, muchos vinculados con otros destacados arquitectos ligados al modernismo.   Casa en la calle Marchant PereiraLa construyó para sus padres cuando se vinieron a vivir a Santiago, hoy es propiedad de la Municipalidad de Providencia.
  Nació en ValparaÃso en 1911  Capilla La diseñó para el fundo Flor del Lago, de la familia Wagner en Villarrica   Luis Mitrovic en 1939  FotografÃa de Mitrovic a MarÃa Luisa Zorrilla 
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Nació en un mundo de institutrices y bandejas de plata y termino en otro digital, encargando libros por Amazon. De ambos fue curioso, entusiasta y apasionado. Atravesó el siglo pasado a la vanguardia de sus corrientes artísticas, plasmando en su obra el mismo refinamiento de su cultura y su espíritu.
No tuvo hermanos, no tuvo hijos y tampoco tuvo sobrinos directos, sin embargo el título de la autobiografía “Heredero sin legado” que Luis Mitrovic Balbontín escribió a sus 90 años, siete antes de morir el 2008, parece equívoco e injusto. Claro que fue “heredero”, el gran heredero de la fortuna que hizo su padre con Mitrovic Hermanos, una de las más grandes firmas salitreras de Chile a fines del siglo xix; pero, por sobre todo, fue el gran gestor de un legado de obra arquitectónica y fotográfica, un impulsor del deporte y apasionado por la naturaleza; dejó una preciosa colección de objetos y arte, recuerdos de viajes, y decenas de amigos en Chile y repartidos por el mundo. El legado es importante.
Nació en Valparaíso en 1911, cuando su padre ya era rico, pero justo antes de que con la Primera Guerra se redujera la demanda mundial por el oro blanco, y Alemania inventara el salitre sintético. Sin embargo, la crisis no afectó la lujosa vida cotidiana de la familia de la gran casa del cerro Concepción, frente a la Iglesia Anglicana y con espléndida vista al puerto. Los problemas financieros no impidieron los constantes viajes a Europa, ni las institutrices inglesas, ni que el pequeño Luis fuera a encontrar en cada recreo de la mañana en su Colegio Alemán de Valparaíso, al mozo de la casa que aparecía con fuente de plata con tapa para llevarle dos churrascos recién hechos: uno para él y otro para compartir con sus compañeros. El gran amigo y socio de su padre, Pascual Baburizza, se encargaba por su parte de que todos los días recibiera cinco litros de leche fresca, recién ordeñada en su establo de Cerro Alegre.
Luis Mitrovic padre había llegado a Chile a los 18 años, a hacerse parte del negocio que sus hermanos habían montado en Iquique. Croatas oriundos de un pueblo campesino cercano a la ciudad de Dubrovnik –donde todavía hay una casa habitada por familiares– se habían aventurado más allá de los mares en busca de mejores oportunidades. Partieron con una pulpería, luego fue una maestranza y posteriormente salitreras; la Compañía de Electricidad de Antofagasta, la Compañía Cervecera, lecherías, bancos y empresas de seguros, entre otras. La fortuna era inmensa. Se casó ya mayor con Georgia Balbontín, una refinada mujer de familia algo empobrecida, y entonces nació Luis Jorge, hijo único querido, sobreprotegido y enormemente estimulado.
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1 Comentarios
Felicitaciones por el relato.