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Flashback


ED Nº 175, Marzo 2010


 

 

En Santiago, en 1941

Retratado por el fotógrafo Jorge Opazo.  

Un grupo de amigos de juventud:

Matuco Astoreca, Exequiel Balmaceda, Arturo Lamarca, Tito Ceballos, Oso Tagle y Mario Matta, frente al Lido.

Parte del equipo olímpico chileno

Mitrovic, junto al equipo, viajó por dos meses invitado por el gobierno de Estados Unidos en 1942 para las “Olimpíadas de Esquí de las Américas”.

El año 42 se casó con Angela Gana

“Una mujer muy elegante y atractiva, tenía una manera directa de decir las cosas…”, escribió Mitrovic en su autobiografía.

Junto a Angela

Vivieron en Estados Unidos por 15 años.

Fotografía es de los años 50

El matrimonio de Luis Mitrovic con Angela Gana fue feliz: “Después de casarnos, no discutimos nunca más”, asegura en su autobiografía.

Foto surrealista

Tomada por Mitrovic a amigos en Zapallar.

Fábrica de Carozzi en Nos

Por casi tres décadas llevó a cabo importantes proyectos, muchos vinculados con otros destacados arquitectos ligados al modernismo.

Casa en la calle Marchant Pereira

La construyó para sus padres cuando se vinieron a vivir a Santiago, hoy es propiedad de la Municipalidad de Providencia.  

Nació en Valparaíso en 1911

Capilla

La diseñó para el fundo Flor del Lago, de la familia Wagner en Villarrica

Luis Mitrovic en 1939

Fotografía de Mitrovic a María Luisa Zorrilla


Cuando Luis terminó el colegio y cumplió 16 años, sus padres decidieron trasladarse a Santiago para que estudiara en la universidad. Siguiendo los deseos de su papá, ingresó a Agronomía, y por cuatro años aguantó una carrera que en verdad no le interesaba. Fueron tiempos en que conoció a toda la alta sociedad santiaguina, no se perdió ninguna fiesta (de hecho se transformó en parte de la pandilla de “Los terribles compadres” junto a Mario y Roberto Matta, entre otros), e integró el pequeño grupo de esquiadores amantes de la montaña que subían a El Volcán, al fondo del Cajón del Maipo, y que luego abrieron pistas en Farellones y La Parva. Trepando la nieve a lomo de mula, durmiendo en carpa y resistiendo fríos y avalanchas, selló su amistad con Luis Valdés Pereira, Canuto Errázuriz y la familia Edwards Eastman: “Era amigo de mis padres, pero era de la poca gente grande que conversaba con los chicos”, recuerda Roberto Edwards. “Era muy entretenido, fresco y de fácil llegada; hasta el día que se murió tuvo 20 años… Le encantaba la montaña y sacó muchos retratos de los primeros grupos de esquiadores. Fue un gran fotógrafo, tenía buen ojo. Era bien galán también, tenía buena pinta”. 

Pero cuando la fiesta se acababa, Mitrovic se daba cuenta de que lo suyo era la Arquitectura. Estudió un año en la Universidad Católica, y luego se empecinó con la idea de irse a Europa, a la fuente misma de la corriente modernista que se desarrollaba en esa década de los 30. Temeroso de la Segunda Guerra que se avecinaba, su padre se oponía a que cruzara el Atlántico, pero Lucho salió con la suya y partió con pasaporte diplomático a la renombrada Akademie del Bildenden Kunste de Viena, donde fue alumno del maestro Peter Behrens, y donde recibió su título de arquitecto con premios y reconocimientos.

Siguiendo la ruta del modernismo, luego decidió partir a Weimar, Alemania, a la escuela de la Bauhaus de Walter Gropius y Mies van der Rohe, que se había desprendido de la enseñanza arquitectónica tradicional y las rígidas reglas del clasicismo renacentista, para abrirse a la libertad y a la exploración de los nuevos materiales. Al poco tiempo, sin embargó, se topó ahí también con Hitler (con quien llegó a estar a cinco metros de distancia en dos oportunidades) y con el poder nazi, que terminó expulsando el movimiento para imponer las ideas de la doctrina nacionalsocialista. Mitrovic entonces decidió volver a Chile.

En 1939 fundó su primera oficina profesional y desde entonces, por casi tres décadas, llevó a cabo importantes proyectos, muchos vinculados con otros destacados arquitectos ligados al modernismo tales como Sergio Larraín García Moreno y Emilio Duhart. El edificio Baburizza en el cerro Castillo, el edificio Corfo de Iquique, la fábrica de Carozzi en Nos, el teatro Rex de Viña, conjuntos habitacionales, escuelas y más de una treintena de casas particulares dan cuenta de su sensibilidad y su adscripción a las corrientes vanguardistas mundiales de su época.



 

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1 Comentarios 

Publicado Sábado 4 de Diciembre, 2010 - 21:58 hrs.
Hermosa descripción de un vida plena de amistades , cultura y goce por las cosas simples. Un hombre poco comun.
Felicitaciones por el relato.

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